la gomera

El Buda de Arguamul

Un matrimonio alemán lo trajo desde el sudeste asiático, pero por su peso y la malas condiciones de la carretera se quedó justo a la entrada del caserío y desde hace unos tres años es un atractivo turístico más

¿Qué hace un gran Buda de casi dos toneladas de peso en Arguamul? ¿Cómo llegó hasta un lugar casi inaccesible desde el lejano Oriente? Esas son las dos preguntas que se hacen los atrevidos visitantes que acceden a uno de los caseríos más pintorescos de La Gomera, que no pierden la oportunidad de fotografiarse con él como si se tratara de un atractivo más de la Isla, por poco autóctono que sea.

No se sabe exactamente desde cuando convive el medio centenar de vecinos de Arguamul con esa imponente estatua de color hueso, pero al menos hace algo más de tres años que se conoce su presencia en una curva de la sinuosa carretera, aún de tierra, que llega hasta el caserío.

Nos cuenta Carlos Pérez Simancas, guía turístico de profesión pero historiador de vacación, que uno de tantos matrimonios alemanes que se enamoran de La Gomera, decidió comprarse allí una pequeña casa y reformarla. Habituales visitantes también de Laos y Tailandia, fue en uno de esos países donde adquirieron al principio de este siglo un gran Buda de casi dos toneladas de peso. No importó la distancia, lo empaquetaron y lo trajeron en correo marítimo hasta el puerto de San Sebastián de La Gomera, a donde llegó en una gran caja de palés de manera. Un pequeño camión de la empresa de Transportes Alejo, muy apegada al gomero, trasladó aquella gran caja hasta Arguamul, pero no llegó hasta la casa de sus propietarios, debido a la estrechez de la vía de tierra y las malas condiciones de la calzada, por las lluvias recientes. El camión no podía enfilar la bajada hasta el caserío, y entonces decidieron trasladar la carga hasta un furgón, pero tampoco fue posible, de tal guisa que decidieron dejar la caja, con el buda dentro, al margen de la carretera, hasta que hace unos tres años alguien la abrió y apareció el gran Buda.

El matrimonio alemán entendía que con el paso del tiempo mejorarían las condiciones y más adelante podrían alcanzar su singular compra hasta su nueva casa, pero el marido enfermó y tuvo que trasladarse hasta Alemania. Al poco tiempo falleció y su mujer decidió dedicar vender la casa que hoy es vivienda vacacional. El Buda se quedaba definitivamente en donde fue depositado por primera vez a su llegada a La Gomera. Se fueron desmontando los palés y apareció su imponente imagen para regocijo y sorpresa de los vecinos y atractivo para aquellos senderistas y curiosos que se acercan hasta el remoto Arguamul -se tarda casi una hora en llegar desde Vallehermoso- ya no solo para ver su impresionante palmeral, a semejanza del cercano Alojera, sus casas diseminadas entre bancales y sus vistas excepcionales de la costa y con Tenerife al fondo, sino desde hace unos cuatro años para fotografiarse con el original Buda.

Arguamul está escondida tras las cumbres de Chijeré y la montaña Bejira y el caserío posee tres barrios sujetos con palmeras en las inclinadas laderas que descienden bruscamente hacia el mar, muy cerca de los impresionantes Órganos, una belleza que se contempla en toda su magnitud solo desde el mar. El monumento de siempre de Arguamul al que ahora le ha salido la competencia del Buda.

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