sociedad

Ni la lluvia ni el frío ni la pandemia silencian al feminismo

Centenares de personas se manifestaron ayer por las calles de La Laguna, respetando estrictamente las obligatorias distancias de seguridad, para celebrar el 8M y reivindicar los derechos de las mujeres
Sergio Méndez

Hacía frío, amenazaba la lluvia y hay una pandemia mundial, pero a las siete de la tarde, en la lagunera Calle Carrera, decenas de mujeres y algunos hombres empezaban a colocarse respetando exquisitamente las distancias de seguridad, comenzando desde la esquina con la Calle Viana, para celebrar la concentración del 8-M, Día Internacional de la Mujer. Cuarenta minutos después, con los paraguas completamente desplegados, ya llegaban hasta la Plaza de la Catedral. Había unas trescientas personas, según cifras de la Plataforma Feminista 8M Tenerife. “Un éxito”, afirmaban.

La pandemia ha afectado de manera desigual a hombres y a mujeres. Como destacaba hace unos días EL PAÍS, los datos de la EPA del último trimestre de 2020 reflejan que la tasa de empleo femenino cayó casi tres puntos frente a 2019. En los hombres fue de menos de dos puntos. La mayor diferencia aparece con los hijos: en el último trimestre de 2020, la tasa de empleo de los hombres con hijos se situó al nivel de 2019, mientras que en el caso de las mujeres disminuyó 2,4 puntos. Y eso no se podía obviar ayer.

“La mayor parte de los cuidados durante la pandemia ha recaído sobre las mujeres, que son las que más han perdido su trabajo”, afirmaba ayer Lola, de 66 años, con mascarilla morada. “Yo no lo he vivido en primera persona, porque no tengo gente a cargo, pero en mi entorno, en mis amigos y familiares, ha sido así, totalmente. Además, las mujeres han sido las que más se han quedado en casa limpiando, desinfectando, protegiendo contra la enfermedad”.

“Cuidado con el teletrabajo”, advertía Mónica, de 47 años, que lo ve como un arma de doble filo que condena a las mujeres a jornadas interminables de trabajos, asalariado y doméstico. No quería hablar al principio, pero luego, Mónica se detuvo a reflexionar sobre las vulnerabilidades de mujeres mayores o madres de familias monomarentales, También mencionó el problema de la violencia de género, agravado por los contextos de confinamiento. “Y este año tenemos que preocuparnos especialmente por visibilizar a las mujeres migrantes, con lo que está ocurriendo en Canarias”. “A ti, ¿el feminismo te ha ayudado a construirte?” “A mí, me cambió la vida”, me responde.

“A mí, el feminismo me ayuda, me siento protegida”, dice Asun, de 52 años, que trabaja en el hospital. “Yo he sido una mujer maltratada, y me pongo en el lugar de las que siguen siéndolo. Hay que educar desde la infancia para evitar el maltrato. Y hay que proteger mucho más”.
“Con lo de la lluvia, hasta última hora estuvimos dudando si venir”, comentaba María, con 34 años. “Pero bueno, hay que poner el cuerpo”, afirmaba. Venía con Elena, de 47: “Yo soy cuidadora en un piso tutelado para personas con problemas mentales”, contaba. “Y en mi ámbito, donde la mayoría somos mujeres, los cargos más importantes siguen siendo para los hombres. Y no solo eso, sino que el concepto de autoridad sigue vinculado a los hombres. Cuando aparece uno, todo cambia, es completamente distinto que si hay una jefa mujer”, explica.
“Este día representa la fuerza de la lucha de la mujer y de las ganas de combatir al patriarcado. Y también la lucha por las que ya no están”, contaba Cathaysa, que tiene 20 años y estudia Física. “Lo que no se visibiliza, no existe”.

Hubo un momento en el que la lluvia empezó a apretar, pero la gente seguía animada. “¡Abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer! ¡Arriba el feminismo que va a VENCER, que va a VENCER!”, coreaban. Entre ellas, Laura, con 24 años, que decía que “la lucha no se puede parar” a pesar de la pandemia, y que hay que pelear contra esta sociedad “hipermachista” e “hiperpatriarcal”. O Lauren, de 30 años, que decía que no entiende que una mujer no sea feminista. También había algunos hombres, como Luis, andaluz de 39 años, que afirmaba hacer esfuerzos cotidianos, “conscientes” por deconstruirse para sacarse el machismo que lleva en las entrañas.

Cuando se acercaban las ocho y ya tocaba disolverse, algunas organizadoras animaban a seguir con un “paseo lagunero” guardando las distancias, que se acortaron un poco. “La noche, la calle, también son nuestras”, decían. “Me cuidan mis amigas, no la policía”.

TE RECOMENDAMOS