política

Una medalla, un rey de España, un volcán devastador y dos pastores alemanes

Muchas medidas de seguridad y pocos ciudadanos esperando a Felipe VI, que ayer entregó la medalla de oro de la Real Academia de Bellas Artes al Parlamento de Canarias y se reunió con el sector turístico

El rey, Felipe VI, observa a Gustavo Matos, presidente del Parlamento, durante su intervención de ayer/Sergio Méndez

El rey visitaba ayer el Parlamento canario para darle a la cámara autonómica la medalla de oro de la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel. La distinción se otorgó en 2020, pero nada como un jefe del Estado para darle lustre a la entrega. Así que Cronos y Rambo, dos pastores alemanes venidos de Madrid, olisqueaban entusiasmados el palco donde se sientan invitados y periodistas. El personal de seguridad real, con seca eficiencia castellana y pulsiones castrenses, contralaba las entradas y salidas que ya habían controlado los que trabajan allí todos los días. Jesús y Feliciano, subalterno y conductor del Ayuntamiento de Santa Cruz en la vida normal, se ponían el traje de maceros. Y una larga alfombra roja y gruesa esperaba a la llegada de Felipe VI.

Fuera, Javier y Airam ya estaban bien posicionados. Carlos, trabajador de Justicia, señalaba al francotirador que vigilaba desde la azotea de otro edificio, a veces en posición de disparo y observando a través de la mira telescópica. Antonio, maestro jubilado, decía que “siempre” le ha “gustado la familia real”, pese a los devaneos fiscales del emérito. “Porque también hay que quedarse con lo bueno que ha habido”.

Había poca gente, pero cuando llegó el monarca, se escuchó a algún entusiasta gritando: “¡Viva el rey!” María estaba casi descompuesta de la emoción. “Soy monárquica, le tengo mucha admiración”, decía entre lágrimas mientras Sole se reía, feliz, porque se había fugado un rato del trabajo. El presidente del Parlamento, Gustavo Matos, y el presidente del Gobierno, Ángel Víctor Torres, recibían a Felipe VI. También estaban la ministra de Turismo, Reyes Maroto, y la de Sanidad, Carolina Darias. Y todos enfilaron rumbo al patio, donde les esperaban la espiral del artista Martín Chirino y la puerta principal, abierta de par en par. Antes de entrar al salón de plenos, hubo una especie de besamanos sin besos, y pasaron los distintos invitados: estaban los expresidentes Jerónimo Saavedra, Lorenzo Olarte, Manuel Hermoso y Paulino Rivero; todos los presidentes de los cabildos, menos el palmero Mariano Hernández Zapata; y los distintos portavoces parlamentarios, entre otros.

Imagen de los expresidentes Jerónimo Saavedra, Lorenzo Olarte, Manuel Hermoso y Paulino Rivero/Sergio Méndez

Durante el acto, se habló de la medalla. Carlos de Millán, presidente de la Real Academia Canaria de Bellas Artes, destacó el papel de la institución, su vínculo con la monarquía y el impulso que ha dado a la cultura en Canarias. También señaló la estrecha relación del Parlamento con el movimiento artístico, y enumeró a los creadores que tienen alguna de sus obras por los pasillos y salones de la Cámara: Manuel González Méndez, José Abad, Felo Monzón, Pedro González, Lola Massieu… El presidente del Parlamento, Gustavo Matos, agradeció la distinción, que recibió de manos del rey. Habló de la relevancia de la Academia, de la pandemia que vamos superando, de que pronto cumplimos 40 años de parlamentarismo. Y del volcán y el “compromiso” de la Familia Real con La Palma. “Toda mi cercanía y todo mi afecto a todas las palmeras y todos los palmeros”, dijo luego Felipe VI para evidenciar su “solidaridad” con la situación de La Palma. El rey cerró el acto destacando que era un “honor” hacer entrega de la medalla, que es también para todo el archipiélago por la “condición representativa” que tiene el Parlamento del “pueblo canario”.

Fue corto el discurso del rey, mucha ceremonia para poca chicha. Quizá porque lo sustancial estaba en la reunión que luego tuvo el monarca con el Consejo Canario de Turismo. Pero ahí no pudimos estar, salvo en la foto de familia que Felipe VI se hizo con el sector. También una videoconferencia con autoridades de La Palma y responsables del Pevolca para interesarse por la erupción. Y no volvimos a verlo hasta las dos y pico de la tarde, cuando abandonó al Parlamento y se acercó a la gente antes de subir al coche. Había algunos más que antes. Ahí seguían Javier y Airam esperando. Cuando se marchó, volvió el relax entre la policía que vigilaba la calle. Algún miembro del personal de seguridad fumaba tranquilo. Y un francotirador bajaba la calle con el rifle metido en una funda, como si fuera una raqueta.