santa Úrsula

Don Domingo: cien años y al pie de la huerta en La Corujera

Este vecino del barrio de La Corujera, que cultiva su propia parcela de viña, se lava la ropa y pela las papas del almuerzo, nunca ha tenido problemas graves de salud pero piensa llegar "hasta donde dios quiera porque el que manda es él"

Domingo Quintero Pacheco nació el 17 de junio de 1921 en La Corujera, en la zona alta de Santa Úrsula, donde todavía vive. Un barrio en el que hace un siglo apenas había “una decena de casas” y caminos de tierra que ahora se han transformado en carreteras. Las fiestas también eran diferentes. “La música eran rondallas y parrandas, igual que en los Carnavales, ya hoy no”. A él le gustaba “ir a los bailes para esa Victoria”, -el municipio vecino- y entre paso y paso conoció a su esposa, Marta Amelia, con quien tuvo una hija, María Candelaria.
Don Domingo o Mingo, como lo llaman sus allegados, cumplió el jueves cien años rodeado de familiares y amigos que iban llegado poco a poco a saludarlo. Tiene cuatro nietos: Ernesto, Gloria, Mary y Domingo, y la esposa de este último, Natalia, que también es una nieta más, y siete bisnietos; Cristian, Alexis, Nayara, Yanelis, Ernesto, Ayoze e Idaide, con quienes tiene una gran complicidad, igual que con Gonzalo, un familiar lejano y su hija Carolina, que quisieron brindar con él en un día tan especial.
Trabajó en la agricultura, en el monte, en las galerías de agua, “donde lo mandaban a uno, porque había que comer y ganar la peseta”. No sabe con cuántos años empezó a trabajar ni tampoco con cuántos se casó, “porque en esa época no se llevaba cuenta de nada de eso”.
Domingo nunca ha tenido problemas graves de salud, camina perfectamente, a veces ayudado por su bastón, y puede leer sin gafas. Pone su lavadora y tiende la ropa, se calienta la leche en el microondas, pela y fríe las papas del almuerzo y hace cuanto haga falta en su casa, anexa a la de su nieto Domingo, con el que además del nombre, comparte casi todo. También muchas risas y noches de marcha porque hasta hace dos años, en las fiestas, bajaba con su familia a la plaza y era de los últimos en irse.


Y a sus cien años, sigue al pie de la huerta, cuidando de su pequeña finca de viña como si fuera un gran tesoro “porque me gusta, me entretiene y también me gusta beber”, bromea.
Nunca pensó que iba a llegar a cumplir un siglo de vida. ¿Cuál ha sido su secreto? “aquello”, dice señalando hacia Natalia que muestra una botella de tinto elaborado con uvas de su finca. Bebe en el almuerzo, cuando pasa por la cocina, que está pegada al patio, y “cuando salgo”, apunta, aunque desde hace un tiempo tiene miedo a hacerlo solo por miedo a tropezar.
Su casa, ubicada en número 2 de la calle Zacatín, es grande y con escaleras. Sin embargo, al igual que en la huerta, se mueve con seguridad y sin dificultades.
Mingo vivió una época difícil, la de la Guerra Civil y la posguerra, en la que la comida escaseaba.”Antes se pasaba mucho hambre, si lo ganabas comías, si no, no”, subraya. “Ahora se vive mejor porque desde que naces ya te están dando tus pagas”, sostiene con una sonrisa pícara.
Quizás por eso tiene siempre buen apetito y no pone objeciones a lo que le sirvan en el plato, puede ser pizza o arepas, pescado, papas y hasta se atreve con fajitas. Dice que bastante necesidad pasó para estar diciendo que no le gusta la comida.
Le encantan las castañas y tiene su estrategia para disfrutarlas durante todo el año: las congela y cuando se le antojan va sacando de a poco y las asa.
Además del tinto, le encanta el Sansón “porque es dulcito”. El Día de Reyes la familia tiene la tradición de beber un “mixturado” que él mismo prepara y cuya receta ninguno conoce. Es el secreto mejor guardado. La base es Sansón pero además le añade anís, coñac y hierbas que también cultiva y que deja reposar una semana.

El mismo ritual se repite cuando uno de sus nietos o bisnieto cumple los 18 años. “Hemos tenido que ponerlo en la nevera para que no sepa tan fuerte”, confiesa Natalia.
Su abuelo participó en el cartel de la romería de La Corujera de 2018 porque la idea era involucrar a vecinos de todas las edades. Y lo mismo ocurrió con su cumpleaños. Todos los colectivos del barrio, desde el colegio, pasando por la asociación de mujeres Seña, el grupo de corte y confección, el de zumba, el de la Tercera Edad y la agrupación folclórica de La Acequia, la asociación de vecinos Micheque, le regalaron un vídeo en el que lo felicitaban por sus cien años y el que además participó el alcalde, Juan Acosta, quien también el jueves se acercó a su casa a saludarlo en persona.
Y es que don Domingo es un ser entrañable, siempre de buen humor y al que es imposible no querer. Su familia no se cansa de recalcar “lo bueno que es”.
Cuenta que se salvó de ir al cuartel porque su padre “lo sacó de mantenedor”, es decir que solicitó una prórroga de incorporación a filas por ser sostén de familia pese a que tenía cuatro hermanos: Andrés, Delfín, Victoria y Manuel.
A Mingo le costó soltarse a hablar de su vida pero poco a poco, paseo por la huerta de por medio, empezó a contar anécdotas y a preguntar dónde iban a celebrar su cumpleaños.
“Ya llegué a los cien años”, le dijo a una de sus nietas al verla entrar por la puerta. Todos se reían porque desde que los 89, año tras otro, asegura que no estará al siguiente.
¿ Hasta qué edad piensa llegar? “Hasta la que dios quiera, porque el que manda es él”, contesta sin dudar.

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