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La cuidadora ocupa su casa desde que fue hospitalizada: el drama de Carmen con 90 años

Esta anciana ha vivido en esa casa 76 años. Desde este verano está en manos de la mujer que se comprometió a cuidarla a cambio de un techo gratis
Carmen, vecina de Madrid de 90 años a quien le han okupado su casa. Jaime Susanna / Desokupa

Carmen y su familia ríen por no llorar. Pero también han llorado. Es lo que trae la impotencia de ver como alguien a quien querían se adueña del que ha sido su hogar durante 76 años. Carmen tiene 90 años, la salud muy frágil y su casa okupada por la mujer que se comprometió a cuidarla a cambio de un techo gratis sobre su cabeza.

Hace algo más de dos semanas que Carmen y su familia no pueden entrar en su domicilio, en el número 14 de la calle Toledo. La okupa, Luna M., aprovechó que Carmen estuvo ingresada en el hospital y pasó el confinamiento en casa de su hermano para adueñarse de un piso de 170 metros cuadrados por el que no ha pagado ni un mes de alquiler. “Parece una película de Antena 3 mal contada”, aprecia Begoña, nuera de Carmen y principal narradora de esta historia.

Todo comenzó cinco años atrás. Luna, amiga de una nieta de Carmen, se ofreció a vivir con la anciana para cuidarla. “Quedaron en que pagaban los gastos a medias”, explica Begoña. El trato era simple: Luna vive prácticamente gratis a cambio de estar pendiente de Carmen y cuidarla.

—Carmen ¿qué tal era la convivencia?

—A mí me llamaba mamá. Me decía: ‘Mamá, ¿me quieres?’. Pero de pronto ha pegado un cambio, no sé qué le ha pasado.

Durante casi un lustro vivieron a gusto la anciana y la joven marroquí de 26 años. A principios de 2020, Carmen ingresó en el hospital por su delicada salud. Tiene un solo riñón que funciona al 12%, no tiene vejiga y sufre de insuficiencia cardiaca y respiratoria. “Tengo insuficiencia de todo, hasta de dinero. Lo único que me sobran son años”, bromea la anciana mujer sentada en una butaca con un tanque de respiración asistida conectado a sus fosas nasales.

Justo al salir Carmen del hospital, España entró en estado de alarma por la crisis del coronavirus. Es decir, llegó el confinamiento domiciliario. Carmen pasó ese tiempo en casa de su hermano Javier, el mismo sitio donde permanece ahora y donde tiene lugar esta entrevista.

En todo ese tiempo, la actitud de Luna fue la misma de siempre: afable, cariñosa y cercana. A menudo escribía por WhatsApp para interesarse por Carmen. “¡Si hasta vino a verme aquí y a traerme pasteles!”, recuerda Carmen. Pero este verano, la situación ha cambiado radicalmente.

Los planes de esta familia eran mudarse de vuelta al piso de la calle Toledo. Iban Carmen, Fernando (su único hijo), Begoña (nuera), Laura y Mar (nietas). “A partir del 29 de julio empezamos a darle una vuelta a la casa porque nos íbamos a vivir con Carmen”, explica Begoña. “Íbamos a mover muebles, pintarla y dejarla bien. El día 8 de agosto voy con mi marido y le decimos a esta persona [a Luna, la okupa] que vamos a cambiar el internet. Ahí empieza a ponerse agresiva y todo el mogollón”.

Tres días después, Luna ya no abría la puerta y había instalado una alarma. Ahora mismo en el exterior de la casa hay placas de Securitas Direct, paradójicamente, la misma empresa que protege contra la okupación.

Una firma falsa

Al contrario de lo que se ha publicado, Luna no ha cambiado la cerradura de la casa. “Yo he podido entrar a esa vivienda en todo momento. Pero ella llama a la policía y saca un contrato falso que dice que tiene toda la vivienda para ella desde 2017”. La realidad es que ese contrato no puede existir, porque Carmen vive de alquiler. Es una de las pocas personas que quedan en Madrid con un contrato de renta antigua.

Precisamente este hecho puede estar detrás del desalojo, según sospecha Daniel Esteve, dueño de la famosa empresa Desokupa. “Hemos averiguado la verdad del asunto. ¡Es de locos! Hay una trama inmobiliaria entre los propietarios y la okupa para sacar a la señora Carmen del piso porque sólo paga 110 euros al mes”, denuncia Esteve en el Instagram de la empresa. Por el momento, esta acusación no ha sido documentada.

El falso contrato que muestra Luna ante la policía es razón suficiente para que los agentes echen a los legítimos inquilinos de la casa. “Dice que tiene un documento firmado por mí de que yo le cedo la casa. ¿Pero cómo se lo voy a ceder si yo no soy la dueña? Esa firma mía está falsificada. Una vez me dijo que tenía una letra muy bonita…”, explica Carmen. “Ahora empezamos a encajar piezas en conversaciones que estamos teniendo”, añade Begoña.

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