Cultura

Armando Alfonso: “La partitura solo es un papel con signos escritos, lo más importante es el intérprete de esa taquigrafía”

Compositor, director de orquesta, profesor y musicólogo

Armando Alfonso. / Fran Pallero
Armando Alfonso. / Fran Pallero

En la historia de la Orquesta Sinfónica de Tenerife (OST), y en la de la música clásica en Canarias y en España, Armando Alfonso (París, 1931) ocupa un lugar destacado. En 1970 protagonizó el tránsito de la Orquesta de Cámara de Canarias a la actual Sinfónica de Tenerife. En 2021 cumple 90 años y el próximo viernes, 29 de enero, el Cabildo le rinde un homenaje en el Auditorio capitalino con un concierto extraordinario de la OST en el que volverá a tomar la batuta para dirigirla. Compositor, director de orquesta, profesor y musicólogo, Armando Alfonso mantuvo esta conversación con DIARIO DE AVISOS.

-Usted contribuyó a la evolución de lo que es hoy la Sinfónica de Tenerife a partir de la Orquesta de Cámara de Canarias. ¿Cómo afronta la invitación para volver a dirigir a la OST el próximo viernes en el Auditorio?
“Sobre todo me siento feliz, porque le tengo un afecto muy especial, ya que fui su director durante 18 años. Su actual denominación, Orquesta Sinfónica de Tenerife, fue una sugerencia mía. El nombre de Orquesta de Cámara de Canarias era ambiguo. Mucha gente de fuera de las Islas no podía situar exactamente de dónde era la orquesta. Por esta razón, y también porque en ese momento ya abordábamos todo tipo de repertorios, no solo el de la música de cámara, en 1970 propuse a la junta directiva que se le cambiase el nombre por el de Orquesta Sinfónica de Tenerife, algo que se produjo en noviembre de ese año. De manera que, en cierto modo, este concierto también sirve para celebrar el 50 aniversario de su actual denominación”.

-¿Cuáles fueron los retos que afrontó cuando comenzó a dirigir la entonces Orquesta de Cámara de Canarias?
“Las orquestas españolas de esa época tenían un presupuesto bajísimo y estaban conformadas mayoritariamente por músicos aficionados y algunos pocos profesionales. Eso sí, eran personas con un gran entusiasmo e interés en lo que hacían. Llegué en un momento en el que la orquesta acababa de atravesar una crisis a raíz del fallecimiento, dos años antes, de su director y fundador, el maestro Santiago Sabina (1893-1966). Me encontré con una orquesta con escasos recursos económicos y con pocos instrumentistas. Así que el mayor reto fue hacer conciertos lo más dignos posible y, sobre todo, contribuir a que continuase existiendo. Eso creo que lo llevé a cabo con éxito, pues la orquesta siguió adelante, fue mejorando en lo que se pudo y, cuando alcanzó unas cotas muchísimo más altas en presupuesto y en instrumentistas, se convirtió en lo que es ahora: una de las formaciones más prestigiosas de España”.

“Cuando en 1968 llegué a la orquesta, el mayor reto era que continuase existiendo”

-Para el concierto ha diseñado un programa con obras de Bach, Chaikovski y Brahms. ¿Qué criterio ha seguido al escoger este repertorio?
“Quise hacer un programa con obras de primerísima calidad, que resultase atractivo a todo el mundo, pues al concierto acudirán personas que no forman parte del público habitual de la música. También he querido que sea en memoria de mi esposa, que falleció hace dos meses. Mi deseo es ofrecerle una ceremonia espiritual, como siempre lo es el sonido de la buena música. Una de las obras del programa, Romeo y Julieta (Chaikovski), de la que interpretaremos la obertura-fantasía, a ella le gustaba mucho. También sonará el aria de la Suite nº 3 en Re Mayor de Bach, una pieza breve que posee una melodía de una belleza incomparable, de las más bellas que se han escrito en todos estos siglos de música, y me parece muy apropiada para iniciar el concierto. Será un poco como el minuto de silencio que se guarda cuando se quiere recordar a una persona en un acto público, pero en lugar de un minuto de silencio, a mi mujer le dedicaré seis de música maravillosa”.

-Recientemente, la Real Academia Canaria de Bellas Artes ha publicado un libro de partituras con una selección de sus obras. En su carrera ha abordado dos facetas muy diferentes: la labor en soledad del compositor y el trabajo en equipo del director.
“Creo que todo lo que se puede hacer en el mundo de la música lo he hecho. También he sido profesor de Solfeo, de Armonía y de Composición; he tocado el piano… En la Isla yo era el catedrático de Armonía y Contrapunto y todos los músicos de Tenerife de la generación siguiente a la mía han sido mis alumnos. Ese tipo de docencia me ha permitido estar en contacto con músicos de todas las especialidades. Otra faceta que he cultivado, efectivamente, es la composición, pero también me he dedicado a la investigación musicológica, algo que me resulta apasionante. Escribí una biografía del compositor Carlos Guigou (1796-1851), el predecesor de la familia de ese apellido que en Tenerife es muy conocida. Ese primer Guigou era un músico francés que vino a las Islas en 1828. Como se sabía poco de él y me pareció un músico competente e interesante, decidí investigar su vida. Estuve 21 años tras sus huellas y al final escribí una biografía que la publicó el Auditorio de Tenerife en una edición magnífica. Todas estas actividades no han sido ni complementarias ni excluyentes. Las considero igual de interesantes, lo que ocurre es que en un momento dado unas me han reclamado más tiempo que las otras”.

“Propuse cambiar su nombre porque fuera de las Islas a veces no lograban ubicar a la Orquesta de Cámara de Canarias”

-¿De qué manera entiende la función del director de orquesta? ¿Hay que ceñirse estrictamente a la partitura o siempre hay un margen para que se manifieste la personalidad musical del director y de los intérpretes?
“La partitura es solo un papel con unos signos escritos, una especie de taquigrafía, una representación incompleta de lo que es la música. Hasta que suena, la música no tiene presencia ni realidad. Por eso el intérprete cobra tanta importancia y de ahí que haya músicos geniales, buenos, mediocres y claramente malos. Hay que coger esa taquigrafía e interpretarla, y a partir de ahí entran en juego muchísimos elementos diferenciadores. La música es un fluir del sonido en el tiempo, y ese sonido es posible manejarlo de muchas maneras. Se puede retrasarlo en un momento dado, acelerarlo en otro, pararlo… Todo lo demás es una representación gráfica, pero no es la música”.

-¿Cuál es la principal enseñanza que quiso trasmitir a los alumnos en su labor docente?
“Lo primero es el interés por la música, pues sin eso todo lo que viene después es muy difícil de aprender. La materia que yo impartía, Armonía, es fundamental para comprenderla. La música es un lenguaje. Cada sonido es una letra y los sonidos juntos conforman una palabra, un acorde. ¿Y cómo se colocan esos acordes para crear una frase inteligible? No podemos escribir una frase de 14 palabras situando cada una en el lugar que nos dé la gana, porque no nos entenderíamos. La sintaxis determina ese orden, pero también tenemos que saber cómo escribir esas palabras correctamente. Con la música sucede igual. Para construir un acorde debemos conocer de qué modo se tiene que formar y la manera en la que se deben situar unos acordes detrás de otros, que es lo que crea la música: un desarrollo en el tiempo. La armonía es la que nos proporciona un acceso completo al lenguaje musical”.

“Cuando más músicos jóvenes, y muy competentes, tenemos, menos público de esas edades existe”

-¿Y qué aprendió Armando Alfonso de los alumnos?
“Entre otras cosas, a intentar explicarme con la mayor claridad posible. Que lo que uno diga no sea un barullo, sino algo concreto, conciso. Con el tiempo, uno va adquiriendo el oficio de enseñar y aprende a trasmitir lo que desea explicar de la manera más clara posible. Eso requiere concretar, resumir y decir las cosas con precisión”.

El próximo viernes, 29 de enero, el maestro Armando Alfonso dirigirá a la Sinfónica de Tenerife. / Fran Pallero

-Siempre se ha hablado de la necesidad de atraer a los nuevos públicos a la música clásica. ¿Hemos mejorado en ese aspecto o es un objetivo que aún no se ha alcanzado?
“Es algo que todavía está pendiente. Es un fenómeno curioso, porque cada vez hay más músicos jóvenes muy competentes y, sin embargo, da la impresión de que existe menos público joven que se siente interesado por esta música. Ahí creo que tiene que ver la falta de tradición. Como decía, la música es un lenguaje, y un lenguaje cuando mejor se aprende es en la infancia. Si un niño se acostumbra a oír este tipo de música, le acaba resultando familiar, no le es nada complicado entender ese idioma. Hay falta de tradición familiar, de oír y cultivar esta clase de música. Cuando no existía ni la radio, ni los discos, la única manera de conocerla era tocándola. En las casas era frecuente, no en todas, por supuesto, que se hicieran veladas musicales en las que se reunían intérpretes profesionales o aficionados. Yo eso lo viví desde pequeño, y también comprendo que quien no ha crecido en ese ambiente tenga más dificultades para introducirse en él. Pero, claro, ahora mismo la gente está sumergida continuamente en la música, pero la que suena a todas horas y en todas partes no es precisamente la del tipo de la que estamos hablando, sino la más ligera. Canciones que duran tres minutos o dos minutos y medio. Hay cosas que son estimables en esos estilos, pero no tienen nada que ver con una sinfonía de Mahler o de Bruckner, que para llegar a entenderlas se requiere un largo proceso. Así que cuando vemos conciertos en la televisión, si nos fijamos, casi todo el público es gente de media edad o de edad muy avanzada. Hay muchas cabelleras blancas, pero gente joven y entusiasta, muy poca”.

“El viernes, en vez de un minuto de silencio, le dedicaré seis a mi mujer, pero de una música maravillosa”

-La música le ha llevado a visitar numerosos países. Desde esa perspectiva, ¿considera que las orquestas de las Islas pueden mirar de frente a otras formaciones internacionales o está lejanía de Europa nos condiciona?
“No nos condiciona en absoluto. Ahora cualquier músico puede enterarse de cómo toca la Filarmónica de Berlín o la Sinfónica de Londres. No es lo mismo escuchar la música en un disco o por otro medio que oírla en vivo. La música en directo es una experiencia incomparable, pero la tecnología pone a nuestro alcance la posibilidad de contar con referencias muy interesantes. Además, las orquestas, no solo las de aquí, sino las de todo el mundo, cada vez son más internacionales. Están formadas por intérpretes orientales, rusos, checos, alemanes… de todas las procedencias. Aquí ocurre igual desde que la Orquesta Sinfónica de Tenerife se reorganizó, convocó oposiciones y vinieron a la Isla músicos de muchas nacionalidades: ingleses, franceses, italianos… Cada uno de estos intérpretes trae consigo sus propias vivencias musicales. Ninguna orquesta se puede considerar hoy aislada ni perjudicada por la lejanía. Es un mundo que está muy conectado. La Sinfónica de Tenerife se codea perfectamente con muchas otras orquestas españolas o internacionales”.