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Judit Rolo: “Mi madre siempre me enseñó a valerme y decidir por mí misma”

La nadadora paralímpica del CN Midayu Tenerife es un ejemplo para todos, tras toda una vida de superación
Judit Rolo, durante un entrenamiento

No para de sonreír, y reír, en toda la entrevista, pese a que no siempre lo ha tenido sencillo. Carmen, su madre, se perfila como esa figura necesaria a la hora de salir adelante, contra viento y marea, dejando a un lado comentarios hirientes, sumergida en el agua desde que un buen día, José Luis Guadalupe, Guada, un tipo formidable, se cruzó en su camino en la piscina de la Casa Cuna. La nadadora paralímpica tinerfeña Judit Rolo (CN Midayu) es un ejemplo para todos. Y es tan humilde que ni siquiera se da cuenta.

– ¿Cómo recuerda su infancia?
“Muy feliz. Cuando a mi madre le dicen que sufro de hipocondroplasia lleva a cabo controles rutinarios con el endocrino y recuerdo que el siempre decía ‘Judit es feliz, en esa burbuja suya de felicidad’. Es verdad que, conforme fue creciendo, fui más consciente de las cosas. Me molestaban ciertos comentarios, sobre todo de los padres, no de los niños porque, al final, son eso, niños, pero los padres… Decían ‘No mires a esa niña, que está enferma’ o ‘¡Ay, la pobre!’, cuando en realidad yo estaba genial, no tenía que dar pena. Para cambiar la mentalidad de este mundo hay que poner un poco de nuestra parte. Le pongo un ejemplo. Cuando voy por la calle, yo o quien sea, puedes mirar, porque entiendo que pueda haber curiosidad, pero no es agradable que te miren que parece que pasas el escáner de la T4”.

– No deja de ser paradójico que a la gente le pueda dar pena alguien que es deportista de alto nivel, que ha ido a unos Juegos Paralímpicos… Quiero decir, que les transmita pena alguien que ha conseguido cosas que la mayoría de nosotros no conseguirá jamás.
“Exacto. Nadie puede decirte lo que puedes o no puedes hacer. Cuando he dado alguna charla en algún colegio lo he dicho siempre: intenta todo lo que quieras conseguir. Yo estoy luchando ahora mismo por conseguir la mínima para los Juegos. Está difícil, pero lo voy a dar todo y más”.

– ¿Qué recuerdos mantiene de su etapa escolar?
“El instituto, perfecto; el colegio, no tanto. Fue complicado, no por el hecho de mi discapacidad, sino porque yo era una niña hiperactiva, algo que se me atenuó cuando me fui a vivir a Las Mercedes, en una casa terrera donde estaba todo el día corriendo. Eso provocó que tuviera problemas de concentración, me costaba sacar buenas notas y mi madre se ponía conmigo, cada día, a estudiar. En el colegio tuve una amiga con discapacidad intelectual y otros compañeros se reían de ella. La trataban mal. Yo me rebelaba ante aquello y me comenzaron a tratar mal a mí también. No fue fácil”.

– ¿Cree que eso ha cambiado o no tanto como queremos creer?
“Va cambiando poco a poco, pero queda. Yo he ido a Masters, competiciones de adultas, y he escuchado comentarios, tanto en referencia a mí como a Michelle, en los que parece que somos tontas. Me tiré una vez a competir en la Acidalio Lorenzo y una señora en la grada dijo ‘Pero si sabe nadar y todo…” Yo no me enteré esa vez, pero me lo contaron. Eso hay que cambiarlo. Que una persona tenga una discapacidad no quiere decir que sea ni inútil ni tonta. Poco a poco vamos cambiando esa mentalidad y un buen ejemplo es el deporte. A raíz de los Juegos de Londres hubo un cambio, llegó a más gente, aunque para ver una final paralímpica, a veces, te cueste mucho porque la cambian por cualquier otra cosa pese a ser eso, una final paralímpica en la que representas a tu país. Pese a todo, se van dando pasos”.

Judit, junto a su amiga Michelle Alonso DA

– Es usted muy amiga de Michelle…
“Es como mi hermana”

– ¿Lleva bien que se ponga mucho el foco en ella respecto a usted?
“Claro. Cada una tiene su historia. Michelle se lo ha currado diariamente, tiene un currículum impecable, con dos Juegos a los que ha ido y va a ir a unos terceros, algo al alcance de muy pocos, y todo eso con un trabajo increíble de Guada. Es que creo que se le debería hacer más caso, que tuviera más reconocimiento en ciertos temas, porque no vale solo la fotito cuando gana y ya está. Cuando necesitamos ayuda para entrenar, hay que dárnosla. Creo que yo también, poquito a poco, he demostrado lo que valgo”.

– ¿Cuándo se tira usted por primera vez a una piscina?
“Yo aprendí a nadar con tres años, pero a Guada lo conocí con 20. Es muy triste, pero es ahí cuando empiezo a saber del deporte adaptado porque antes a penas se mencionaba. Debido a mi hipocondroplasia se plantea la posibilidad de someterme a una operación de alargamiento de huesos. Para poder hacerla, al ser muy complicada, hay que estar en muy buena forma porque pasas mucho dolor, te parten los huesos para luego ponerte unos hierros. El caso es que, realmente, yo nunca pensé en hacérmela, porque, como siempre digo, me gusta ver el mundo desde esta perspectiva, porque es más grande. Como luego, finalmente, no me la hice, dejé de nadar. Es a los 20 años cuando mis padres se separan y yo aquello no lo llevé bien. Engordé mucho, me abandoné y mi madre me dijo que tenía que hacer algo. Llegué a pesar 60 kilos, midiendo lo que mido, por lo que me llevó a la Casa Cuna y me dijo que hasta que no comenzara a hacer deporte, no volviera a casa”.

– Y allí conoció a Guada.
“Las cosas de la vida. Lo que te puede cambiar por dar un paso u otro. Yo estaba nadando y él se me acercó, me dijo que si quería nadar con su equipo, en ese momento el Ademi, y me dio por probar. Era, sobre todo, por conocer gente”.

– ¿Fue rápida su evolución?
“Me costó mucho. Muchísimo. Era un hobbie, ganaba alguna medallita y antes de los Juegos de Londres tuve la oportunidad de ir al Europeo, pero no me llevaron. Si lo hubieran hecho, por la marca que tenía en mariposa, habría sido plata y eso me desmotivó mucho, así que lo dejé. Al año caigo en una pequeña depresión, a raíz de que rompo con mi pareja y es cuando, otra vez, aparece de nuevo mi madre. Mi santa madre. Me dijo que si el deporte me había ayudado tanto en su momento, por qué no volvía a entregarme a él. Creo que todo lo que tenía dentro, toda la rabia, la saqué en la piscina, por lo que volví a bajar marcas, conseguí ir otra vez al Europeo y entré en los Juegos de Río”.

Judit, junto a Carmen, su madre

– Carmen, su madre, tiene una importancia crucial en todo lo que ha conseguido.
“Mi madre es mi vida. Pese a las dificultades que ha tenido siempre, las ha afrontado de frente en todo momento. Admiro eso de ella. Siempre me ha dicho que nunca baje la cabeza, que luche, que vaya a por lo que quiera. Me dice que nunca deje de tener una sonrisa en la cara. De pequeña, a raíz de mi discapacidad, la gente le decía que me pusiera en el colegio con una hermana mayor que yo para que así me defendiera y ella decía que no, que yo no podía depender de nadie en la vida. Un familiar mío quería que entrara en una asociación para personas con hipocondroplasia y ella dijo que no, que eso lo hiciera si yo quería. Siempre quería que yo me valiera por mí misma”.

– ¿Le han afectado a ella esos comentarios de la gente de los que me hablaba al principio?
“Ella me ha contado que, cuando la gente la veía conmigo, debido a mis problemas de crecimiento, le preguntaban que qué edad tenía y decía todavía más años de los reales. La intención de la gente, seguro, no es hacer daño, pero lo hacen”.

– ¿Cuándo se da cuenta de que es buena? ¿De poder competir en la élite?
“Yo siempre he buscado superarme a mí misma. Nunca he tenido la sensación de pararme y decir: ‘Coño, soy buena’, sino que disfruto nadando. Sigo por eso en este deporte. Si veo que puedo ir a unos Europeos o unos Juegos, pues eso me ayuda a seguir superándome, pero nada más. No me paro a pensar que soy buena en lo mío”.

– Cuando sale de la piscina, cuando va a la playa con amigos: ¿le dan ganas de nadar?
“No demasiadas. Estamos mucho, mucho tiempo en el agua, de lunes a sábado, dos o tres horas. Lo que sí me gusta es escuchar el mar. Eso sí, si nado, como le digo yo a Michelle, nado camuflada, a braza”.

– Nadar a mariposa no es sencillo.
“¡Me encanta! Suena a tópico, pero es como si te salieran alas. Esa sensación de sacar los brazos, de ir por encima del agua… Lo que no me gusta nadar a espalda”.

Guada es el principal artífice de los éxitos de Michelle Alonso y Judit Rolo en los pasados Juegos Paralímpicos| ANDRÉS GUTIÉRREZ
Guada es el principal artífice de los éxitos de Michelle Alonso y Judit Rolo en los pasados Juegos Paralímpicos| ANDRÉS GUTIÉRREZ

– ¿Es más duro la parte mental o la física?
“Ambas. Estamos sometidas a mucha presión, tienes que estar siempre a alto nivel, eso es muy difícil. Cada vez cuesta más mantenerlo, porque tienes más lesiones o porque es complicado tener siempre alta esa motivación. Por eso es tan importante la presencia de un psicólogo deportivo. Él te ayuda a gestionar las emociones y a corregir errores. Le hablo de mí. Me cuesta mantener la concentración, saber todo lo que tengo que hacer en pruebas tan cortas como los 50 mariposa, porque casi no puedes pensar pendiente de la frecuencia, del agarre, de no separar mucho las piernas o estar pendiente de la patada. Por ejemplo, si la noche anterior has dormido mal al día siguiente te cuesta gestionar todo”.

– ¿Y duerme bien antes de las grandes citas?
“Lo intento, pero los nervios pueden afectar. Duermes, pero con el cuerpo inquieto, dando muchas vueltas…”

– Porque sabe que, en menos de un minuto, se juega el trabajo de todo un año o una posible clasificación para unos Juegos…
“Si te sale mal una competición lo asumes, vale, pero te preguntas: ¿ahora qué? ¿Paso otro año entero preparando el próximo campeonato importante? Mentalmente es duro. Se necesita mucho trabajo”.

– Y nadar sabiendo que necesita conseguir, o mantener, la beca deportiva.
“Dependemos de ellas cada ciertos campeonatos. En mi caso, en el Mundial logré medalla, pero si en el próximo no consigues la misma marca o superior, esa beca cambia. Es muy complicado”.

– Se ha avanzado en eso, pero la parte mental del deporte, que es clave, sigue sin ser del todo importante…
“Sigue sido tabú. Cuando dices que necesitas un psicólogo la gente te mira raro. Hablo en general, no solo en el deporte. Eso no quiere decir que estés mal de la cabeza, pero es que hay cosas que se deben gestionar con ayuda. Con la pandemia hay gente que ha perdido familiares o que ha perdido el trabajo y esas personas van a necesitar apoyos y ayuda profesional. Debemos tenerlo claro”.

– De la pandemia no salimos mejores.
“Queda mucho por cambiar. Miro a los negacionistas manifestarse o a la gente organizando fiestas y no llego a entender que no sean capaces de ponerse en la piel de los sanitarios, agotados tras tanto trabajo. O que no sean capaces de ver que perjudican, por ejemplo a los hosteleros, todo por unos machangos que quieren salir de juerga. Nos perjudican a todos, pero les da igual”.

– ¿Piensa en el mañana, cuando deje de nadar?
“Ahora solo me dedico al deporte, pero cuando tengo huecos, estudio. Tengo varios títulos como Técnico de Laboratorio Químico, Auxiliar Veterinario, soy monitoria de natación, soy Técnico en Salvamento y Socorrismo y he dado charlas en diferentes colegios. Siempre que puedo, saco cosas. He estudiado para unas oposiciones, pero para eso, ahora mismo, tengo poco tiempo con la natación. En eso hay un problema. Michelle y yo dedicamos años a entrenar, a competir para representar a la Isla, a Canarias y a España y, luego, lo tenemos muy complicado. En otros países eso no ocurre. Creo que es necesario ayudas, y no hablo económicamente, sino para poder integrarte al mercado laboral. Si no, llegas a preguntarte: ¿merece la pena?”.

– ¿Qué hace para desconectar de todo esto?
“Quedar con amigos, como Michelle. Me encanta leer. Estoy leyendo ahora mismo El caballero de la armadura oxidada, de Robert Fisher, pero es que, además, estoy escribiendo un libro. Es una autobiografía, es mi perspectiva del mundo, con un toque de humor negro. Mi sueño es verlo publicado. Voy poco a poco, buscando la mejor manera de expresar todo. Lo bueno es que me sé la historia”.

– La última: ¿usted sueña con natación?
“Pues es una buena pregunta. [Piensa durante un momento] No, no sueño con ella. Aún no es obsesión; sigue siendo amor”.

Judit Rolo, durante una visita a DIARIO DE AVISOS / Sergio Méndez

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