Erupción en La Palma

Bárbara y Javier, víctimas de la herida del volcán más allá de la colada

La erupción ha dejado a esta joven pareja, hasta el domingo 19 de septiembre llena de ilusión, en una caravana, con la amenaza del paro, el riesgo de exclusión social y un enorme miedo al futuro

Javier y Bárbara necesitan una casa en la que vivir hasta poder volver a recuperar su vida.

Bárbara y Javier viven en una caravana desde el 19 de septiembre. Forman parte de los miles de desalojados de la línea costera de la comarca oeste. El propietario de su piso de alquiler, en Puerto Naos, donde no pueden vivir, ha provocado en ellos el colapso y la desesperación. “Nos pide que le paguemos el mes de alquiler; tiene varios pisos y vive de esto y dice que si no pagamos, no podremos volver una vez termine todo este caos”. Ese no es, ni mucho menos, el mayor de sus problemas. El supermercado del barrio de La Laguna donde Javier trabajaba hasta la aparición del volcán en Cabeza de Vaca, permanece cerrado. Parte de ese barrio, el más próximo al ya sepultado núcleo de Todoque, está también desalojado, dentro de la línea de exclusión del volcán.


Bárbara es ahora quien puede responder ante las obligaciones económicas, pero su temor es grande porque el hotel en el que trabaja, uno de los más emblemáticos de La Palma, en Tazacorte, tiene niveles de ocupación tan bajos tras el inicio de la crisis volcánica, que el recorte de personal es algo de lo que ya se habla abiertamente. “Si eso pasa, no sabemos que va a pasar”. Javier y Bárbara se han presentado, sin esperar la llamada de las trabajadoras sociales que les atenderán, en la Oficina de Información y Atención a los Afectados por el volcán, donde todavía se celebran reuniones de coordinación entre decenas de trabajadoras sociales coordinadas por Elena Jerónimo, que llegaba a La Palma la tarde del miércoles para tomar las riendas de la ingente tarea que tiene por delante el equipo.


Para Bárbara y Javier, esperar ya no es una opción. “Necesitamos saber algo, saber a qué tenemos derecho, si nos dejarán pasar a Puerto Naos en algún momento a coger ropa, calderos y otras cosas que necesitamos”. La respuesta la buscan en esta oficina, donde se intentará canalizar toda la información y la gestión ante casos como el de esta joven pareja. Bárbara ha sido voluntaria en varias ocasiones y ante distintos problemas del pueblo o de la Isla, ayudando “donde hacía falta”. “Desde el otro lado, las cosas se ven de una forma muy distinta. Con mucho dolor y con impotencia porque no sabemos qué va a pasar y cuando terminará esto”. La situación empeoró para ellos después de intentar “buscar algo para alquilar”. “Los precios están entre los 700 y los 900 euros, algo que ahora mismo no podemos pagar”, explicó-.

Los afectados quieren una valoración real de las propiedades sepultadas

La Plataforma de Damnificados por el Volcán acudió ayer a las puertas de esta nueva oficina única, puesta en marcha por las administraciones. El mensaje de los afectados al coordinador Sergio Matos ha sido claro. Trabajar desde la unidad, no dejar a ninguno de los afectados sin compensación, pero también evaluar el valor real en el mercado de lo que eran sus propiedades, atendiendo a los datos del Registro Catastral, con información de los metros cuadrados construidos y superficie de los terrenos.


La petición fue trasladada a Matos, de quien señalaron su “receptividad”. Los afectados tienen claro que no sería lógico dar una solución general, porque son muchos los escenarios, las especificidades y las circunstancias de las más de 500 personas que han perdido sus viviendas bajo la colada del volcán.


La solución ante sus peticiones no parece fácil, pero quieren buscar la interlocución de los alcaldes, los responsables al frente de la gestión de las ayudas, y lograr, dicen, intentar reconstruir sus vidas a partir del valor real que tenían sus hogares, donde muchos invirtieron todos los ahorros de su vida. Quizás la intervención de la Asociación Canaria de Derecho Urbanístico, que se ha puesto a disposición de las administraciones de forma totalmente desinteresada para prestar asesoramiento en la reconstrucción, pueda ser de enorme utilidad.