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Comerciantes de Santa Cruz de La Palma: “Está costando mucho salir adelante”

Propietarios y trabajadores de tiendas santacruceras relatan al DIARIO cómo se vive la crisis volcánica en el este de la Isla
Estampa mañanera ayer en Santa Cruz de La Palma, con las calles cubiertas de ceniza, los comerciantes                   barriendo las vías y los operarios municipales retirando bolsas de polvo.  Danios
Estampa mañanera ayer en Santa Cruz de La Palma, con las calles cubiertas de ceniza, los comerciantes barriendo las vías y los operarios municipales retirando bolsas de polvo. Danios

Las escobas y paraguas fueron protagonistas ayer en la capital palmera. La insigne Calle Real amaneció cubierta de ceniza, al igual que las azoteas y balcones de varios municipios de la comarca este. El volcán de Cumbre Vieja, que entró en erupción el domingo 19 en Cabeza de Vaca (El Paso), está al otro lado de la Isla, pero el viento ha empujado las partículas que este emana hacia distintas localidades del territorio insular, obligando a la ciudadanía a prevenirse de posibles afecciones respiratorias, oculares y dermatológicas -en caso de exposición prolongada y sin protección- haciendo uso de mascarilla FFP2, guantes y gafas.

En la avenida El Puente, un taxista explicaba a DIARIO DE AVISOS que a su casa, situada en San Antonio (Breña Baja), llegó una importante cantidad de polvo volcánico que cubrió el vehículo que utiliza para trabajar. “Pero desde que pasas de los 50 kilómetros por hora, se va cayendo sola. El único problema es que se te quede en las gomas de los cristales, que empiezan a chillar, aunque a mí, de momento, no se me han rallado”, cuenta. Aprovecha la ocasión, además, para sugerir a los conductores que deban circular por carreteras que han sido rociadas con este material que “intenten no frenar encima de la arena, porque patina el coche”.

Las autoridades habían advertido sobre el riesgo de que los desagües se atasquen si las cenizas se arrojaban por el sumidero. Un mensaje que los santacruceros, al parecer, captaron al vuelo. De hecho, ya a primeras horas de la mañana, los trabajadores de una tienda de electrodomésticos repartían aspiradoras a domicilio; se han convertido en un artículo esencial, especialmente, al no saber cuánto durará este fenómeno tan visual y destructivo de la naturaleza, que hasta ayer se había llevado por delante más de medio millar de edificaciones. También había a quien le resultaba molesto el rocío de ceniza y optaba por caminar ataviado con un paraguas.

Un operario del Ayuntamiento, con el maletero de la camioneta a rebosar, recogía en las puertas de los comercios, antes del horario de apertura, las bolsas en las que los propios dependientes habían depositado la arena. “A veces la gente las llena mucho y se rompen, pero normalmente aguantan; hemos hecho un montón de viajes”, detalla el empleado municipal a este periódico mientras abre hueco para poder cargar más cantidad de materia expulsada por Cumbre Vieja. Los laterales de las principales arterias de la ciudad estaban atestados de sacos y zamuros. Había vecinos que, siguiendo las pautas indicadas por el Cabildo y el Consistorio, los cargaron hasta los contenedores especiales instalados en hasta nueve puntos del término municipal.

Eloísa, que reside en la vertiente oeste y pasa las noches oyendo rugir el “monstruo” que lleva ya nueve jornadas dificultando el día a día de los palmeros, se trasladaba ayer a Santa Cruz para ayudar a sus padres a limpiar la vivienda familiar, en la calle Tedote. “En el patio, la azotea y la entrada ha caído un montón, algo más de cinco centímetros entre las dos veces que hemos barrido hoy”, señalaba, al tiempo que concretaba que “hemos llenado ya diez bolsas. Pesan mucho, pero es la forma de sacar la ceniza, no hay otra”.

Alternando las labores de limpieza con las llamadas que recibe en el negocio para el que trabaja, en la Acerca Ancha, Cristina atiende al DIARIO. Asegura que lleva tres horas dedicada a adecentar la entrada, que amaneció como si estuviera a pie de playa. Es, por ahora, la única secuela que le ha dejado el volcán, al margen de los relatos de sus compañeros en el Valle de Aridane, que le transmiten “que ven miedo” en las personas a perder sus hogares, como ya le ha ocurrido a muchas familias de la Isla Bonita, que han visto cómo la lava engulle todo a su paso sin clemencia.

Una señora a pie de calle habla con otra que está asomada a la ventana. Comentan que lo vivido estos días es inédito, y que no deja de ser sorprendente que la ceniza viaje tantos kilómetros hasta cubrir las aceras santacruceras totalmente, sin dejar visible ni un adoquín. Ha cambiado la imagen de la ciudad. Hasta la estatua en honor al poeta Félix Francisco Casanova, bajo la pérgola al final de la calle Apurón, lucía cubierta de polvo. Al lado de las dos señoras, varios dueños de establecimientos pronuncian prácticamente las mismas palabras, con una mezcla de estupefacción y cansancio. Uno de ellos es Alejandro, que contó que había recogido “11 bolsas desde las nueve de la mañana”.

Preguntado sobre la situación que rodea al suceso, afirma que como pueblo, los palmeros “queremos levantar la cabeza y salir adelante, pero está costando mucho”, ya que anteriormente se había tenido que afrontar otro gran reto como sociedad: “la pandemia”. “Está afectada toda La Palma. No es solo allá [al otro lado de la Cumbre], aunque pueda parecerlo”, resalta. Y es que, por un lado está la parte emotiva, por la que “estamos todos afectados”, y luego se situaría la económica: “El turismo está parado”.

Desde la Acera Ancha, yendo en dirección a La Alameda, a mano derecha un escaparate destaca sobre los demás. Es de una tienda de artesanía. Su propietaria es natural de la Guinea Francesa, y su hija, Mari, es la que despacha a los clientes desde el mostrador. En el cristal exterior, se aprecia el dibujo de un volcán y unas palabras: “La unión hace la fuerza”. “Vamos variando las frases; pusimos esta porque la ocasión lo merece”, describe Mari, que reside en San Isidro (Breña Alta), lugar donde, según dice, la lluvia de ceniza “ha sido una pasada”. El origen de todos los males de la Isla durante los últimos nueve días le queda lejos, pero los sonidos, que se desplazan a mayor distancia por el cambio del viento, el domingo impresionaban: “Fue espectacular cómo se escuchaba la erupción”.

Sobre la estampa mañanera, con varios centímetros de polvo obstaculizando los accesos a la tienda familiar, Mari explica que desde el primer momento “los comercios nos pusimos manos a la obra. Unimos las escobas e hicimos un trabajo duro para retirarlo todo”. Comenta que por el chat de la asociación de comerciantes a la que están adheridos, Aepa, había muchos mensajes que hacían referencia al impresionante manto arenoso. Y ella, por su parte, aportó dos fotos: una del antes y otra del después. Fruto del esfuerzo.

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