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Sergio Giménez, ebanista en Santa Cruz: el último de los talladores

Uno de los pocos talleres que quedan de restauración de muebles clásicos y talla es el de Sergio Giménez, en la calle San Juan Bautista de Santa Cruz
Sergio Giménez en su taller de la calle San Juan Bautista de Santa Cruz. / Fran Pallero

Los oficios tradicionales están desapareciendo. Ya no hay escuelas en los que aprenderlos, y las tradiciones familiares en la que abuelos, padres e hijos, iban adquiriendo los conocimientos de años de trabajo, se apagan con los más mayores de la zaga, frente a unos jóvenes que optan por otras profesiones más rentables y menos sacrificadas. “Para encontrar un zapatero te las ves y te las deseas. Ya nadie quiere aprender estos oficios”. Quien así se expresa es uno de los últimos ebanistas clásicos que tiene Santa Cruz, si no el último, Sergio Giménez. En su taller de la calle San Juan Bautista, este restaurador de muebles clásicos y tallador aprendió el oficio de su padre, con el que empezó a trabajar en el taller a los 14 años. “En 1985 me quedé huérfano y me hice cargo del taller y en él sigo hasta hoy”, cuenta rodeado de numerosos artículos antiguos como un pupitre escolar que data de 1920 y que un cliente le ha dejado para que restaure.

Pero sin duda, en lo que destaca Sergio Giménez en la talla de madera, realizando importantes trabajos para distintas iglesias, sobre todo en La Palma, donde retablos como el de la iglesia de Las Angustias, el artesonado de la iglesia de Las Nieves, o el altar de San Andrés y Sauces llevan su firma. “Quiero aclarar que se trata de obra nueva, en ningún caso soy restaurador de obras de arte, eso solo puede hacerlo un licenciado de Bellas Artes. Yo elaboro tallas en madera para altares, techos o mesas de consagración, que son algunas de las cosas que se me encargan”, detalla.

En muchos de sus trabajos colabora otro artesano que también está en peligro de extinción, el dorador. “Miguel González Suárez, que tiene el taller en La Laguna, es uno de los pocos que quedan”, explica Giménez, de forma que muchas de sus obras, recubiertas de pan de oro, son rematadas por González.

Aguas de cola, sulfato de cal, pan de oro, son materiales habituales con los que trabaja este tallador, y algunos, al igual que su profesión, están casi desapareciendo. Es el caso del oro para dorar las piezas. “Ahora mismo tengo un trabajo que hay que rematar con pan de oro. Para ello se usan unas láminas muy finas de oro, que ni siquiera las puedes tocar con las manos, que se van colocando encima de la talla una vez terminada”, explica el artesano. Ese material detalla, es muy difícil de conseguir. “Las láminas vienen en libritos, que salen unos 50 euros cada uno, y para este trabajo yo necesito un paquete, y eso son 21 libros”, cuenta. Ha contactado con una tienda en Madrid porque en las que compraba han indo cerrando paulatinamente.

Además de las iglesias, un sector que permite que continué con su negocio abierto, es el del turismo rural. “Se están restaurando muchas casas para turismo rural y nos traen muebles antiguos para restaurar que se usan para la decoración de estas casas. Por ejemplo, para las casas del Camino Real de Fasnia, se hicieron muchos muebles”, apunta el ebanista. A sus 58 años confiesa Sergio Giménez que espera que diez años que le quedan para jubilarse pueda seguir con la tienda abierta, y, aunque con pena porque no habrá nadie que lo sustituya, lo hará con el orgullo de ser el último de su estirpe.

Cuando se le pregunta qué es lo más antiguo que tiene en su taller, o a lo que más valor le da, señala las cornocopias que cuelgan de una de las paredes, “las talló en 1956, fue uno de los primeros trabajos que hizo llegado de Granada.

Sergio también señala una vitrina de coralina roja que le trajo un cliente. “Me dijo que no la quería y que me la quedase si quería. Los laterales están hechos de una sola pieza, ya no se ven muchas como esta”, apunta el ebanista.

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