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La vuelta al cole más complicada para los niños palmeros afectados por el volcán

En el valle de Aridane, en el suroeste de La Palma, hay niños que han perdido su hogar y también su colegio bajo un río de lava
Evacuación en Todoque, una de las zonas más afectadas por la lava. | Fran Pallero

*Por Jorge Morales (EFE).

En el valle de Aridane, en el suroeste de La Palma, hay niños que han perdido su hogar y también su colegio bajo un río de lava.

Pero la vida continúa mientras el volcán sigue a lo suyo, rugiendo y escupiendo magma sin parar, y la mejor demostración es la vuelta a la rutina. En el caso de los más pequeños, la vuelta al cole.

Probablemente sea la más complicada, por el impacto emocional de la tragedia y también por las dificultades logísticas y organizativas.

La Consejería de Educación del Gobierno de Canarias prevé que a lo largo de la próxima semana los niños vuelvan a clase. Aún está por decidir si se reagruparán en un solo centro o en varios para mantenerlos lo más cerca posible de su entorno.

El lunes se incorporará el profesorado a los centros para ultimar detalles.

Los que han quedado en pie, porque el volcán se ha llevado por delante dos escuelas unitarias, la de Los Campitos, en El Paso, y la de Todoque, en Los Llanos de Aridane, y ha dejado incomunicados otros tres. En total son 123 los niños afectados.

Ángeles Pérez, directora de la escuela unitaria de Los Campitos, señala a Efe que 19 de los 23 alumnos matriculados perdieron sus casas y otros están en vilo, pendientes de la evolución de las diferentes coladas.

Cuenta que hay padres que quieren que sus hijos vayan cuanto antes a clase, aunque sea en un aula nueva, y hay otros que necesitan más tiempo para tomar una decisión, porque, de momento, “no soportan volver al valle -de Aridane- ni el rugido del volcán”.

Los niños, en general, “quieren volver ya”, apunta Ángeles Pérez, quien se emociona al recordar cómo alguno de sus alumnos, a los que considera como de su familia, le han preguntado estos días si su cole “se puede arreglar” o si pueden ir a ver a las gallinas que criaban en el huerto o a sus muñecos.

“Primero fue la pandemia y ahora esto. Si es demasiado para los adultos, imagina para los niños”, lamenta la directora de la escuela rural de Los Campitos, donde había “un vínculo especial. Éramos, y somos, como una familia”, asevera Pérez.

Opina que a los niños les vendrá bien volver a la rutina, estar con sus compañeros y con sus profesores, para “sentirse arropados” y desconectar por unas horas del drama cotidiano que viven en casa. “A veces acaban llorando porque ven a sus padres llorar”, afirma.

Por eso, no habrá “nada de contenidos” en los primeros días de clase. La prioridad será gestionar las emociones.

Ésa es también la consigna en el colegio de infantil y primaria Adamancasis, en El Paso, donde el 10% de sus 255 alumnos han sido desalojados de sus viviendas.

Este centro no se ha visto afectado por el volcán, salvo por la suspensión provisional de las clases, pero está a apenas 4 kilómetros del foco eruptivo del volcán.

Su directora, María Yenis Rodríguez, cuenta a Efe que son una amplia mayoría las familias dispuestas a retomar las clases, siempre y cuando se den las condiciones de salud y seguridad necesarias.

Entre los padres y alumnos “hay nervios, miedo, incertidumbre y dudas. También entre los profesores”, admite Rodríguez.

“La situación es muy complicada. El volcán ruge constantemente, no sabemos si se van a abrir más bocas -eruptivas-, si volverán los temblores, las explosiones. Estos días no paran de caer piedrecitas -piroclastos- y se escucha el tic tic tic en los cristales. Parece que llueve”, describe.

A todo esto añade la dificultad de gestionar dos protocolos que se van a solapar: el del covid-19 y el de la emergencia volcánica.

Uno recomienda abrir ventanas, airear espacios interiores y organizar en el exterior cuantas actividades sean posibles; el otro, justo lo contrario para evitar las cenizas y posibles emisiones de gases nocivos.

“Todos queremos volver, pero las circunstancias lo complican. ¿Cómo haremos? ¿Cómo nos organizaremos? No veo fácil una respuesta inmediata”, apunta la directora del CEIP Adamancasis.

Menos dudas alberga respecto a lo que primará en las aulas cuando los chicos vuelvan: “mucho cariño y delicadeza”. Tiempo habrá para las mates, lengua o sociales. Tiempo al tiempo.

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