La Palma

Tía, la gata que se recupera de las quemaduras que sufrió en el incendio de La Palma

La protectora de animales y plantas Benawara ha colaborado en sus cuidados: “Es admirable las ganas de vivir que tiene”

Tía se recupera en una habitación acondicionada para ella sola | CEDIDA

El incendio que asoló el mes pasado el municipio de El Paso y parte de Los Llanos de Aridane, llevándose a su paso viviendas, fincas y vehículos, también provocó la muerte de varios animales que, o bien no pudieron ser evacuados a tiempo, o se vieron incapaces de escapar de las llamas con la rapidez suficiente. Tía, que pertenece a una colonia de gatos controlada de la urbanización Celta, en la misma localidad donde se originó el fuego, sufrió graves quemaduras como consecuencia del voraz suceso, y no fue hasta dos días después que dieron con ella. Entonces comenzó una difícil intervención para capturarla y poder valorar su estado de salud.

Esther Campos, de la protectora de animales y plantas Benawara, explica al DIARIO que “Tía siempre ha sido arisca y nunca se había dejado coger”. Le gustaba la libertad de la que gozaba en la colonia, dentro del espacio con el que contaba. Sin embargo, con el paso de las horas, era cada vez más necesario atenderla, pues de lo contrario las heridas podían generar aún más daño en su organismo. Así fue como Esther, Mónica -que gestiona la colonia, situada en el jardín de su casa- y Saúl lograron, al cuarto día del hallazgo, atrapar a Tía y llevarla al veterinario. “Estaba aterrada”, cuenta.

En un primer momento, Esther confiesa que no tenían muchas esperanzas de que sobreviviera, porque su olfato, su vista y buena parte de su cuerpo habían quedado gravemente afectados por el fuego. Es por ello que se optó por un plan de choque, “con medicación muy fuerte y calmantes”. Al no oler, tampoco tenía apetito, y eso, sin duda, era uno de los mayores problemas a los que debían hacer frente. No obstante, gracias al efecto de los fármacos que le administraron, la activista asegura que ha ido poco a poco recuperando las ganas de comer y beber, en un proceso lento pero constante.

Un factor importante durante la rehabilitación, entre otros tantos, ha sido, también, que Mónica acondicionara una habitación de su casa expresamente para que Tía estuviera tranquila y pudiese descansar. En esa misma instancia cuenta con todos los elementos que le hacen falta: su tarro de comida, un bebedero, una cama, su arenero y espacio para ir dando pasos. Aunque para Esther la clave está en la actitud de la propia gata. “Es admirable las ganas de vivir que tiene”, dice.

Los mayores avances, eso sí, se han producido esta misma semana. Al arranque de la temporada a todas las escalas, desde política hasta lectiva, Tía adquiría la confianza necesaria para lamerse, lo cual “es una muy buena señal”, dado que la higiene es fundamental para los gatos. Además, ayer se le cayó una de las costras de la cara y, al fin, abrió uno de sus ojos. Hay esperanza.