la palma

Raúl, el artesano de la exquisita orfebrería de la filigrana

Este artesano tiene clara su voluntad de continuar trabajando pese a las adversidades; quiere seguir creando bellas piezas de orfebrería con más de tres siglos de historia

Hace 25 años, cuando Raúl Rodríguez terminó por pura casualidad haciendo un curso de joyería en su tierra natal, Colombia, no podía imaginar que se convertiría en el único artesano de orfebrería, especializado en filigrana, registrado oficialmente, con carnet que lo acredita y que lo convierte en creador singular. Su trabajo es minucioso, metódico, elaborado y precioso.

Tras 17 años en La Palma, a la que vino por un período máximo de dos años hasta que conoció a la palmera con la que formó un hogar, confiesa que 25 años atrás sintió un flechazo al conocer la filigrana. Sus trabajos son reconocidos dentro y fuera de Canarias, donde ahora le llueven los encargos a los que trata de dar respuesta poniendo el mismo empeño, cuidado y meticulosidad en cada una de sus valiosas piezas y con una técnica original de Oriente Medio con más de 3.000 años de historia. “La orfebrería de filigrana requiere de muchas horas de trabajo, con finísimos hilos de metal, oro y plata, en formas huecas o figuras previamente elaboradas para crear complejas piezas de joyería; es un proceso fino y delicado”.

La actividad artesanal, también le ocurre a Raúl, es una tarea que lo retroalimenta en un quehacer que disfruta, pero que compite con la globalización de la industrialización. Sus piezas, frente a eso, cobran mayor valor. “Elaboro rosarios, pendientes, prendedores, broches y anillos, muchas veces por encargos y como complemento de los trajes típicos”. Así, gracias al trabajo de Raúl y a su pasión por la orfebrería, La Palma se enorgullece de un ser humano palmerizado que reconoce que “cuando sales de la tierra donde has nacido, parece que no perteneces a ningún sitio, pero La Palma es ya mi tierra, donde está mi familia y donde me gusta estar, donde el mayor valor por el cariño y el afecto, está en su propia gente”.

La vida de un artesano como Raúl, primero con la pandemia y el miedo al futuro, no es fácil, especialmente si tras el respiro que dio a la economía el fin de las restricciones, erupciona un volcán en el valle donde vive, donde cría a tus hijos y donde quiere quedarse. Pero Raúl tiene clara su voluntad de seguir trabajando, seguir creando bellas y únicas piezas de orfebrería con esta milenaria técnica de la filigrana, todo desde La Palma, a la que su actividad artesanal, como autónomo y a través de un mimada página web donde promociona su trabajo, da una proyección internacional que traspasa todas las fronteras físicas. La filigrana, el medio de vida para Raúl al que se acerca con interés su hija de ocho años, ya era conocida como técnica orfebre en las civilizaciones más antiguas. Griegos, egipcios y etruscos la utilizaban para trabajar el oro y la plata. También se utilizaba en China e India para crear elementos decorativos. Y en la América precolombina, el trabajo de los orfebres alcanzó gran difusión. En pleno siglo XXI, en la isla de La Palma, Raúl respeta escrupulosamente la tradición y la innovación es una tentación a la que, en la mayoría de los casos, renuncia, vencido por el poder de un proceso que termina en piezas de belleza hipnotizante.

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