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Y de poco sirvió el anhelo de que todo saliera bien después de aquel “milagro”

La niña maliense de dos años de edad que fue reanimada el martes por la noche tras llegar en cayuco con una parada cardiorrespiratoria falleció ayer domingo
El enfermero voluntario de Cruz Roja reanima a la niña maliense Nabody/Ángel Medina (EFE)

Cuando el fotógrafo de EFE Ángel Medina llegó el pasado martes por la noche al puerto de Arguineguín, en Gran Canaria, solo estaban por ahí Borja Suárez, fotoperiodista colaborador de la Agencia Reuters, y algún que otro lugareño, incluido un pescador echando la caña al fondo del muelle. Una hora antes, sobre las 19:05, Ángel estaba en su casa de Las Palmas cuando recibió una llamada del delegado de la Agencia EFE en Canarias, José María Rodríguez. Había una patera a unos 15 kms al sur de la costa grancanaria. Subió al coche y tardó unos 15 minutos en salir de la ciudad, hasta el túnel de La Laja. Luego, unos 40 o 45 minutos hasta Arguineguín. “Con la patera a esa distancia de la costa, la mitad de las veces uno llega al muelle más tarde que el barco de Salvamento Marítimo. Pero ese día, entre la mala mar y el estado en el que se encontraba la gente, ellos llegaron después”.

Ángel y Borja estuvieron unos diez minutos esperando solos. “Se juntó el hambre con las ganas de comer: por algún motivo, falló la coordinación de siempre y no había nadie cuando entró la Salvamar por el muelle. Ni policía, ni Guardia civil, ni Cruz Roja. Nada”, explica. “A los de Salvamento se les escuchaba mosqueados. Claro, ellos sabían lo que había ahí dentro. Pero en lo que la Salvamar hizo la maniobra para abarloarse junto a la otra embarcación que había en el muelle y la sujetaron bien, llegó la primera ambulancia con los dos enfermeros”.

Eran Paula Atochero y Miguel Vela, de 31 años. Él, voluntario de Cruz Roja. Ella, trabajadora. Habían salido un poco antes que el resto del equipo para ver si les daba tiempo de montar el hospitalito. O al menos, para poner una mesa con el material y dejar las camillas en el suelo. “Pero cuando llegamos aquí, vimos que había que empezar a actuar”, contaba Miguel esta semana en un encuentro con los medios que hicieron desde el Puerto de Arguineguín. Una pequeña de nacionalidad maliense y dos años de edad había entrado en parada cardiorrespiratoria por una grave hipotermia.

“Los de Salvamento la sacaron corriendo de los brazos de su madre, salieron de su embarcación y pasaron por la otra hasta llegar a la escalerilla del muelle, mientras le decían al enfermero que la cogiera, que la cogiera ya”, cuenta Ángel. “La imagen era como la de un muñeco de trapo, con las piernas y los brazos colgando. Y ahí mismo, en el suelo, porque no daba tiempo de sacar una camilla ni de nada más, empezaron a quitarle un poco de ropa, pues estaba empapada, y comenzaron a hacerle la reanimación”.

“Yo, en el momento de ver a la niña, me vine abajo. Me la pasó el compañero de la Salvamar. Pero dije: cojo aire, respiro, y empezamos a actuar”, contaba Miguel a los medios esta semana. “Tienes que intentar concentrarte mucho, respirar tres veces y decir: ya está”, afirmaba Paula. “Trabaja, intenta sacarla adelante y trabaja”, se decía a sí misma esa noche. Los dos notaban la compenetración de los últimos seis meses que llevan trabajando juntos. “Yo le miraba a la cara y sabía perfectamente lo que estaba pensando”, afirmaba Miguel. Complicidad, oficio, entrega, vocación, fortuna… y la niña respiró. “Respiras con ella”, comentaba Paula. “Un milagro”.

“Además, sabes que, en ese momento, si estás con ella un rato y no sale, tienes que seguir actuando con el resto de personas. Es un momento crucial en el que dices: ‘Por favor, que respire ya”, contaba el enfermero. “Porque había mucha gente en muy mal estado. Es muy complicado. Lo pienso y se me pone la piel de gallina”.

A diez o quince metros de distancia, estaba Ángel intentando captar la situación con su cámara. “Técnicamente, si te fijas en la foto, se ve que los nervios estaban. Nunca la escogería como ejemplo de foto bien hecha. Y encima, esta totalmente a oscuras, explica. “En esos momentos, haces lo que puedes e intentas controlar un poco los nervios. Yo sé cómo reaccioné ese día. No sé cómo hubiera reaccionado en otras condiciones ni con otra gente. Borja y yo estamos acostumbrados a trabajar juntos. No porque hagamos equipo. De hecho, somos la competencia. Pero coincidimos mucho, por desgracia, en estos temas. Y tenemos una filosofía muy parecida. Yo me acerco lo que me tengo que acercar. Ni más ni menos. Y en función de la situación. No sé cómo hubiera sido esa noche si hubiese habido más gente. Porque hay quien no tiene esos miramientos. Nosotros nos podíamos haber pegado, haber hecho fotos encima. No había nadie que nos dijese ‘quítense de aquí’, que es lo típico que suele haber. Pero mantuvimos una distancia razonable. Y solo nos acercamos una vez que ya vimos que quizá necesitaban ayuda. Y ellos, lo que nos pedían era que llamásemos al 112 para que las ambulancias viniesen lo más rápidamente posible. Aunque ya estaban de camino”.

Después de la niña, los enfermeros se pusieron a atender a otro niño pequeño que estaba en estado crítico. Rápidamente, fueron trasladados en una ambulancia del Servicio Canario de Salud a la UCI del Hospital Materno-Infantil de Las Palmas. Según la Agencia EFE, en la patera viajaban 52 personas, 29 mujeres -una de ellas embarazada-, 14 hombres adultos y nueve niños. Aparte de la pequeña y el otro niño, otros siete niños fueron hospitalizados por una hipotermia moderada. Cuatro adultos fueron derivados a centros sanitarios: una mujer con hipotermia grave y dos varones con hipotermia moderada al Hospital Insular y una mujer embarazada al Hospital Materno Infantil. La patera había salido de Dajla, en el sur del Sáhara. Y llevaba en el mar entre cuatro y cinco días.

“Es una de las muchas intervenciones que hacemos. En este caso, impacta más porque es una niña”, comentaba esta semana Paula mientras reconocía que aún no había tenido tiempo para descansar y metabolizar lo que había vivido. “Pero las personas que arriban a este Puerto de Arguineguín vienen, en muchos casos, en muy mal estado de salud. Esta madrugada hemos tenido otra intervención en la que venía un fallecido con su esposa dentro de la embarcación. En general, son situaciones muy duras”, comentaba. “Nuestra función, como Cruz Roja y como enfermería. es cuidar a la gente”, decía Miguel, también con ganas de descansar y charlar con la familia y los amigos para reposar las emociones. Ambos son peninsulares y no tienen el calor de su entorno tan a mano.

Esa noche, Ángel se marchó cuando las ambulancias se llevaron a todos los niños. Le preocupaba no llegar a Las Palmas, porque tenía pensado echar gasolina en el aeropuerto y se encontró que estaba la gasolinera cerrada. Cree que puso música en el viaje de vuelta a casa, a donde llegó sobre las once. “Me quedé mal del estómago por todo el estrés y los nervios, por la impotencia de ver tan poca gente allí al principio y pensar que la chiquilla se había salvado por los pelos. Esa noche dormí fatal con todo ese nivel de adrenalina”. Su foto de Miguel Vela reanimando a la niña maliense iba a moverse por toda España. Y sería portada de EL PAÍS el pasado jueves 18 de marzo.

Dice Ángel que la experiencia hace que uno encaje mejor estas cosas. “Cuanto más lo ves, más adaptado estás. Pero te deja tocado”. Nunca sabe cuándo van a brotar las emociones. “Hubo una patera que llegó el 15 de enero en la que habían tirado a un niño muerto al mar el día anterior. Visualmente, la historia quizá no fuera tan dura como esta, aunque la madre estaba destrozada. Era una adulta y otras veces ya has visto a gente hecha polvo. Pero me vine abajo cuando llegué a casa y me enfrié un poco. Estaba hablando con el delegado de EFE, contándole lo que había pasado, y me eché a llorar”.

En este caso, quien enfoca su cámara siente un enorme respeto por una experiencia tan cercana pero tan ajena a nuestra vida. “Me parece brutal que alguien se meta en una patera y que arriesgue su vida y la de sus hijos. A partir de ahí, me creo cualquier cosa de la capacidad de resistencia y de salir adelante de esta gente”, afirma Ángel. Como esos menores, a veces tan pequeños. “En las pateras, suelen ser bastante protectores con los niños. Después, cuando llegan aquí, la gente de la Cruz Roja tiene mucho tacto. Y ellos, en cuanto reciben un poco de atención y de juego, se relajan y cambian enseguida, se recuperan. Esa es la esperanza que tengo yo con los dos niños que están en la UCI”. El esmero del equipo médico sacó de cuidados intensivos a uno de ellos. Pero la pequeña de dos años de edad murió ayer domingo 21 de marzo.

Fe de errores:

En la primera versión de este artículo llamamos “Nabody” a la niña maliense fallecida tras ser reanimada en el Puerto de Arguineguín el pasado martes 16 de marzo. Era el nombre utilizado en otros artículos de la prensa y el autor lo dio por supuesto. Sin embargo,   el pediatra Abián Montesdeoca, sanitario del Servicio Canario de Salud (SCS) que forma parte del equipo de intervención que atiende a los menores migrantes al llegar a Gran Canaria ha informado en varios medios, incluida la red social Twitter, de que ese no era su verdadero nombre. Dentro del grupo hay una niña llamada “Nabody”, pero está viva. Pedimos disculpas por el error.

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