los realejos

El muro por el que se lamentan tres municipios

Vecinos y comerciantes sufren las obras de mejora en la TF-333 y el corte de un tramo de carril cerrado al tráfico por seguridad
Fue en noviembre del año pasado cuando se derrumbó parte del muro de propiedad privada, ese tramo de la vía no se arreglará hasta que las administraciones se pongan de acuerdo. Fran Pallero

Llevan un año aguantando atascos interminables, semáforos provisionales, ruidos y polvo. Los vecinos y comerciantes de La Montaña y zonas aledañas de Los Realejos sufren a diario las consecuencias de la rehabilitación de la TF-333, que comenzó a finales de agosto, y el corte de un tramo del carril debido al derrumbe en gran parte de un muro de contención de propiedad privada. Fue en noviembre de 2019 cuando se desplomó y desde entonces, por motivos de seguridad, se ha inhabilitado para el tráfico.

Ubicado delante del restaurante El Monasterio, en la zona de Montaña de El Fraile, su arreglo está pendiente de ejecución. O mejor dicho, está a la espera de que dos administraciones, Cabildo de Tenerife y Ayuntamiento se pongan de acuerdo dado que discrepan respecto a la obligación de aplicar un retranqueo de tres metros para realizar la acera en este punto. Por ende, también lo está el arreglo del firme, el acondicionamiento y las aceras que se llevan a cabo en el resto de la vía.

En el Pleno insular del pasado viernes, el consejero de Carreteras, Enrique Arriaga, presentó un informe técnico del propietario que confirma “la evolución inestable” de la estructura y por lo tanto, hace necesario su demolición.

Lejos de resolver los desacuerdos entre ambas administraciones, este informe sigue manteniéndolos. El Cabildo ya ha instado al Consistorio a que dicte a la mayor brevedad la orden de ejecución de obra para que el propietario del muro construya uno nuevo pero este último todavía no lo ha hecho y tampoco se ha pronunciado acerca de un documento que están estudiando los servicios jurídicos municipales.

La TF-333 no es una carretera cualquiera. Es una vía con una gran afluencia de tráfico que empieza en El Trompo, en La Orotava, y va hasta la rotonda del polígono industrial La Gañanía, en Los Realejos, y además, atraviesa Puerto de la Cruz en la zona conocida como la La Vera alta. También es el único acceso al colegio Pureza de María, al que acuden a diario alumnos de Infantil, Primaria y Secundaria.

Esta lamentable situación quienes realmente la padecen son los ciudadanos de las tres localidades.

Aunque no está considerada como zona comercial abierta, el núcleo de La Montaña hasta La Zamora cuenta con un gran número de establecimientos de todo tipo que también se ven perjudicados por esta realidad, que se suma a la crisis económica derivada de la COVID-19.

David Díaz Navarra, encargado de un taller mecánico en la zona, asegura que el mayor problema es que sus clientes “tienen que dar un pedazo de vuelta para llegar hasta allí y estacionar”. Desde los cinco años que lleva abierto es la primera vez que sufre un inconveniente de este tipo y “se nota porque los clientes vienen mosqueados y siempre repiten lo mismo: “¿cómo llego hasta tu taller, David?”.

Su respuesta, aunque no la especifique, es resignarse a convivir con las obras y los atascos “hasta que se dediquen a arreglar el muro” que está en Los Realejos pero que afecta a tres municipios.

Es lo mismo que opina Andrés Pérez de Castro, dueño de una peluquería. “Para llegar aquí los clientes tienen que subir por el tramo final de La Higuerita y desde muy temprano se forman colas porque por las carreteras de Los Barros y Los Cuartos no pueden entrar vehículos pesados. Desde antes de las 06.00 ya los coches se están metiendo por las urbanizaciones para evitar las colas”, precisa.

Su clientela no se ha visto afectada dado que “no es de paso”, pero sí en cuanto al tiempo ya que a veces después de la hora prevista por los atascos que se forman puesto que hasta hace una semana eran dos los semáforos provisionales que tenían que sortear.

Sin embargo, el estanco que regenta Pedro Hernández, ubicado justo frente a la plaza del barrio, sí ha sufrido una pérdida de compradores. Fundamentalmente, muchos que venían por tabaco ya no pasan por allí “porque pierden mucho tiempo” y no oculta que la crisis económica también ha influido.

María Nieves Suárez tiene una situación parecida. Es propietaria de una tienda de ropa sobre la TF-333 y vive en la parte de arriba de su negocio. En su caso, ha notado bastante la pérdida de clientes” porque es una vía por la que pasan muchos coches que paran y compran pero ya no pasa nadie”.

María Nieves asegura que las retenciones “son impresionantes, sobre todo a primera hora de la mañana, al mediodía y por la tarde, por el horario del colegio”.

Desde hace 32 años lleva la tienda, en la que vende ropa para todo tipo de público. Sobrevivió a las dos últimas crisis y ahora a la obra de la carretera y lo único que espera es que las dos corporaciones se pongan de acuerdo para poder continuar con su negocio.

La crisis y el derrumbe de parte del muro le tocaron de lleno a Jackeline Lara que abrió su restaurante hace justo un año en una de las calles aledañas. “Cada vez se ve menos gente por la zona, aunque en realidad no sabe si es a causa de las obras o de la situación económica”, apunta.

Mucha gente de los núcleos aledaños, sobre todo de La Montañeta y La Vera ha optado por llevar a sus hijos caminando al colegio Pureza de María para evitar los atascos. Una decisión que se complica los días de lluvia o con el frío y debido a que tienen que atravesar un tramo que linda con los trabajos, aceras semirotas y vallas pero que en cualquier caso es mejor que “perder el tiempo” en el coche. “Con este desastre no vale la pena cogerlo”, indica un padre que lleva a su hija pequeña de la mano.

Mientras tanto, los vecinos de los tres municipios siguen lamentando las consecuencias que conlleva que el Cabildo de Tenerife y el Ayuntamiento realejero no se pongan de acuerdo en el arreglo de un muro.

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