SANTA CRUZ

PSOE y Cs sufren la venganza de CC y la de Evelyn Alonso

Mañana se debate la primera moción de censura en la historia del Ayuntamiento de Santa Cruz, con la que se pretende desalojar a la primera alcaldesa que ha tenido la ciudad, Patricia Hernández (PSOE)

Patricia Hernández y José Manuel Bermúdez
Mañana, Patricia Hernández y José Manuel Bermúdez volverán al punto de partida de hace un año, pero con los papeles invertidos. Fran Pallero

Doce meses. Ese es el tiempo que el PSOE y Cs, apoyados por Unidas Podemos, han tenido para gestar un cambio en Santa Cruz, el que prometieron que traerían a una ciudad en la que Coalición Canaria llevaba gobernando 40 años, con distintas siglas, con distintos compañeros de viaje, pero siempre liderando el rumbo de la capital. Un camino que la socialista Patricia Hernández consideró equivocado, falto de ideas, alejado de los problemas reales de los vecinos. Esas fueron sus promesas de campaña, las mismas que, ya como alcaldesa, lleva días intentando hacer realidad en una agenda frenética que la está llevando por todos los barrios de la capital. Su objetivo es dejar constancia de que lo intentó, de que algunas cosas las consiguió, y de que, sobre otras, permanecerá vigilante para que se cumplan si, finalmente, mañana, la moción de censura que han presentado CC y PP, apoyados por Evelyn Alonso, a la que su partido, Cs ha declarado tránsfuga (la primera de la historia de Santa Cruz), prospera. Con lo que no contaba el gobierno de Hernández es con una pandemia mundial que ha paralizado Santa Cruz y el país, durante tres meses, un tiempo en el que la principal fuerza de la oposición, es decir, CC, terminaba de dar los últimos retoques junto al PP a la moción de censura que, hace 12 días, formalizó por registro de entrada.

En estas casi dos semanas, CC y PP no se han cansado de repetir que en esos 12 meses, Santa Cruz se ha paralizado, que no ha avanzado, aunque, realmente, lo que denuncian es que PSOE y Cs no han seguido adelante con sus proyectos, con sus programas, con su visión de Santa Cruz. CC y PP ya gobernaron juntos en el último mandato, y ahora vuelven a unir sus fuerzas para formar un nuevo equipo en el que los populares pierden fuerza al hacerlo con tres de los seis concejales que tenían en el pasado mandato bajo la alcaldía de Bermúdez.

Que CC acaba fagocitando a sus compañeros de viaje es algo que en el PP saben, así lo han reconocido públicamente, pero también son conscientes de que cuatro años en la oposición puede pasarles una factura mayor aún de la que CC puede hacerles pagar ahora.

Lo que sí han demostrado unos y otros es que perder/recuperar el poder hace que las formas se diluyan. No basta sino oír a la alcaldesa de Santa Cruz en un tono severo intentando hacer ver a su interlocutor que Alonso se equivoca en su apoyo a la censura. “Bonito no es”, suele repetir la alcaldesa. Tampoco parece edificante que alguien grabe una conversación privada, aparentemente la edite y la envíe a un medio de comunicación para que sea publicada acusándola de amenazar a la edil Alonso, algo que Hernández niega, al tiempo que ha advertido que llevará al juzgado a quien se lo atribuya públicamente. Lo mismo le pasó a Guillermo Díaz Guerra (PP), que en un ambiente de confianza se sinceró sobre lo que piensa del que va a ser su socio de gobierno, y se vio en los medios de comunicación teniendo que defender que lo que se dice en privado nada tiene que ver con lo que luego se hace en público, que lo que él piense, nada tiene que ver con la gestión que se haga, que para eso va a estar vigilante. No puede ser de otra forma.

Una moción de censura es un herramienta democrática, en la que basta con tener más votos que los censurados como único requisito necesario para presentarla y ganarla. Por mucho que PSOE y Cs digan que es ilegítima, que se “tramó” en medio del confinamiento, lo cierto es que, sea como fuere, de salir adelante, CC ha conseguido lo que no consiguió hace un año. Entonces, los socialistas fueron más rápidos, más listos, y cuando José Manuel Bermúdez quiso reaccionar, ya se había cerrado un acuerdo de gobierno que no pudo deshacer. Ahora, CC ha hecho un trabajo de fondo que, evidentemente, sin la colaboración necesaria de Evelyn Alonso, no sería posible.

Alonso, aunque estas semanas ha permanecido alejada, por no decir escondida, de la exposición pública, lo cierto es que al menos en sus redes ha sido meridianamente clara. Rechaza de plano el apoyo de Unidas Podemos, y no porque el que ha sido su partido, Cs, así lo marcara hace un año, sino por convencimiento personal; cualquier cosa que pueda oler, aunque sea de lejos, a Podemos provoca en ella su inmediato su rechazo. Si a eso se une la tan mentada enemistad que ella y Matilde Zambudio se profesan, CC tenía el cóctel perfecto para llegar al punto en el que está ahora. Que sea la primera tránsfuga de la historia de la capital tampoco parece que sea un hecho que moleste demasiado a los partidos censurantes, que ahora sí alaban (hace un año lo criticaban) que sea fiel a sus principios más que a las directrices del que era su partido.

Es evidente que, mientras CC trabajaba para recuperar la alcaldía, el equipo de gobierno actual pecó de exceso de confianza. Con una mayoría tan exigua y con un concejal cuyas necesidades, las de Juan Ramón Lazcano, eran, evidentemente, una posible fisura, no prestaron la atención debida. Aunque la alcaldesa acogió bajo su ala al dimitido concejal, que reclamaba continua atención, y que casi no se hablaba con su compañera de partido, Matilde Zambudio, es evidente que no fue suficiente. Lazcano acabó siendo el iceberg que hundió el Titanic.

Ahora, desde el equipo de gobierno miran hacia atrás y quizás asuman que no cuidaron de forma adecuada a Lazcano, a quien CC le regalaba los oídos diciéndole lo bien que lo hacía en Urbanismo y que no se dejara manejar por nadie. Su descontento, junto a su situación personal, fue suficiente para dar la espantada en mitad de la pandemia. Es posible que la alcaldesa piense que la marcha de Lazcano tendría que haberse producido antes, para que CC no hubiera tenido tiempo de armar una estrategia como la que diseñó.

Y, por supuesto, está el PP. Ahí también pecó el equipo de gobierno de exceso de confianza. Al final, ante lo inevitable, se dieron cuenta de que el PP era proclive a la alianza con CC para obtener una parcela de poder. Los socialistas intentaron convencerles, pero de nuevo llegaron tarde. El mal trago de Teodoro García Egea (secretario general del PP) en julio pasado, esperando en una hotel de Las Palmas para firmar el pacto que haría a Asier Antona presidente de Canarias y a Fernando Clavijo vicepresidente plenipotenciario,y que nunca se dio, no se olvida tan fácilmente.

El PSOE y también Cs llegaron tarde, de nuevo, a la hora de implicar a sus direcciones nacionales respectivas, ese trabajo ya lo había hecho CC. Una reunión para abordar el pacto antitransfuguismo, que es ese acuerdo que según le vaya al partido que lo enarbola vale para mucho o no vale para nada, a la que el PP ha dado largas, fijándola para la próxima semana (la moción es mañana), muestra el escaso interés del partido de Pablo Casado por deshacer un acuerdo que le resarce en parte de las derrotas de hace un año. Si mañana pasara algo distinto de todo lo descrito, será porque, por una vez, el PSOE no ha llegado tarde a algo, un resquicio que CC y PP no hayan previsto, esa es la emoción de una política que se urde en los despachos, y frente a la que los ciudadanos asisten como meros espectadores.

Un espectáculo que, por otra parte, no cesa. El último acto lo protagonizó este viernes Matilde Zambudio, que ha acabado admitiendo lo que tanto negó, el haber desobedecido las instrucciones de su partido, al parecer con el objeto de, descidiéndose, salvar la militancia en Cs. Zambudio ha admitido ahora que incumplió directrices de su partido cuando apoyó al PSOE, y lo ha hecho ante un juez, pese a que contaba con un auto de medidas cautelares que le daban la razón, un partido renovado que no ha dejado de decir públicamente que, efectivamente, no se habló con claridad, etcétera. La explicación a este sinsentido se encuentra, en parte, en que la concejala consideraba importante llegar a mañana sin sombra de duda de que ella sí es afiliada de Cs, que Evelyn Alonso no y que esta última es una tránsfuga. Zambudio se conforma con que no haya un papel que diga que es una tránsfuga, como sí lo hay sobre Alonso, y así quedará para la posteridad.
Mañana es probable (hasta que no se vota no hay seguridad de nada, que se lo digan a Bermúdez hace un año) que haya un cambio de gobierno en Santa Cruz, y será algo democrático y legítimo. Es política. El martes será el momento en el que los que estén al frente del ayuntamiento se centren en lo importante, en una capital con unos índices de desempleo que siguen escalando posiciones mes tras mes, con un comercio que no sabe si llegará vivo a diciembre o con unos índices de pobreza que ponen a la ciudad a la cabeza del país. Esos problemas, sea quien sea el que gobierno en Santa Cruz, son los que deben ocupar y preocupar a quien ostente la Alcaldía a partir de mañana.

El Pleno de la censura se celebra a las 12.00 y con todos los ediles

Mañana, a las 12.00 horas, dará comienzo el Pleno en el que se debatirá la moción de cesura. Medios de toda España se han acreditado para asistir a una sesión que, por primera vez, contará con los 27 ediles desde que se levantara el estado de alarma.