el hierro

El pastor herreño que fue jefe en el maquis

Atilano Quintero murió fusilado en Valencia en 1947 tras pelear en la Guerra Civil, la Resistencia francesa y la guerrilla antifranquista

“¿Tú te imaginas un pastor de cabras que sale de aquí, que no hizo estudios, que era autodidacta, que solo fue a la escuela unos años y que acaba siendo uno de los comandantes del maquis?” La primera persona que le habló a Armando Hernández Quintero, poeta y ensayista herreño, de la historia de Atilano Quintero Morales, fue su propio padre, Epifanio. “Atilano había nacido en 1911 y mi padre en 1919, pero eran amigos del pueblo, todos pastores que criaban cabras y ovejas. A él lo fusilaron en agosto de 1947, el año en que yo nací, pero mi padre siempre me habló de él”.

La historia de los pueblos está llenas de lagunas donde no se honra bien la memoria de sus hijos. En 1936, cuando estalla la Guerra Civil, Atilano era un joven de El Pinar, en El Hierro, casado, con un hijo, militante de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), una organización fruto de la unión entre las ramas juveniles del PSOE y del PCE. Lo detuvieron. Cuando lo iban a fusilar, un sargento amigo de su padre lo reconoció, según cuenta Salvador F. Cava en su libro ‘Los guerrilleros del Levante y Aragón’. “¿Qué haces tú aquí?”, le preguntó. “Me han traído porque soy de la JSU”, le respondió. “Se acabaron las ejecuciones”, sentenció entonces el oficial. No murió, pero fue reclutado en el bando nacional. Sin embargo, el 20 de septiembre de 1938, cuando estaba en el frente del Este, en Huesca, deserta y se pasa al bando republicano.

Lo de jugarse la vida para cambiar de trinchera y defender la república fue casi un patrón de conducta entre los pastores piñeros. El socialista Eligio Hernández, exfiscal general del Estado,también nacido en El Pinar, menciona otros tres casos concretos, aunque Armando Hernández piensa que “hubo alguno más”.

Según el ensayista herreño, al pastor Armando González lo pillaron cuando iba a desertar y lo fusilaron sobre la marcha. A Aquilino Quintero lo tirotearon cuando estaba a punto de pasarse y su gabarra se quedó trabada en una trinchera. “Lo delató uno que lo llamaban El Guincho, que era de El Golfo, en Frontera”, cuenta Hernández. Juan Rodríguez fue cabo en el bando nacional, dedicado a la vigilancia en Villa Cisneros, Sáhara, de los presos republicanos que luego se fugaron en el barco ‘Viera y Clavijo’, en marzo de 1937, rumbo a Dakar, Senegal.

Entre ellos, el poeta gomero Pedro García Cabrera. Rodríguez se sumó a la huida. Y luego, vía Francia, se unió al ejército republicano. “Aunque hay otra versión, la más asentada en el pueblo es que murió en el Frente de Teruel. Lo testificaron también otros dos pastores herreños que estuvieron en la Guerra cuando su mujer quiso tramitar una pensión”, cuenta Armando.

De quien no hay duda es de Atilano, que se marcha a Francia cuando Franco gana la Guerra Civil. Según Armando Hernández, estuvo “en un campo de concentración [el de Vernet, afirma Salvador F. Cava, donde se internó a miles de exiliados republicanos] vigilado por senegaleses, y de allí se escapó para trabajar posteriormente en una mina de carbón. Después de la invasión de Francia por los alemanes, se unió a la Resistencia Francesa y formó parte del maquis que luchó contra los nazis, llegando a ser teniente de la Resistencia francesa. La Gestapo lo detuvo y fue de nuevo internado en un campo de concentración, pero logró fugarse”. Según Salvador F. Cava, un día, cuando estaba comiendo en un restaurante de París, Atilano se encaprichó con la pistola un capitán nazi que estaba cerca de él. “Esa pistola es para mí”, dijo. Cuando terminó el almuerzo, pagó, se acercó al oficial nazi y le estrompó una botella de vino en la cabeza. Con el tipo en el suelo, le cogió la pistola y se marchó.

Cuando acabó la II Guerra Mundial, el PCE, donde acabó militando, lo envió para luchar en el maquis español. Primero pensaron en mandarlo a Extremadura, pero finalmente lo enviaron a la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón, para hacerse cargo del 5º Sector. Según Armando Hernández, “esa designación se debió a su enorme prestigio, experiencia y a la sangre fría que tenía a la hora de tomar decisiones”. En su libro de memorias ‘Cordillera Ibérica’, el exguerrillero José Manuel Motorio afirma: “A sus cualidades físicas se sumaba la de poseer una conversación amena, salpicada de dichos pícaros y un porte decidido que hacía presagiar al hombre intrépido, dispuesto en todo momento a enfrentarse con las situaciones más difíciles…”

Cuando fue detenido, Quintero llevaba un pasaporte cubano y se hacía pasar por Tomás, un agente comercial de la isla caribeña. Le hacen un consejo de guerra y lo condenan a muerte por rebelión.

Petra, su mujer, que no sabía nada de él desde el comienzo de la Guerra Civil, se entera de que van a fusilarlo y va desde El Pinar a Valencia, pero no llega a tiempo de verlo. Atilano le deja una carta: “Comprenderéis lo que lamento que no hayáis podido llegar a tiempo para despedirnos […] Por lo mucho que te quiero te pido que trates de rehacer tu vida. Aún eres joven y puedes encontrar un hombre que te quiera como yo y te haga feliz. Te recomiendo que cuides mucho a nuestro hijo y no descuides su educación, pero no le hables de mi muerte hasta que su edad le permita comprenderla bien”.

Muchos años después, en torno a 1978, cuando Eligio Hernández era juez en Icod, con jurisdicción sobre Granadilla, lo fue a visitar un Guardia Civil valenciano casado con una canaria que se enteró de que él era un hombre de izquierdas que venía de El Pinar. “Me contó que el día que fusilaron a Atilano, él había hecho guardia encima del muro donde le dispararon. Y que, cuando le taparon los ojos, se quitó el vendaje y le dijo al pelotón: ‘Tengan el valor de matar a un hombre mirándole a los ojos”. Antes de morir, gritó: ‘¡Viva la República!’”

Entre finales de 1982 y principios de 1983, cuando Eligio era gobernador civil de la provincia de Santa Cruz de Tenerife, intercedió por los comunistas herreños y habló con el delegado del Gobierno en la Comunidad Valenciana, Eugenio Burriel, para que exhumaran el cadáver de Atilano, que estaba enterrado en el cementerio de Paterna, en Valencia. En esa época se iba a inaugurar en El Pinar el Monumento por la Paz y por la Democracia, dedicado a los combatientes que lucharon contra el fascismo. El verano de 1983, Armando Hernández, de vacaciones en El Hierro, pues había emigrado a Venezuela en 1964, acompañó a otros comunistas como su padre, Epifanio, Aurelio Ayala o José Carlos Mauricio, a dar sepultura a Atilano en el cementerio de El Pinar.

“‘¿Cómo sabían los pastores por quién tenían que luchar?’, me preguntó un día Santiago Carrillo”, cuenta Eligio Hernández. “Y la respuesta me la dio, en Sabinosa, Pascual, un cuñado de Atilano. ‘Ay mijito, tú no sabes cómo era tu pueblo’. En las elecciones de 1936, el Frente Popular ganó por unanimidad. Los socialistas habían hecho allí una labor impresionante. José Padrón Machín [periodista y escritor] había fundado un periódico, ‘La Voz del Trabajo’, que hacía en parte con artículos de El Socialista, y a la hora del almuerzo, bajo una higuera, los pastores que sabían, se lo leían al resto”, cuenta el exfiscal. “Padrón Machín, que conoció el pensamiento socialista en Argentina, fue uno de los fundadores del PSOE en El Hierro. En aquella época, era bastante radical. Ya luego se fue moderando. Y es cierto, jugó un papel fundamental en la concienciación política del pueblo ”.

Entre los que lo escuchaban y leían, ahí estaba  Atilano.

TE PUEDE INTERESAR