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La Morenita le hace frente a la pandemia

Los actos en honor a la Patrona de Canarias se ajustaron al protocolo sanitario; sin procesiones, besos ni abrazos pero con la misma fe y devoción que cada 2 de febrero
Los actos con motivo de la celebración de la Patrona de Canarias siguieron todos los protocolos sanitarios. Fran Pallero

Candelaria vivió ayer un 2 de febrero totalmente diferente a cualquiera de los últimos 16 años, cuando se implantó la festividad litúrgica de la Virgen de Candelaria. Los actos en honor a la Patrona de Canarias, como no podía ser de otra manera, estuvieron marcados por la pandemia de Covid-19.

Sin embargo, pese a la menor afluencia de peregrinos, la cancelación de las dos procesiones y el uso de mascarillas en todo momento, no impidieron que unas 4.000 personas -según los datos ofrecidos por el Ayuntamiento- se acercaran a la Villa Mariana para demostrar su fe y su devoción por la Morenita.

Desde el lunes por la tarde-noche cientos de caminantes llegaban al municipio mientras que otros lo hicieron con el tiempo justo para poder ver a la Virgen, que permanecerá en las andas procesionales delante del altar hasta el domingo.

Largas colas guardando las distancias y gel hidroalcohólico en las manos eran los requisitos para poder entrar al templo. Otros prefirieron pasear por la avenida principal o sentarse en una terraza para disfrutar el día.

Ataviada con su manto de color rojo, la Virgen no salió en ningún momento de la basílica. Esperó, con el niño Jesús en uno de sus brazos y la candela en el otro, llegar a los fieles a través de la pantalla de la televisión -Mírame transmitió en directo la ceremonia para toda Canarias, la radio o simplemente de la fe. Como si ella misma se resguardara de la pandemia y al mismo tiempo, protegiera a todas las personas que la sufren.

Lejos del templo abarrotado de otros años, en esta ocasión se contó con un aforo limitado. Previamente, la alcaldesa de Candelaria, María Concepción Brito, recibió en la Plaza de la Fuente de los Peregrinos a las principales autoridades de Canarias: los presidentes del Parlamento y del Cabildo de Tenerife, Gustavo Matos y Pedro Martín, respectivamente; el Teniente General Jefe del Mando de Canarias, Carlos Palacios; y el subdelegado del Gobierno, Jesús Javier Plata, además de consejeros insulares y concejales del Ayuntamiento.

La eucaristía fue cantada por la Unión Artística y presidida por el Obispo de la Diócesis Nivariense, Bernardo Álvarez, acompañado por los sacerdotes dominicos que custodian la imagen de la Virgen. Lejos de todo pronóstico, en su homilía el Obispo se limitó al estricto guión que ofrece a los fieles cada 15 de agosto, festividad de la Virgen María. Así, no hubo mensajes de actualidad, ni referencia a dos de los temas que más preocupan a los canarios en estos momentos, como pueden ser el coronavirus y la migración.

Para el primer fenómeno, que en los últimos meses ha adquirido tintes dramáticos en las islas, ni siquiera tuvo palabras, mientras que para el segundo, dirigió algunos de los ruegos y al finalizar la misa pronunció la oración del Papa Francisco dirigida a la Virgen, en la que además de pedirle por el personal sanitario, los voluntarios, los enfermos y sus familiares, lo hace también para que “toque las conciencias y las grandes sumas de dinero utilizadas en la incrementación y en el perfeccionamiento de armamentos sean destinadas a promover estudios adecuados para la prevención de futuras catástrofes similares”. Igualmente, para que los líderes de las naciones “actúen con sabiduría, diligencia y generosidad, socorriendo a los que carecen de lo necesario para vivir, planificando soluciones sociales y económicas de largo alcance y con un espíritu de solidaridad”.

Fue una liturgia marcada por el miedo al contagio, siguiendo todos los controles y recomendaciones sanitarias, sin besos ni apretones de manos en un momento tan significativo para los creyentes como el de dar la paz al prójimo, que se cambió por una breve inclinación de cabeza con los más cercanos.

El Obispo también hizo referencia una única vez al “cuerpo de Cristo” antes de comulgar, dado que la mascarrilla solo podía quitarse un segundo antes de recibir el cuerpo de Cristo. Pero buscando la esperanza a través de María con la salvación como centro, ofrenda, como luz y como encuentro con dios.

Una vez finalizada la ceremonia religiosa, la alcaldesa destacó el buen comportamiento de todas las personas que se acercaron ayer a Candelaria, quienes han vuelto a demostrar que la fe, el respeto y la devoción por La Morenita le pudieron hacer frernte a la pandemia.

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