Tacoronte

SOS para el viejo molino gofio de Tacoronte

Técnicos municipales acuden esta semana a visitar la instalación y evaluar qué tipo de intervención se requiere para salvarla

Una visita al molino permitió comprobar su grave deterioro. Fran Pallero

En el interior del molino de gofio de El Calvario, en Tacoronte, todavía se conserva gran parte de su maquinaria, tanto la que lo hacía mover como la que tostaba el grano. También la mesada de madera, donde mucha gente se sentaba a hablar, porque era un lugar de encuentro, donde la gente contaba sus historias, risas de por medio, mientras tostaba el grano o esperaba su turno, recuerda José Miguel Dávila, hijo de Miguelina, quien regentó la instalación hasta el año 2000. Él y su hermana Ángeles hacían las tareas del colegio sentados en una banqueta en el salón principal. “Justo allí”, señala.


Desde entonces, el viejo molino clama a gritos SOS porque corre peligro de caerse si no se actúa rápido. El problema más grave está en su cubierta porque el falso techo ha ido cediendo y las tejas se han desplazado poco a poco. La estructura en sí parece tea y “aparentemente” no se ve muy dañada porque es una madera muy fuerte, pero todos los travesaños que la aguantan se encuentran en muy mal estado, sostiene José Miguel.


En 2019 un grupo de amigos y conocidos se propuso “salvar” el viejo molino, que requiere de una intervención especializada debido al desgaste producido por el tiempo. Intentaron arrancar el viejo motor de gasoil y recuperar algunas piezas, como la tolva, pero la pandemia paralizó estos intentos y ahora buscan la manera de convertirlo en la casa del gofio o una especie de museo para que la tradición de moler este cereal no se pierda.


Situado en un lugar idílico, en el casco antiguo del municipio, la recuperación se antoja complicada porque la propiedad es de varios herederos, algunos están ilocalizables, y otros han renunciado a la herencia. La familia de José Miguel es solo una parte aunque sí es propietaria del equipamiento interior.

La instalación se divide en cuatro cuartos, uno donde se encuentra la tostadora y la piedra de moler de casi 500 kilos; otro donde perviven los viejos recipientes en los que se dejaba reposar el grano; el mayor, que es el que además servía como punto de reunión y uno pequeño donde está ubicado el motor. Ninguno ha sobrevivido al desgaste, las filtraciones de agua y el paso del tiempo.


Paredes, techos, suelo, no hay ningún elemento que se salve pese al gran valor que tiene, porque el molino está catalogado como de interés patrimonial en el Plan General de Ordenación del municipio (PGO) de 1998.
Por esta razón, uno de los miembros de la citada asociación realizó la semana pasada una pintada en el frente que rezaba: ‘Molino de gofio, estoy muy enfermo, el ayuntamiento no me protege’.


El graffiti generó gran polémica en el municipio pero también activó el proyecto de recuperación, aunque según el alcalde, José Daniel Díaz, éste nunca se perdió. En este sentido, recuerda que cuando Miguelina leyó el pregón de las Fiestas del Cristo, el año pasado, fue él quien anunció que la idea del Ayuntamiento era que el molino de El Calvario volviera a tostar grano y a funcionar de mano del Ayuntamiento.

“En la actualidad hay un expediente incoado del área de Urbanismo conforme a Ley de Patrimonio de Canarias y ésta establece que las administraciones públicas tienen la obligación de actuar en defensa del patrimonio y así lo estamos haciendo. Hay documentación solicitada desde febrero”, confirma el mandatario a este periódico.


También asegura que se abrieron pesquisas sobre la titularidad, que no está clara porque incluso a nivel catastral no fue definida en su momento. Mientras se realizan estas averiguaciones sobre la propiedad, se trabaja en la parte técnica y precisamente, el miércoles los aparejadores y arquitectos municipales harán una visita al interior del inmueble para comprobar su estado y estudiar qué tipo de intervención concreta se requiere. No cabe duda que es un primer gran paso.


Respecto a quién financiará esta actuación, José Daniel Díaz explica que en base a la citada ley, “si el Ayuntamiento tiene que intervenir para defender un elemento patrimonial que está en peligro puede destinar dinero público y después pasarle la cuenta de cargo a la propiedad, que está obligada a mantener ese patrimonio en perfectas condiciones”.


Por este motivo, lo primero que se hará es evaluar el tipo de intervención que necesita el molino para salvarlo. También para que se defina si es a nivel de proyecto “o de hacer una ejecución forzosa, es decir, apuntalar la cubierta y después plantear el proyecto y valorar, en base a eso qué es lo que se le traslada la propiedad, a quien se les tiene que comunicar si interviene en el inmueble o lo hace el Consistorio en garantía de lo público”.


José Miguel Dávila, que actualmente es además, presidente “provisional” de la asociación que intenta salvar el molino de El Calvario, está convencido que es mucha la gente a la que le gustaría colaborar en su recuperación porque forma parte de la historia y el patrimonio del pueblo, y como tal, “debe ser éste el que venga, lo visite y lo disfrute”. Como ocurría antaño.