la gomera

30 personas siguen aisladas tras el derrumbe en el barranco de Argaga

Dicen que durante estos dos meses llevan toda la comida y los productos de primera necesidad que necesitan tienen que ser transportados por mar en pequeños botes
Momento en el que una parte del acantilado se desploma sobre el mar, entre el puerto de Vueltas (Valle Gran Rey) y Argaga (Vallehermoso).
Momento en el que una parte del acantilado se desploma sobre el mar, entre el puerto de Vueltas (Valle Gran Rey) y Argaga (Vallehermoso).
Momento en el que una parte del acantilado se desploma sobre el mar, entre el puerto de Vueltas (Valle Gran Rey) y Argaga (Vallehermoso).

Cuando el 14 de noviembre de 2020 un espectacular deslizamiento bloqueó la pista entre Valle Gran Rey y el barranco de Argaga en La Gomera, los 30 habitantes de la Finca Argayall no imaginaban que dos meses después iban a continuar aislados. Ahora piden ayuda para una solución: bien sea un barco, un helicóptero o que se construya un muelle.

Finca Argayall toma su nombre de la palabra aborigen que significa “lugar de luz” y se fundó en 1986 en una extensión de un acre y medio encarando el Océano Atlántico, con la intención de crear desde Valle Gran Rey una comunidad alternativa y experimental.

Alrededor de 30 personas viven allí actualmente, veinte encargadas de la pensión y otras diez en fincas en el barranco de Argaga, explica una de las responsables de la comunidad, Suzanne Greuner-Yona, en la petición de ayuda que difunden estos días.

La carretera de acceso a la finca quedó completamente bloqueada aquel sábado de mitad de noviembre en el que el acantilado se desplomó, afortunadamente sin causar víctimas, y cuando la inmensa nube de polvo desapareció, dejó a los habitantes de Argayall “confinados por la naturaleza, sin acceso a pie o en coche y con el océano como única vía para traer provisiones”.

Toda la comida e insumos básicos para el día a día tienen que ser transportados por mar en pequeños botes desde el puerto de Vueltas y cuando las personas de la comunidad, diez de las cuales tienen más de 60 años, tienen que acudir al médico deben hacerlo de esta manera “corriendo los riesgos que esto implica”, añaden en Finca Argayall.

Hasta ahora las condiciones han sido llevaderas. Pero una playa de rocas con grandes olas y tormentas de invierno son un riesgo para la vida de las personas, y los residentes en el “lugar de luz” lamentan que “las autoridades prometieron soluciones oportunas – un muelle u otra opción- pero hasta el momento, no tenemos noticias”.

“Necesitamos una solución mejor para los meses venideros y una solución profesional para el futuro. Las autoridades han hecho varias promesas de ayuda pero lo único que han realizado hasta la fecha es que llegó un barco y pusieron una señal: carretera cortada”, afirman.

La comunidad está convencida de que, especialmente con la crisis del coronavirus, lugares como Argayall se necesitan más que nunca porque, continúan, “este lugar de luz es y será un lugar de reunión, inspiración y sanación” y por ello su propósito es resistir este período y mantener el proyecto vivo.

Pero para ello aseguran que necesitan donativos, ya que actualmente están “en reservas” tras el impacto de la pandemia y porque la reapertura de la carretera o la construcción de un muelle pequeño llevarían algún tiempo.

Poseer un barco haría sus problemas inmediatos un poco más fáciles, afirman en la finca, y un grupo de personas que se han acomodado en Argayall a lo largo del tiempo están planeando crear una recogida colectiva de fondos en cuanto haya un proyecto claro.

Ahora mismo no saben cuál sería, admiten, quizás el barco, un helicóptero o la construcción del muelle, pero mientras tanto los habitantes de Argayall defienden que “todo lo que se ha creado aquí, en nuestro paraíso, es aún tan hermoso como siempre”.

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