La Palma

La historia del avión que despegó justo cuando estalló el volcán

El aparato emprendió rumbo a La Palma desde el Aeropuerto de Tenerife Norte en el momento preciso en que empezó la erupción, para sorpresa de pasajeros y tripulación

Hay un avión de la compañía Binter que bien podría pasar a denominarse Volcán de Cumbre Vieja o el nombre con el que la sociedad palmera desee bautizar al fenómeno natural en curso, toda vez que finalice la catástrofe que está teniendo lugar. El aparato que operó el vuelo NT631 el mismo día de la erupción que dio comienzo en Cabeza de Vaca (El Paso), el 19 de septiembre, con un trayecto del Aeropuerto de Tenerife Norte-Ciudad de La Laguna a La Palma, está inexorablemente ligado a este suceso. Una extraña coincidencia ha hecho que el trayecto aéreo y el evento volcánico vayan de la mano.

El embarque se produjo con normalidad. Los pasajeros iban entrando a cuenta gotas, en cumplimiento de los protocolos para prevenir contagios de COVID-19. Aunque había cierta tensión en el ambiente. Los enjambres sísmicos que se habían registrado al oeste de la Isla Bonita incrementaban su intensidad y reducían su profundidad. La última comparecencia de las autoridades, a pesar de que se decidiera mantener el semáforo amarillo por riesgo volcánico, estuvo marcada por la expresión “proceso preeruptivo”. Era inminente, pero costaba verbalizarlo, en la medida en que no existía una certeza de que el magma fuera a encontrar en esa misma jornada un lugar por el que salir a la superficie.

Los expertos sugerían que el momento estaba cerca. La deformación del terreno era elevada, y con el paso de los días, cada vez mayor. Primero se habló de 6 centímetros, luego de 10 y finalmente… estalló. No fue en el lugar exacto que habían señalado los vulcanólogos, que, basándose en los seísmos localizados, apuntaban a Jedey (El Paso) o Montes de Luna (Mazo). Sin embargo, ya se había iniciado la evacuación de personas con movilidad reducida a modo preventivo, teniendo en cuenta que serían las que mayores dificultades experimentarían a la hora de abandonar sus hogares en el supuesto de que tuvieran que hacerlo de urgencia.

El NT631 del 19 de septiembre iba a despegar con unos minutos de retraso. El tráfico aéreo había ocasionado demoras en todas las compañías. El aparato dio marcha atrás, se perfiló en dirección a la pista y aguardó al principio de la misma hasta ser autorizado para marchar. Vista la espera, hubo pasajeros que activaron los datos móviles, pese a que debían permanecer con los dispositivos en modo avión. No obstante, la sorpresa fue mayúscula, ya que, justo cuando los reactores aumentaban de potencia para proceder a la maniobra de despegue, sonaron todos los teléfonos a la vez. “¡Ya reventó!”, dijo uno de los pasajeros.

La incertidumbre se cernía sobre los viajeros. No se conocía el punto preciso en el que había salido la lava. Hubo quien se preocupó por las viviendas de sus familiares, que residían en zonas cercanas a Jedey y Montes de Luna; también los había que, ante un espectáculo visual como ese, pensaban en el lugar idóneo desde el que sacar fotos, si bien la tónica general era la de tener muchas preguntas y muy pocas respuestas, con el añadido de que, al menos durante 30 minutos de viaje, no se podría acceder a más información.

Desde la cabina del piloto, según reconocía este poco después, se divisaba una gran columna de humo. Parecía lejana, pero en esos instantes reinaban las incógnitas. Al parecer, en la torre de control palmera no sabían responder a qué había sucedido ni si el viento podía empujar los residuos del volcán hacia la vertiente este de la Isla. Había transcurrido escaso tiempo desde la explosión.

Es por ello que, adoptando un criterio de prudencia, el avión dio la vuelta y aterrizó de nuevo en Tenerife Norte. La tripulación pidió disculpas por las molestias ocasionadas y puso a los pasajeros al tanto de lo que ocurría. Luego, al arribar al aeropuerto, pudo despegar una segunda vez y alcanzar su destino. Como en tantos otros acontecimientos relevantes de la historia, los ocupantes del avión difícilmente olvidarán dónde estuvieron cuando estalló el volcán de Cumbre Vieja.