crisis coronavirus

Carmen Linares: “Muchos niños sufren trastornos obsesivos compulsivos con el lavado de manos y problemas para dormir”

La decana del Colegio de Psicología (COP) de Santa Cruz de Tenerife describe cómo la pandemia ha afectado a los niños, al no comprender por qué su entorno ha cambiado radicalmente en tan poco tiempo
Carmen Linares Albertos, decana del Colegio Oficial de Psicología de Santa Cruz de Tenerife | FOTO: Sergio Méndez

En el transcurso de la crisis sanitaria del coronavirus, que ha dejado una huella imborrable en este año 2020, se han puesto en evidencia varias de las carencias estructurales del sistema sanitario público, así como la escasa conciencia de la población en lo que a su salud se refiere. Los expertos suelen incidir en la necesidad de mantener una buena alimentación o practicar deporte regularmente. Sin embargo, en un contexto tan complejo como el de que más de dos millones de canarios se vieran sometidos, durante dos meses y medio, a un confinamiento obligatorio, las prioridades cambian. Es por ello que la decana del Colegio Oficial de Psicología (COP) de Santa Cruz de Tenerife, Carmen Linares Albertos, incide en la poca relevancia que se le ha dado hasta la fecha a la salud mental, otro pilar fundamental de cara a garantizar el bienestar de las personas, y que en circunstancias tan adversas adquiere una importancia vital, de supervivencia.

– ¿Qué efectos ha provocado en la población el confinamiento y el periodo que vino después?
“Ha habido mucha gente que ha debutado en ansiedad, en principios de depresión, en manías y, al no controlar la situación, la incertidumbre también provoca bastante estrés, especialmente cuando la información no es del todo adecuada. Nos han bombardeado con mucha, y además, cambiante. Lo que era bueno en un periodo después dejó de serlo, y eso crea inseguridad. Al principio, se decía que no usáramos mascarilla porque no era necesario; luego fue obligatoria. Así creas disonancia. Aparte, se tiene mucho miedo, y el miedo es adaptativo en un momento determinado, pero si lo mantienes en el tiempo se convierte en patológico y no puede condicionar nuestras vidas. Se tiene que trabajar la prevención, que la gente sea precavida, pero no que tenga miedo constantemente, porque eso no ayuda”.

– ¿Y en los pacientes COVID? ¿Qué signos han detectado?
“Hay estudios que dicen que esas personas han desarrollado depresión y estrés post-traumático, aunque también están los pacientes que ya tenían patologías previas de salud mental y que con el confinamiento se han visto incrementadas, porque no han recibido el tratamiento y la atención adecuadas. Y eso ocurre porque no pueden acudir a los centros donde los trataban, aparte de que tenemos una tasa de psicólogos muy baja en las unidades de salud mental”.

– ¿Qué hay de los sanitarios, que han estado en primera línea?
“Es fundamental tener psicólogos en la atención primaria para intentar atajar este problema que se nos viene encima, que ya está incipiente y que se va a desbordar. El 80% de los sanitarios que han atendido a pacientes con COVID han desarrollado ansiedad; el 50%, depresión; estrés post-traumático, el 53%, y cansancio físico, emocional y agotamiento, el 40%. Si no se trabaja inmediatamente con ellos, ¿cómo nos enfrentaremos a la segunda ola de contagios?”.

– ¿Los mayores, como sector poblacional de mayor riesgo?
“Antes de la pandemia ya teníamos una realidad: la soledad del mayor. Y esto se ha visto acentuadísimo ahora, unido a tristeza, angustia e, incluso, miedo a ir a los centros de salud por temor a contagiarse. El mensaje que ha habido es que son uno de los colectivos más vulnerables, y por supuesto, ese miedo que ha incidido especialmente sobre ellos les va a pasar factura de una manera muy dramática”.

– Usted hablaba esta semana en el Parlamento acerca de las secuelas en los menores.
“Sí, porque a los niños se les suspendieron las clases desde un principio y los tuvimos en casa, bombardeándolos también con información de que cuidado porque ellos eran los que contagiaban a los mayores. Y luego les dijimos que volvieran al colegio, con las únicas indicaciones de distanciamiento, mascarilla y lavado de manos. ¿Dónde están las herramientas para que los niños aprendan a incorporarse con salud mental? Ha habido profesores que nos han descrito trastornos de ansiedad por separación entre los alumnos; han estado pegados a sus padres, que teletrabajaban, y ahora se ven solos en el aula, después de todo lo que les han dicho del bicho. Muchos niños han desarrollado trastorno obsesivo compulsivo con el lavado de manos, otros problemas para dormir, tristeza porque no pueden celebrar su cumpleaños… ellos han perdido muchas cosas de las que tenían y no lo entienden”.

– ¿Cómo se debe actuar con los adolescentes? La mayoría de los contagios de esta segunda ola se producen entre jóvenes.
“A los adolescentes los hemos criminalizado. Con ellos hay que negociar, no podemos imponer y restringir todo el rato sin negociar. Creo que la fórmula debe ser poner en valor lo que pueden hacer, y también a aquellos adolescentes que sí están respetando las normas. No podemos meterles a todos en el mismo saco, demonizarlos y quedarnos tan tranquilos. Pero sí hemos detectado, y nos llega a través de los padres, que se ha incrementado la adicción a la tecnología, porque estando en casa durante el confinamiento tenían mucho tiempo para dedicarle a los juegos en la red o navegar por Internet. Nosotros tenemos un proyecto desde el Colegio, Desenrédate, que es precisamente para tratar esto. Y si ya lo veníamos trabajando desde hace unos años, este 2020 está más justificado que nunca”.

– ¿Sobre cuál de esos sectores habría que actuar con más urgencia, en primer lugar?
“Es difícil porque… ¿qué dedo de la mano te cortas que no te duela?, como decía mi abuela. Aunque claro que hay que tener prioridades: si nosotros no actuamos con los sanitarios, que son los que se están enfrentando a esta pandemia, difícilmente podremos salir de la crisis. Es todo una cadena, un círculo, y deberían invertir para poder contar con los psicólogos en atención primaria. De ese modo, ya la población tendría acceso y sería la que, con su prioridad particular, acudiría. Pero para eso tienen que existir el servicio; deberían tener derecho a asistencia psicológica gratuita, aunque no por el voluntariado de los psicólogos, que es lo que hemos estado haciendo durante este confinamiento”.

– ¿En qué ha consistido?
“Nuestro grupo de emergencias hizo la intervención en el hotel H10 Costa Adeje, el primero que se confinó, y eso nos dio muchas pistas. Ahí nosotros vimos venir que esto se estaba extendiendo de forma muy rápida, y en prevención, cuando nos confinaron, pusimos en marcha un dispositivo especial. Solicitamos a los colegiados que quisieran participar de forma voluntaria, porque no teníamos medios al ser una entidad sin ánimo de lucro, que atendieran a la población que se iba a ver afectada. Y 200 psicólogos se pusieron a disposición del Colegio. Dimos atención telefónica a las personas que lo necesitaban; nos llamaban de toda España, y hasta canarios en otros países que se habían enterado”.

– ¿Y no llegaron a contar con ayudas desde las instituciones?
“Después de llevar una semana, se puso en contacto con nosotros el Gobierno de Canarias, pero no llegamos a un acuerdo por las condiciones en las que iban a ser contratados esos psicólogos. Ellos no querían contratarlos directamente, sino a través del Colegio, y eso nos generaba un problema logístico. Aparte, se ponía como requisito que fueran de forma presencial, y nosotros queríamos, ante todo, salvaguardar la integridad de los colegiados; por eso lo organizamos de forma que pudieran trabajar desde sus casas. Hicimos un dispositivo muy rudimentario, pero también muy efectivo: atendimos más de 2.000 llamadas. Es más, tenemos notas de agradecimiento de los usuarios maravillosas, que son las que nos hacen pensar que fue un buen trabajo. Piense que había gente que tuvo que pasar el confinamiento encerrada en una habitación; hay personas que lo han pasado muy mal, que llamaban a los centros de salud y no obtenían respuesta”.

– ¿Qué ocurre con quienes creen que pueden convertirse en un cadáver laboral? Es decir, perder su trabajo o no conseguirlo y que eso sea irreversible.
“Todos estamos conectados, y esas personas no tienen un tratamiento especial; no se ha hecho una labor con ellos. Se ha puesto el acento sobre lo dramático que es salvar la vida de los que tienen la COVID-19, pero tenemos otra realidad que es tan sangrante como esa: las personas que tienen un futuro incierto. Y no solo son los que pierden el trabajo. El tejido empresarial, que era el que podía acogerlos, está tan roto y hundido como ellos, porque tampoco ve un futuro alentador. Creo que no somos conscientes de la realidad económica tan devastadora que nos viene, y la población no está preparada”.

– Que la incertidumbre se alargue durante tanto tiempo, ¿no acaba siendo una tortura?
“No solo una tortura, sino que se cae en la sobremedicalización. Al final, hay personas que van a acudir a tomarse una pastilla porque no tienen psicoterapia para evitar medicarse. Es la opción que ven para bajar esos niveles de ansiedad, ese pensamiento rumiante que les viene una y otra vez. Desgraciadamente, ya otras crisis económicas, como la recesión de 2008, han pasado una gran factura y se incrementó el índice de suicidios, porque la gente tiene un sufrimiento constante y no ve otra salida. La salud mental es la gran olvidada de esta pandemia, aún siendo la protagonista. Y es contradictorio, porque ahora, más que nunca, deberíamos incidir, reforzar e, incluso, inventar fórmulas si es que no existen, para poder contratar a profesionales de la psicología que ayuden a la población”.

– Pero al final todo se basa en la prevención, ¿no?
“Sí, siempre se piensa que los psicólogos estamos para ayudar a aquel que está enfermo. Se dice incluso que es para los locos. No. Podemos tener una labor importantísima dentro de las empresas, en la educación, en los colegios, en el área social de los ayuntamientos. ¿Por qué hemos descuidado todo eso? Esta fragilidad que estamos viendo es producto de todos esos años sin invertir en lo que realmente importa. Con una buena salud mental, nosotros podemos tener iniciativa para buscar trabajo, para inventar, ser creativos… pero si estamos hundidos emocionalmente, de ninguna de las maneras”.

– Usted hablaba sobre los suicidios. ¿Ha habido un aumento?
“Ya la cifra sin pandemia era llamativa: 800.000 muertes cada año en el mundo por suicidio. Una vez empiecen a aflorar los datos de 2020, y más con esta incidencia económica, creo que sí, que se va a incrementar”.

– ¿Han tratado de ponerse en contacto con las administraciones públicas para trasladarles sus demandas sobre la crisis?
“Con todas. Hemos llamado y mandado email a todas las consejerías y direcciones generales del Gobierno de Canarias, especialmente Sanidad y Educación, pero también Seguridad y Emergencias, y no hemos recibido respuesta. Ni siquiera nos han contemplado en el pacto para la recuperación económica y social [Plan Reactiva]. De hecho, se lo llevamos como queja a la Diputación del Común para que nos escucharan, porque creo que nosotros, como profesionales de la psicología, tenemos mucho que decir y que hacer en esta pandemia, y es injusto que nos hayan dejado de lado”.

– La consejera Noemí Santana llegó a reconocer posibles errores al tratar con los mismos protocolos a pacientes con discapacidad y usuarios de centros de mayores. ¿Qué opina?
“El problema está en que generalizamos y queremos tratar bajo las mismas pautas a todo el mundo, en vez de dar una atención individualizada. Es, por así decirlo, lo más económico. Pero cada persona es ella y sus circunstancias; los mayores tienen una realidad y las personas con discapacidad tienen otra distinta. Pueden haber factores comunes, pero cada una tiene que disponer de atención especializada. Nosotros tenemos a psicólogos formados en mayores, en discapacidad, en género, en deportes… tantas áreas como existen en la sociedad. Allí donde hay un ser humano, hay capacidad para un psicólogo. La consejera no tiene por qué saber de todo, por eso nosotros, desde el minuto uno, nos hemos puesto a disposición de las administraciones, aunque por desgracia no hemos sido escuchados para orientar en estos temas”.

– ¿Ha faltado criterio técnico en la gestión de la pandemia?
“En mi opinión personal, creo que sí, que se ha llevado más como una gestión política que técnica, y que ha faltado la opinión, la decisión y el buen hacer de los profesionales que están especializados en esto. Ni siquiera en la gestión de la información, que ha sido de temor; la gente ya no enciende ni la televisión por no oír cada día lo mismo. No ha habido un halo de esperanza en ningún momento, hagamos como hagamos las cosas. Si a mí me dicen que me van a confinar porque es la solución para este problema, nos confinan y sigue todo igual… eso desestabiliza a las personas. Vamos a ser más concretos, a dar información más precisa”.

– ¿Hay cantera suficiente en la psicología?
“Afortunadamente. Notamos un incremento en la colegiación, aunque pensábamos que la gente podría dejar de colegiarse por un problema económico. La población nos necesita, y nosotros desde el Colegio hemos querido hacer, un acompañamiento tanto a los profesionales como a la sociedad en su conjunto. Y no hemos esperado a que una decisión política nos pusiera los recursos”.

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