Erupción La Palma

Proteger a los niños de una tristeza que se cronifica tras más de dos meses de erupción

Se buscan espacios libres de la sensación de proximidad del volcán, pero también el equilibrio, el ritmo vital y la salud emocional

La afección sobre la población infantil y juvenil de la comarca del Valle de Aridane por los efectos del volcán se hace notar. Muchos de los menores desalojados y desplazados, estos últimos sin viviendas a las que regresar y en entornos alejados de sus barrios, ahora desaparecidos, en convivencia con un mayor número de familiares, se han convertido en “pequeños adultos”, tal y como los describen sus propios progenitores. Otros, en cambio, acusan sus propias aflicciones e incertidumbres, que expresan con comportamientos nerviosos, disruptivos o problemas de concentración.

Los ayuntamientos de El Paso y Los Llanos de Aridane, a través de distintas áreas de intervención, han puesto sobre la mesa programas de excursiones al norte y este de La Palma, orientadas a los niños de estos municipios que se han visto afectados por la erupción volcánica. El objetivo: que recuperen un espacio libre de la sensación de proximidad del volcán, pero también el equilibrio, el ritmo vital, los vínculos perdidos y la salud emocional. La persistencia de la erupción y la prolongada espera por la recuperación de la normalidad obliga a estas actuaciones, que se han llevado a cabo con salidas los fines de semana a pueblos como Tijarafe, Garafía y Breña Alta. En el caso del Consistorio de El Paso, su concejala de Asuntos Sociales, Ángeles Fernández, apostó por atender con estas salidas de ocio fuera de la comarca a los menores de entre cinco y 14 años. “Necesitan unas horas de desconexión, fuera del municipio, con entretenimiento saludable y lejos de la ceniza, del ruido y, por unas horas, de la presencia del volcán”, explicó.

Cuando hay más barreras

Entre los cientos de niños afectados por esta realidad, marcada por una crisis volcánica que condiciona las vidas de miles de personas en el Valle de Aridane, se encuentran escolares con sordera. La realidad del volcán es para ellos más angustiosa. Imágenes de la erupción y las coladas, nuevas o antiguas noticias que les deben ser reinterpretadas para evitar ansiedad por no saber, siguen apareciendo de forma recurrente frente a ellos. La Fundación Canaria para las Personas con Sordera y sus familias, Funcasor, está prestando un servicio esencial a los escolares con sordera que están inmersos también en esta burbuja del color de la ceniza del volcán, en la que es más necesario que nunca el apoyo. Marjorie Lorenzo Fernández, trabajadora social y experta en Intervención Psicoterapéutica, trabaja con estos menores con sordera prestando, además, asesoramiento y apoyo a sus familias. Explica que “es muy importante darles servicio para hacer accesible la información y evitar los miedos”.

Si bien hay intérpretes de la lengua de signos en las ruedas de prensa y las comunicaciones oficiales, tanto a través del subtitulado, como en la interpretación, no ocurre así en el resto de información ni en la gran mayoría de medios audiovisuales, lo que dificulta notablemente el entendimiento de la actualidad del volcán.

Los servicios que presta Funcasor en La Palma desde el pasado 19 de septiembre se encuentran operativos y coordinados con los servicios sociales de los 14 municipios de la Isla y con el Cabildo Insular para dar prioridad a la población afectada por el volcán. También se ha puesto a disposición de las personas con sordera y sus familias el Servicio de Psicología de la entidad, que es totalmente accesible y gratuito.

La atención a los menores deberá ser una prioridad, también en el marco de un servicio de psicología que en La Palma cuenta con solo cinco profesionales en el Servicio Canario de la Salud, ahora reforzado por el equipo presente en la Oficina de Atención a los Afectados por el Volcán, en Los Llanos de Aridane. Este servicio se inició de forma voluntaria hasta que se evidenció que son imprescindibles en el proceso de reconstrucción vital de miles de personas en La Palma. Las secuelas de esta conmoción sobre los menores de edad han sido ya señaladas por algunos expertos, entre ellos Estefanía Martín, quien ha recordado que las peores secuelas y consecuencias las ha detectado entre la población infanto-juvenil.

Antes de la erupción del volcán en La Palma e incluso antes de la pandemia, los datos de Sanidad indicaban que más de 1.300 personas, entre adultos y jóvenes, son pacientes con enfermedad mental en la Isla, datos que están pendientes de actualizar y que, según todos los indicadores, se verá notablemente incrementado. Desde el mismo día de la erupción, más de 60 psicólogos voluntarios comenzaron a ofrecer apoyo psicológico a través del teléfono gratuito que puso a disposición de los afectados el Colegio Oficial de Psicología de Santa Cruz de Tenerife, y una treintena, los que acompañaron y atendieron en la Isla a las personas evacuadas.