Erupción La Palma

El capitán Pastor y el cabo Romero: resistir a la destrucción del volcán desde la UME

Ambos trabajan en los dos frentes de la tragedia: con los afectados para que sean capaces de recoger sus pertenencias en 15 minutos y ante la colada de lava

Quince minutos para escoger y recoger recuerdos y documentación antes de que quede sepultado bajo la lava del volcán. Centrar la atención de los damnificados minutos antes de que la colada basáltica cubra un nuevo hogar es la tarea del capitán Alberto Pastor, uno de los cuatro psicólogos con los que cuenta la Unidad Militar de Emergencias (UME). Junto a él, en una charla con DIARIO DE AVISOS, está el cabo Manuel Romero, cuya tarea está en la primera línea de la crisis volcánica que cumple 22 días en La Palma. Manuel trabaja pegado a la lengua de lava, siguiendo su lento pero perseverante avance mientras sigue devorando metros de un territorio antes habitado.

Pastor y Romero (el primero ha estado destinado hasta en tres ocasiones en Libia y en el terremoto de México en 2017, mientras que el segundo ha luchado contra los incendios de sexta generación que este verano asolaron varios puntos de España) reconocen la dureza de la situación actual, especialmente por la “impotencia” ante una catástrofe natural en la que solo hay destrucción, en la que “los vecinos no tienen lugar al que regresar, porque ya no existe”.

Explica el psicólogo de la UME que “los intervinientes en esta emergencia nos explicaron que en las tareas de recoger lo imprescindible en 15 minutos los vecinos se venían abajo. El procedimiento de intervención es “presentarte, preguntar el nombre del afectado y decirle que ellos son los jefes, que tienen que decirnos qué tenemos que coger, mantenernos a su lado con las ideas claras para que nos den órdenes, ya que a nosotros no nos gustar estar parados y queremos ayudar a salvar todo lo que se pueda”. Agobio, hiperactividad o sencillamente su llanto. El capitán Pastor se ha enfrentado a esta situación muchas veces desde que llegó a La Palma. Mitigar el dolor de los afectados y afrontar la gestión de la catástrofe es una tarea pendiente, un frente que solo puede acometerse con el tiempo y la oportunidad de abordar la pérdida de hogares y medios de vida, pero, mientras tanto, recoger lo de verdad útil para dejar la casa atrás requiere de “herramientas para que se centren en la tarea, un rol activo”.

Pastor y Romero están contagiados por la patina de tristeza y el primero aconseja a su cabo sobre la necesidad de “empatizar, pero no simpatizar” para seguir siendo útiles.