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“La necesidad es enorme, hay muchísima gente desesperada”

La asociación Virgen de la Esperanza, fundada por varias mujeres de San Isidro, revive el drama de la Gran Recesión de 2008 y los “llantos sin consuelo” de quienes se han quedado sin nada
Algunos de los alimentos que reparte la asociación Virgen de la Esperanza en Granadilla. En el recuadro, su vicepresidenta, Ana Fernández. DA
Algunos de los alimentos que reparte la asociación Virgen de la Esperanza en Granadilla. En el recuadro, su vicepresidenta, Ana Fernández. DA
Algunos de los alimentos que reparte la asociación Virgen de la Esperanza en Granadilla. En el recuadro, su vicepresidenta, Ana Fernández. DA

“Hay personas que llegan llorando a la puerta y te dan las gracias. Es que yo no tengo nada, nunca he hecho esto, me da una vergüenza…, nos dicen. Les comentamos que para eso estamos nosotras, para ayudarles”. Ana Fernández está acostumbrada a ver de cerca el rostro de la pobreza desde que en 2009 comenzó a repartir, junto a varias vecinas de San Isidro (Granadilla de Abona), bolsas con víveres a las familias destrozadas por la gran recesión de 2008.

Ellas mismas iban entonces con sus coches a recoger a varias fincas, antes de las 7 de la mañana, los excedentes de producción para entregarlos en sus casas. “No teníamos local ni nada, al principio parecía una locura, pero dijimos qué más da, hay que hacer algo. Llenábamos las bolsas de fruta y en mi caso las repartía en el mismo salón de mi casa. Aquello fue tremendo. Vimos que había muchas necesidades e incluso entre gente conocida que lo estaba pasando muy mal. Y dijimos, por qué no montamos algo para ayudar”, recuerda.

Así nació la Asociación Solidaria Virgen de la Esperanza, un colectivo fundado un año más tarde por un grupo de mujeres del popular núcleo sureño, uno de los de mayor población del sur de Tenerife. Han pasado más de 10 años y la pandemia de la Covid-19 les devuelve ahora a la casilla de salida de un tablero de la crisis aún más sombrío que aquel.

Después de dos meses de estado de alarma, periodo en el que la asociación se ha desdoblado para que los productos de primera necesidad lleguen al máximo número de usuarios, tanto Ana Fernández, vicepresidenta, como sus compañeras se han encontrado con el drama de personas que, de la noche a la mañana, se han quedado sin nada.

“no tengo familia, no tengo a nadie”

“Hace unos días llegó una chica, madre soltera, que trabajaba en el aeropuerto y que perdió el empleo. ‘Es que no tengo nada, no tengo familia, no tengo a nadie’, nos dijo llorando. Pero era un llanto de esos sin consuelo, no te sabía explicar. Le dimos todo lo que teníamos ese día: yogures, natillas, leche… Cuando vio todo lo que le dábamos, nos dijo, ‘Dios mío, es que no te conozco de nada’. Le insistimos en que ayudar es nuestra misión y le dimos ánimo: ‘Ya verás que saldrás adelante’. Le pusimos en contacto con el 010 y una trabajadora social del Ayuntamiento le atendió y le entregó una tarjeta para comprar alimentos y productos de higiene en Hiperdino. Nos volvió a llamar para darnos las gracias”, comentó Fernández.

Es un camino de ida y vuelta, aunque habitualmente el área de Servicios Sociales es el que deriva a los demandantes de ayudas básicas a ONG como Cáritas, Cruz Roja o la asociación Virgen de la Esperanza.

“Si ellos no pueden atenderlos, nosotros nos encargamos y les daremos lo poco o mucho que podamos, explica. La vía desde el Ayuntamiento a las entidades humanitarias la recorren habitualmente los inmigrantes no empadronados, que quedan atrapados en tierra de nadie. “Son personas que cuidaban a una señora y ahora no lo pueden hacer o limpiaban alguna casa y ya no pueden… Si no tienen el NIE (Número de Identidad Extranjero, código para la identificación tributaria de los foráneos en España) y todavía están con el pasaporte no pueden optar a ayudas sino por vía de nosotras”, manifestó la vicepresidenta.

En cambio, a su juicio, las familias locales disponen de mayores recursos, “aunque sin tirar voladores”, y pone como ejemplos las redes familiares o la moratoria establecida para el pago de las hipotecas. No obstante, Ana, autónoma del sector de la peluquería, sostiene que el vendaval de la crisis económica despeinará aún más la realidad social. Está convencida de que lo peor está por llegar.

la ola sigue creciendo

“Hay muchísima gente desesperada. La necesidad es enorme. Hay demasiadas personas con un ERTE o en paro, matrimonios con niños sin cobrar nada en casa… gente que jamás imaginó pedir alimentos, ¡quién se lo iba a decir! Y la ola sigue creciendo, todavía no hemos llegado al pico, aún no ha venido la gente de aquí, por ejemplo, los que tienen un taxi y se han quedado sin servicios con el cierre del aeropuerto o los trabajadores de un hotel sometidos a un ERTE porque no hay turismo. Esto nos afecta a todos”, explica.

La asociación, que cuenta con unos locales cedidos hace años por el Consistorio de Granadilla de Abona, -“aunque somos pobrecitos, porque no tenemos ni un ordenador”, apostilla- recibe la gran mayoría de los productos que reparte del Banco de Alimentos BancoTeide, en Mercatenerife, y, en menor medida a través de donaciones privadas y de fincas que colaboran. Los niños y los enfermos de cáncer son las prioridades a la hora de entregar los productos perecederos (plátanos, bubangos, zanahorias, pimientos, yogures, leche…).

“El Banco de Alimentos nos exige que haya una serie de derivaciones. Y esa es la mejor vía para evitar duplicidades y tratar de evitar que quede gente fuera. Nosotros, insisto, además de entregar alguna ayuda a quienes llamen a nuestra puerta, los reconducimos a Servicios Sociales para que esa ayuda sea más duradera”, afirma.

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