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El desamparo de Bajo la Cuesta ya suma 48 meses

La mayor parte del barrio costero de Candelaria mantiene clausurada una treintena de viviendas, a la espera de que el Ayuntamiento logre convencer a las administraciones supramunicipales para actuar en el talud de Dani Ran, como se hizo antes en el de Endesa
Bajo la Cuesta está situado en el fondo de un acantilado, lleno de escombros de la TF-1 / DA

Mañana se cumplirán cuatro años del desalojo de más de un centenar de vecinos de Bajo la Cuesta, que tuvieron que abandonar sus viviendas por un decreto municipal iniciado en 2015, ante lo que se calificó en su momento como una situación de alto riesgo de desprendimientos.

Casi medio centenar de familias abandonaron sus hogares con lo puesto el 27 de octubre de 2016. Una docena han podido regresar a sus viviendas, pero aún quedan 32 familias fuera de sus casas, algunas de las cuales vivieron durante un tiempo en un campamento montado a la sombra de la central térmica de Endesa en Las Caletillas. Este campamento se encuentra hoy sin moradores habituales y con signos de abandono, como el que se observa en el denominado Paso de la Soga, con toda la vegetación seca. Algo que contrasta con la primera parte de la calle Manuel Oliva, la única del barrio costero, donde reluce el verdor de sus árboles y los colores de las flores en las viviendas que van desde el número 1 al 33 . Estas volvieron a ser ocupadas el 28 de mayo de 2018, cuando desde el Ayuntamiento se anunció que el desalojo iba a ser cuestión de unos meses. En la mayor parte, este plazo alcanza ya los 48.

María Candelaria Quijada Trujillo, que sigue siendo la presidenta de la asociación de vecinos, se mantiene pesimista sobre la posibilidad de que casi un centenar de vecinos puedan regresar a sus hogares, al mantenerse parado el expediente de obras en el talud de Dani Ran y Costas, al contrario de lo que ocurrió con la parte de Endesa, que fueron ejecutadas por esta empresa y permitió el realojo de una treintena de vecinos. “No tenemos ninguna novedad”, señaló Quijada, desesperanzada, lamentando que “parece que a nadie le importamos”. De igual modo, denuncia que hay pescadores y mariscadores que cruzan la valla que divide al barrio entre la zona desalojada y la habitada, “mientras que a nosotros no nos dejan entrar ni a regar”. A este respecto, María Candelaria Quijada ni siquiera muestra un atisbo de optimismo con la moción que puso sobre la mesa José Fernando Gómez (Vecinos por Candelaria) hace un mes, con la posibilidad de que el barrio pueda superar la Ley de Costas.

¿Y cómo va hacerlo? José Fernando Gómez expuso en la moción que se dejó sobre la mesa para el siguiente pleno -este jueves-, ante la falta de un informe técnico-jurídico del Ayuntamiento, que Bajo la Cuesta podría acogerse a la desafectación del dominio público, al no tener ya la consideración de “acantilado, playa o zona marítimo-terrestre”. La moción fue bien vista por todos los grupos, incluido el socialista, pero falta la conclusión de los técnicos municipales para armar un expediente ante Costas.

En el supuesto de los apartados 5 y 10 del Artículo 4 (terrenos deslindados como dominio público que por cualquier causa han perdido sus características naturales de playa, acantilado, o zona marítimo-terrestre y obras e instalaciones de iluminación de costas y señalización marítima, construidas por el Estado cualquiera que sea su localización), solo podrá procederse a la desafectación de terrenos previo informe preceptivo del Ayuntamiento y de la Comunidad Autónoma afectados y previa declaración de innecesariedad.

Solo el secretario municipal puso reparos a la moción, no solo por recordar que el informe de la arquitecta municipal carecía de “la conclusión final”, sino al exponer su opinión personal: “La última vez que estuve allí, era un acantilado”, a lo que contestó el proponente José Fernando Gómez: “También lo era Radazul”.

Desde aquel 27 de octubre, los vecinos comenzaron a movilizarse, con pitadas a diario frente al Ayuntamiento, con presencia en casi todos los plenos con camisetas con el lema Bajo la Cuesta vive y acampando a la entrada del barrio clausurado. Cuatro años después, el silencio, el agotamiento y la desesperanza son los que reinan.

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