día mundial de la lucha contra el cáncer de mama

“El cáncer nos cambió la vida, pero esta guerra se puede ganar”

La Asociación Española contra el Cáncer anima a sacar pecho hoy frente a una enfermedad que ha afectado este año a más de 1.500 mujeres en las Islas y que, gracias a la investigación y las campañas de detección precoz, salva al 90% de los casos
Olga María, Odalys y María del Carmen, que simbolizan la lucha, cada vez más exitosa, de miles de mujeres, posan para el diario junto al Castillo Negro de Santa Cruz. Sergio Méndez
Olga María, Odalys y María del Carmen, que simbolizan la lucha, cada vez más exitosa, de miles de mujeres, posan para el diario junto al Castillo Negro de Santa Cruz. Sergio Méndez

En momentos de crisis sanitaria por el coronavirus es todavía más necesario incidir en otras patologías que continúan entre nosotros. Hoy se celebra el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, el tumor más frecuente entre las mujeres, aunque una detección a tiempo puede salvar vidas, llegándose en la actualidad al 90% de supervivencia gracias a los avances en investigación en la lucha contra en esta enfermedad. El diagnóstico precoz, los avances en la prevención y la terapia personalizada, junto al apoyo psicológico, son algunas de las claves para incrementar la supervivencia. Los hombres también pueden padecer un cáncer de mama, aún más complicado de curar, ya que no se detectan a tiempo.

Odalys, Olga María y María del Carmen son unas mujeres luchadoras que, gracias a la Asociación de Cáncer de Mama de Tenerife (Ámate), han encontrado el apoyo necesario para continuar siendo activas y emprendedoras. Con un optimismo desbordante por vivir y disfrutar de todos los momentos que les quedan por delante. La crisis del coronavirus ha frenado su unión con el resto del colectivo de mujeres que han pasado como ellas por el cáncer, pero no cesan en su empeño de poder reunirse y compartir sus experiencias y darse ánimos. Afirman que encontrarán todo el apoyo posible tanto físico como psicológico, prótesis y ayuda estética. “El cáncer nos cambió la vida, pero esta guerra se puede ganar”, nos dicen mientras posan en el Castillo Negro de Santa Cruz.

María del Carmen Izquierdo reconoce que le debe la vida a su prima, que le coló en una cita en el HUC. Tras acudir a su ambulatorio, su ginecólogo le dijo que seguiría creciendo, pero no le dio más importancia, que me harían una eco en noviembre y el próximo año ya me vería. “Si hubiera esperado, no lo hubiera contado”. En junio le confirmaron el cáncer y en agosto la operaron.
Tras la extirpación del pecho, llegaron las sesiones de quimioterapia, perdió el pelo. Sin embargo, sacó fuerzas de donde no las tenía porque “tenía que lucha por mi vida y por mi hijo, que tenía 12 años”. Izquierdo reconoce que hasta que no le reconstruyeron el pecho y le pusieron también la aureola “no me recuperé, me miraba al espejo y me sentía mal”.

Las secuelas continuaron, luchó durante meses y años por intentar seguir trabajando, pero al final los dolores lo impidieron. Primero, una reducción horaria y luego le dieron la incapacidad laboral, para la que tuvo que pleitear en los tribunales, además de tener una incapacidad del 44% y seguir luchando contra su cuerpo por quistes y debilidad en los huesos. “El cáncer cambió mi vida. Pero yo a las mujeres les digo que luchen, que de esta guerra se sale, que no es fácil, pero se consigue”. Y que busquen el apoyo de los profesionales y voluntarios de Ámate, que supuso un “gran cambio en mi vida, porque me asesoraron en todos los aspectos”. La psicooncóloga “me ayudó bastante a aceptarme a mí misma y superar la enfermedad”.

“Engañaba a todos con mi carácter alegre”

Olga María de Paz pasó por dos operaciones de cáncer de mama. Tenía antecedentes familiares. Su madre lo tuvo con 80 años, y ahora tiene 90. En su primera intervención lo cogieron a tiempo y fue una operación limpia y no se había expandido. Por tanto, no le dieron tratamiento ni quimioterapia ni radioterapia, sino que siguiera en revisión.

Sin embargo, al año siguiente Olga tuvo un problema de salud aún más fuerte, una arritmia, y le operaron a corazón abierto. En 2018 volvió a su revisión mamaria y le detectaron dos tumores en el mismo pecho derecho, dos calcinomas de gran tamaño. “Había que extirpar el pecho” y la cardiopatía complicó y retrasó el diagnóstico y las sesiones. “La primera vez que me dijeron que tenía cáncer me lo tomé de manera muy fría, asumiendo que me tocó la lotería. En la segunda ocasión que me diagnosticaron, lo que quería era adelantar los plazos. Lo peor que llevé fue la quimioterapia”.

Sin embargo, Olga “engañaba” a todos con su carácter afable y divertido. “Parecía que venía de una fiesta, yo aparentaba estar muy bien. Y tras la operación salía a todos lados, quería recuperar el tiempo perdido. Sin embargo, esta pandemia me cortó las alas, podía volar y lo he pasado mal en casa encerrada”.

De Paz reconoce que su esposo no ha asimilado sus problemas familiares. “Me apoyó en la primera operación de cáncer, pero ya le sentó fatal mi operación a corazón abierto, y este segundo cáncer de mama terminó por rematarlo. No asimila la situación, y cree que soy la Olga de siempre. Tengo este carácter alegre porque de qué me vale lamentarme de mi situación”.

El único apoyo consistente que ha tenido ha sido el de su cuñada, “que estuvimos 17 años sin hablarnos, pero ha sido ahora la que más me ha apoyado”, y el de las compañeras de Ámate.

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“Lo peor fue contárselo a mi madre en Bolivia”

Odalys Yamasaki ha vuelto a nacer literalmente. Estuvo nueve meses peregrinando a su centro de salud para que su doctora le viera el bulto que le crecía en el pecho izquierdo, pero nunca lo hizo. Cuando fue atendida por otra médico, inmediatamente se percató de la gravedad. Muchas pruebas confirmaron que tenía un cáncer de mama en grado 4. “Me dicen que puedo dar gracias. He escapado de la muerte”.

Vive en Tenerife con hermanas, cuñados y sobrinos, que fueron un gran apoyo. No obstante, el trago más amargo fue comunicarle a su madre en Bolivia la noticia. “Cuando decimos cáncer pensamos en la muerte” y ella estaba muy lejos de aquí.

Las sesiones de quimioterapia y radioterapia no fueron fáciles para Yamasaki: “Algunos días me quería morir por el sufrimiento que tenía, pero después cambié el chip y sacaba fuerzas de flaqueza para superarlo y luchar por la vida”. Visitas a urgencias y días en los que vomitar era constante hasta que fueron pasando…

Ámate llegó en ese momento para ayudarla enormemente. “Llegó en el mejor momento, porque pude participar en un desfile después de operarme. Estaba calva, sin pelo, y me dejaron una peluca. Para mí fue un subidón de adrenalina, y lo más bonito ha sido que una llega a la asociación, y sin conocer a nadie, y al poco tiempo se siente con un vínculo y un cariño especial con todas, como si nos conociéramos de toda la vida. Hay una gran unión para dar fuerza a las otras, ser cariñosas y empáticas con las personas que están empezando”, asevera.

En 2018 le reconstruyeron el pecho a Odalys, que recuerda entre lágrimas y con emoción la lucha y el sufrimiento que ha tenido que superar para ser una mujer aún más fuerte: “Una se callaba muchas cosas que no las exteriorizaba porque no quería que me tuvieran pena. Mi familia y mis amigos tenían que verme bien por fuera, aunque no lo estuviera por dentro”.

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