Canarias

La gran obra de César Manrique fuera de Canarias

El artista lanzaroteño diseñó el Parque Marítimo del Mediterráneo, hoy principal atractivo turístico de Ceuta, pero murió una semana antes de que comenzaran las obras dirigidas por los ingenieros Amigó y Olcina

Vista aérea del Parque Marítimo del Mediterráneo, con los tres grandes lagos, el castillo (al fondo), la réplica de un faro costero y abundante vegetación. | DA

El azar eligió la ciudad en la que César Manrique había servido como soldado en 1938, en plena guerra civil, para desarrollar su principal obra fuera de Canarias. Casi 50 años después de su paso por el cuerpo de Artillería de Ceuta, la corporación municipal, a través de la sociedad pública Procesa, dirigida entonces por el actual presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, aprobaba en 1987 encargarle al creador conejero la regeneración de la maltrecha fachada norte de su litoral que asoma a la costa sur del Estrecho de Gibraltar.
César acogió con entusiasmo la encomienda por el cariño que le profesaba a la ciudad norteafricana. Y su cabeza comenzó a bullir ideas junto a Juan Alfredo Amigó y José Luis Olcina, los dos ingenieros de caminos encargados de materializar la desbordante imaginación del genio lanzaroteño, a los que se refería como “mi familia de Tenerife”. Su solvencia había quedado más que acreditada en anteriores proyectos, sobre todo en la obra cumbre manriquiana: el Lago Martiánez del Puerto de la Cruz, una espectacular apuesta sin parangón que asombró al mundo y que llegó a ocupar portadas de revistas y periódicos internacionales.

Manrique, Amigó y Olcina viajaron en febrero de 1989 a Ceuta, donde lo primero que hizo el artista fue visitar los antiguos barracones en los que realizó el servicio militar. Allí revivió por unos momentos sus años de juventud mientras España se desangraba durante la contienda nacional. Su equipo de trabajo recuerda la intensidad con la que vivió aquel reencuentro fugaz con su pasado. “Aquí, a esta altura, estaba mi cama, aquí hacía guardia, aquí desfilaba…”, se esmeraba en explicar a los dos ingenieros, aunque apenas quedaran en pie unos muros de las antiguas instalaciones militares.

Después de un primer análisis de los terrenos del futuro Parque Marítimo del Mediterráneo, se decidió que la mejor opción pasaba por aprovechar gran parte de los 120.000 metros cuadrados de espacio ganados al mar. Se trataba de una enorme explanada donde hasta ese momento se montaban ferias de atracciones y se almacenaban contenedores.

José Luis Olcina (izquierda) y Juan Alfredo Amigó. | Sergio Méndez

La autenticidad y espontaneidad de César solían relegar a un segundo plano los argumentos políticamente correctos cada vez que se sentaba con cargos públicos para explicarles sus ideas, ya fuera en Lanzarote, Tenerife o Ceuta. Cuando se ultimaba el proyecto, con todas las fuerzas vivas de la ciudad autónoma sentadas en una sala en la que prevalecían los uniformes militares sobre las corbatas, al artista no se le ocurrió mejor expresión para defender la regeneración del litoral que afirmar que urgía darle un aire más turístico a Ceuta porque parecía una “ciudad cuartelera”. Las caras de los militares lo decían todo, mientras Amigó y Olcina dibujaban una leve sonrisa para tratar de restarle trascendencia a tal aseveración. Pero, anécdotas al margen, todos quedaron encantados con el proyecto.

Manrique aplicó en su gran proyecto fuera de Canarias -su creación más destacada hasta ese momento había sido el centro comercial La Vaguada, en Madrid, en 1983- la misma filosofía que en el Lago Martiánez y en otras tantas obras suyas: adaptar la construcción a las características urbanas de la ciudad con absoluto respeto a su arquitectura e historia, integrando elementos representativos del entorno, tal como se recoge en el libro Ceuta, nuestro paraíso, publicado en 1997 por el periodista Andrés Chaves.

La zona del parque ocupó 56.000 metros cuadrados e incluyó tres grandes lagos que captan el agua directamente del mar, solariums, jardines y numerosas instalaciones de servicios entre cascadas espectaculares, fuentes, abundante vegetación, islotes y hasta la réplica de un faro de costa. Como elemento central se eligió un castillo que, a pesar de su apariencia vetusta, fue construido expresamente inspirado en las murallas reales con el propósito de conectarlo a la ciudad. Fue el guiño del artista a Ceuta y su historia, la manera de estampar su firma en la icónica construcción. La apuesta resultó un acierto y la edificación levantada en el gran lago central, que además acogería un casino y un restaurante, se convertiría en el emblema más significativo del recinto.

El genial artista lanzaroteño César Manrique. DA
El genial artista lanzaroteño César Manrique. DA

Tanto Juan Alfredo Amigó como José Luis Olcina recuerdan que la inauguración de las instalaciones, en julio de 1995, fue “todo un acontecimiento” para la ciudad y se organizó un gran espectáculo sobre un escenario montado en uno de los lagos, que fue transmitido por una cadena de televisión nacional y en el que participaron, entre otros artistas, Rocío Jurado, Alejandro Sanz y Azúcar Moreno.

De la misma manera que sobresalieron en los proyectos del Lago del Puerto de la Cruz y del Parque Marítimo de la capital tinerfeña nombres propios como el de Elías Fernández del Castillo, técnico muy cercano a Manrique que colaboró de forma muy eficiente en ambas construcciones, Amigó y Olcina encontraron un gran aliado para sacar adelante en tiempo y forma los trabajos del innovador recinto ceutí en Jesús Sánchez Gallego, jefe de obra de la contrata.

“No tuve el gusto de conocer a César porque murió una semana antes de que comenzáramos la obra, pero Juan Alfredo y José Luis sabían hasta cómo pensaba él y ante cualquier duda que surgía decían: “César lo hubiera querido hacer de esta manera”, manifestó a este periódico Sánchez Gallego, que aseguró que en los tres años que duraron los trabajos, la figura del lanzaroteño estuvo siempre muy presente: “Yo diría que César dirigía la obra”. Hoy, 26 años después, se muestra convencido de que “estaría muy orgulloso de lo que hicimos, del resultado final y del respeto y cariño que todos le pusimos a su proyecto”.

El responsable de la obra, que tenía a su cargo a un centenar de trabajadores, calificó de “muy gratificante” su experiencia personal. “Ha sido la obra de mi vida, nunca más haré nada igual, la disfruté muchísimo”. Su primera medida, recuerda, fue cerrar el perímetro de la obra con un muro de tres metros de altura. “La gente no era consciente de lo que se estaba construyendo allí hasta que poco antes de la inauguración comenzamos a realizar algunas visitas guiadas, había que ver las caras de asombro. Quienes entraban se quedaban impactados, con la expresión lo decían todo”, señaló.

Como ocurriera con el Parque Marítimo que lleva su nombre en Santa Cruz de Tenerife, Manrique no pudo ver concluida su obra. De hecho, ambas fueron sus últimas grandes creaciones artísticas. En el caso de Ceuta, ni siquiera vio empezar los trabajos, porque estos se iniciaron en octubre de 1992, días después de que el artista se dejara la vida en la carretera en un accidente ocurrido a escasos metros de su fundación. De ahí que, al igual que sucedió en la capital tinerfeña, toda la responsabilidad recayera sobre los ingenieros, cuyo papel fue decisivo para ejecutar sobre el terreno las genialidades del conejero.

No resultó una casualidad que, años después, las tres grandes creaciones de César Manrique ocuparan las tres plazas del podio en el ranking de las 10 piscinas más espectaculares de España, elegidas a través de una encuesta publicada en medios de comunicación nacionales. Las instalaciones acuáticas de Ceuta, el Lago Martiánez portuense y el Parque Marítimo de Santa Cruz, lideraron, por ese orden, las preferencias de los votantes, que reconocían así el inagotable talento de una figura única e irrepetible. El pueblo dictaba sentencia: Al César lo que es del César.