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Stavros Meletlidis: “Debemos desterrar la idea de que las erupciones en Canarias son tranquilas”

La erupción del Timanfaya, en Lanzarote, duró seis años (1730-1736)

El vulcanólogo del Instituto Geográfico Nacional (IGN) Stavros Meletlidis pide desterrar la idea extendida de que las erupciones en Canarias son “tranquilas”, y, de paso, que no se tome como única referencia a la del Teneguía por ser la más próxima, ni siquiera a las de los últimos 500 años.

Meletlidis señala a Efe que “deberíamos salir un poco de la comparación con el Teneguía” y “no quedarnos en las erupciones históricas”, las que han sido documentadas, sino ampliar la perspectiva para ver “cómo se ha comportado el volcanismo desde que las islas existen”.

Explica que el volcanismo basáltico en Canarias ha tenido ejemplos de erupciones “cortas y de poco volumen” de material expulsado, como el Teneguía (1971) o el Chinyero, en Tenerife (fue en 1909 y duró diez días), pero también otras más productivas y duraderas, también en La Palma, como las del Birigoyo o Las Deseadas.

Por no citar al Timanfaya, en Lanzarote, cuya erupción duró seis años: 1730-1736.

“Al fin y al cabo hablamos de volcanismo canario”, y al mismo se debe circunscribir “el patrón” del volcán que comenzó a erupcionar el pasado 19 de septiembre en Cumbre Vieja, sostiene este experto.

Y si es por proximidad temporal, recuerda que el volcán submarino Tagoro, en El Hierro, erupcionó hace apenas diez años.

Aquel volcán “es el doble de tamaño que éste”, apunta el científico del IGN. Su base tiene un diámetro de un kilómetro y supera los 300 metros de altura.

También destaca Meletlidis que el Tagoro lanzó bombas volcánicas que alcanzaron la superficie del mar, lo que “no es poca cosa”.

Todo esto viene a cuento de la idea de las erupciones tranquilas en Canarias, que pide ignorar, y del riesgo asociado a la actividad volcánica.

“De acuerdo que ésta es una erupción estromboliana y es relativamente tranquila… el problema es dónde salió el volcán”, indica el vulcanólogo del IGN, quien opina que de haber tenido la duración o la intensidad del Teneguía o el Chinyero habría provocado “el mismo problema” en viviendas, fincas e infraestructuras.

“Todos los volcanes generan lava y columnas de ceniza. Ahí no se puede hacer nada. Lo que cambia es el riesgo” asociado al nivel de desarrollo de cada lugar, razona.

“Depende de lo que haya a las faldas del volcán” y, en el caso del Cumbre Vieja, subraya, las coladas han discurrido o amenazan con discurrir por un ámbito con “viviendas, carreteras, puentes depósitos de agua, un puerto…”

Stavros Meletlidis opina que la erupción del nuevo volcán de La Palma está pasando por los “procesos esperables” dentro de los patrones de la vulcanología en Canarias.

Ahora ha entrado en una fase de emisión de muchas cenizas mientras continúa la efusión de lava, no tan intensa como hace una semana tras la última reconfiguración del cono.

Cree que hasta que no concluya el proceso eruptivo no se podrá cuantificar con exactitud la cantidad de lava y de piroclastos emitidos por este volcán, así como su índice de explosividad, y así saber cuál es su magnitud en la comparativa con otros volcanes desde la formación del archipiélago.

Según las últimas estimaciones en base a la emisión de dióxido de azufre, el material emitido, entre el cono, las coladas y la fajana rondaría los 100 millones de metros cúbicos.

Meletlidis aguarda a que haya un “mapeo completo” de las coladas para hacer cálculos más exactos, habida cuenta de que hay “mucha lava” discurriendo por los tubos volcánicos y coladas que se superponen unas sobre otras.

Tanto que, en apenas unos metros de diferencia, una colada puede variar en altura de tres a veinte metros, explica.

Mientras dure la erupción, la comunidad científica seguirá monitorizando el volcán desde todos los ángulos posibles.

Uno de ellos es el análisis de los llamados “observables geoquímicos”, esto es, de los gases emanados del suelo y de los disueltos en agua.

El técnico del IGN explica a Efe que muestras que se remontan a los días previos a la erupción corroboran lo observado a través de datos sísmicos y geodésicos: una correlación entre la deformación del suelo y el aporte de gases magmáticos.

La importancia de todo esto es que se trata de “datos fiables” que “fortalecen la interpretación en su conjunto de lo que está pasando”. 

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