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‘99 madrugadas de alarma’

En el primer aniversario del confinamiento, la Fundación DIARIO DE AVISOS publica un libro escrito por Juan Carlos Mateu, que relata los días más críticos de la cuarentena y que se puede descargar gratuitamente en la web del periódico

“El reloj marca las 2.57. Desde hace tres horas rige el estado de alarma. España está en shock por el coronavirus COVID-19, un enemigo microscópico de 50 nanómetros que se escapó al control de las autoridades chinas en la ciudad de Wuhan y ya golpea a la vieja Europa, primero en Italia y ahora en España (…). El Gobierno ha anunciado la paralización de todas las actividades laborales, excepto los servicios esenciales y ha pedido a los ciudadanos que se queden en sus casas. La presencia del virus dibuja un escenario de guerra. La radio acaba de informar que son ya 6.000 las personas contagiadas en el país y 192 las fallecidas. No sabemos a qué nos enfrentamos”.

Así comienza 99 madrugadas de alarma, el libro publicado en versión digital por la Fundación DIARIO DE AVISOS y que desde hoy, coincidiendo con el primer aniversario del confinamiento en España, se puede descargar gratuitamente en la web del periódico (www.diariodeavisos.com). Juan Carlos Mateu, subdirector de DIARIO DE AVISOS y delegado en el sur de la Isla, relata en la publicación su experiencia profesional y personal durante el estado de alarma decretado por el Gobierno central, entre el 14 de marzo y el 21 de junio.

DESCARGA ’99 MADRUGADAS DE ALARMA’

 
“Son apuntes escritos en la soledad de aquellas madrugadas, después de intensas y maratonianas jornadas de trabajo, a modo de flashes informativos diarios de una trepidante realidad inédita, intercalados con algunas impresiones y vivencias personales que anotaba cada noche como un ejercicio de rebeldía contra el olvido, pero también de desahogo ante tanta turbación y que nunca pensé que fueran más allá de mi mesa de noche”, señala el autor en la introducción del diario.

La publicación, diseñada y maquetada por Jesús Rodríguez, pone de manifiesto el esfuerzo del personal del periódico para cubrir todos los flancos posibles desde que se encendió la primera luz de alarma al este de Asia. “El objetivo no era otro que ofrecer a los lectores una completa cobertura informativa día tras día, en la que han primado las historias humanas sobre las estadísticas, los testimonios de los protagonistas frente a las cifras y la pedagogía médica sobre los clichés políticos”.

Además del avance de la pandemia por el mundo, con un crecimiento exponencial de los contagios que desconcertó a autoridades y responsables sanitarios, el libro se detiene también en aspectos más concretos que ponen de relieve el calambre emocional que recorrió el país de arriba a abajo en aquellos meses: testimonios de pacientes que ganaron el pulso a la enfermedad, personal sanitario de las UCI de los hospitales que se metía en la boca del lobo cada jornada, héroes anónimos que acudían a su puesto de trabajo como quien iba a una trinchera de guerra, ciudadanos que repartían ayudas y ánimos e historias solidarias desde balcones llenos de vida.

Así se recoge en uno de los capítulos: “Conmueve escuchar a profesionales de enfermería con tantos años de experiencia a sus espaldas cómo han llorado viendo morir en soledad a los enfermos de COVID-19 en la Unidad de Cuidados Intensivos. Todos me han comentado que el mejor regalo que pueden recibir es la sonrisa de un paciente. En los peores días de la embestida del virus, muchos de ellos llegaban a trabajar entre lágrimas, sin saber qué se iban a encontrar y a qué enemigo se enfrentaban. “En el trayecto de casa al hospital no paraba de llorar, era como ir a la guerra”, me dijo Desiré. Conchi gestionaba el miedo, la angustia y las dudas apelando a su vocación: “Me armaba de valor y me decía: yo puedo con esto y tengo que ayudar como sea a esta gente”. Silvia y Débora subrayaron “lo duro que es cuando los pacientes empiezan a despertarse y te miran como diciendo qué hago aquí. Algunos piensan que sus familias les han abandonado. Les cuesta entender que no puedan venir. Da mucha pena”. David se emocionó tras escuchar a los hijos y nietos de una paciente darle ánimos a través de su teléfono móvil. “No estás entrenado para esto”, aseguró, y José enfatizó que “lo que más pena da es ver que se mueren solos”.

En aquellos 99 días, el turismo desapareció del mapa de Canarias, miles de trabajadores se quedaron sin empleo y 28.323 personas, según los datos oficiales del Gobierno, murieron en España por la COVID-19. Tal cantidad de víctimas deparó terribles imágenes que abrían los ojos a la magnitud de la tragedia, como la reconversión del Palacio de Hielo de Madrid en una gran morgue ante la imposibilidad de acoger tantos fallecidos, la mayoría personas de avanzada edad.

El miedo predomina en la mayoría de testimonios. En otro de los capítulos del libro se rescatan las impresiones de alguien que fue capaz de hacerle frente al horror con una entereza admirable que dio la vuelta al mundo. “He releído la entrevista que le hice en 2017 a Gustavo Zerbino, superviviente de la tragedia de Los Andes. Sufrió, junto a otros 15 jóvenes de 19 y 20 años, el peor confinamiento que puede soportar un ser humano, después de un accidente de aviación, aislados en una cordillera, cercados por la nieve, con temperaturas extremas y rodeados de los cadáveres de sus compañeros. Cuando le pregunté cómo se gestiona el miedo en una situación tan límite, respondió: “Cuando estás rodeado por completo de miedo, porque todo es miedo, tú formas parte de él, no tienes nada que perder. En ese momento eres libre. Allá arriba, para morir solo tenías que quedarte quieto, para vivir había que luchar sin descanso”.

La publicación también recoge la carrera sin tregua de los científicos en los laboratorios de medio mundo hacia la vacuna y cómo se fraguó y materializó el proceso de desescalada, que, en el caso de España, colocó a las islas de La Gomera, El Hierro y La Graciosa en la punta de lanza como laboratorio de ensayo nacional para la descompresión de las restricciones más severas a principios de mayo.

De la epidemia global más mortífera en el último siglo se pueden extraer múltiples conclusiones, entre ellas, tal como se evidenció en las primeras semanas, la falta de protocolos sanitarios actualizados, la ausencia de coordinación asistencial acorde con la urgencia de la crisis y una grave escasez de recursos preventivos.

Pero, además de que el SARS-CoV-2 cogiera desprevenidos a gobiernos y organismos internacionales, el impacto de la primera ola sirvió también para que aflorara un sinfín de ejemplos y lecciones de entrega y solidaridad, además de una admirable capacidad de resiliencia, que el padre Ángel García, fundador de la ONG Mensajeros de la Paz, resumió en una certera frase en pleno vórtice del huracán vírico: “Somos mejores de lo que creíamos”.

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