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Extraterrestres en Tenerife

¿De verdad aterrizaron extraterrestres en Tenerife?
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Composición mostrando un ovni sobre la Montaña Roja (Tenerife). Misterios de Tenerife. Descúbrelos. Escapop

A lo largo del siglo XVIII, de vez en cuando aparecían en la prensa británica noticias relacionadas con las Islas Canarias y otras zonas cercanas. Disponemos de una maravillosa fuente “online”, el British Newspaper Archive (Archivo de prensa británica) que proporciona una información fascinante sobre hechos que ocurrieron hace cientos de años y de la que estamos extrayendo las noticias que recogemos en esta serie, que finalizará cuando el próximo verano vayamos a celebrar el 225 aniversario de la Gesta del 25 de Julio.

El 4 de septiembre de 1787 el Chester Courant comunicaba la siguiente noticia aparecida en la Gaceta de Madrid (1). (La verdad es que no sé lo que hacer con esta historia. ¿Alguien estaba engañando al gobernador y sus colaboradores en Tenerife? ¿Estaba el gobernador engañando a la Corte de Madrid? – cosa altamente improbable, a menos que el gobernador estuviera loco-. ¿Alguien en la prensa de Madrid estaba engañando a los lectores británicos enviando un informe falso? O… ¿de verdad aterrizaron extraterrestres en Tenerife? Traducción de una Carta de Su Excelencia el Gobernador de la Isla de Tenerife, al Secretario Principal de Su Majestad Católica.

20 de junio de 1787

Considero que es un deber inexcusable despachar un barco correo con la siguiente trascendental información, que no solo se refiere a la gloria y extensión de los dominios de Su Majestad, sino que probablemente también se convertirá en un tema de asombro y admiración en todo el globo terráqueo; y debe tranquilizarme que una información oficial, de tan importantes consecuencias para el mundo científico, sea certificada por el obispo de La Laguna y todos los sacerdotes y abades de nuestra Santa Iglesia residentes en esta Isla, lo que atestiguará suficientemente su autenticidad, no solo ante su Sagrada Majestad y todos sus fieles súbditos, sino también ante el resto de la Humanidad interesada en tan inesperado y extraordinario acontecimiento.

El día 15 del actual mes, hacia las diez de la mañana, (cuando el cielo aparecía notablemente claro y tranquilo) las miradas de todos los habitantes de la isla se concentraron en un prodigioso y gran globo que flotaba en el espacio ¡y perceptiblemente descendía, en una lenta y suave trayectoria, hacia el Pico de Tenerife! Algunos de los espectadores vieron, o creyeron haber descubierto, un resplandor centelleante que rodeaba el fenómeno y, con la fuerza de la imaginación y la ayuda de prismáticos, distinguieron claramente una cola ardiente, por lo que muchos concluyeron que debía tratarse de una estrella errante, o una bola de fuego, o algún cometa excéntrico, desviado de su trayectoria original por una alteración en el sistema planetario, y que viajaba por nuestra atmósfera. Todo era terror y consternación, y las iglesias llamaron a los fieles a la oración. Mientras tanto, otros, de razonamiento más cinetífico, aseguraron haber descubierto tras él un vehículo o carro volador; entonces la gente de formación clásica, recordando la mitología pagana, concluyó que se trataba de alguna divinidad que, una vez más, descendía a visitar nuestras mortales moradas. Pero los conventos y monasterios continuaron ofreciendo sus oraciones y jaculatorias piadosas, esperando e implorando la intervención de sus Santos Protectores.

Pero, antes de que la imaginación pudiera detenerse por más tiempo en esas diversas quimeras, el objeto apareció mucho más cercano. ¡Y, con la ayuda de un gran telescopio reflector de nuestro Observatorio, vimos que era un inmenso Globo Dorado, del cual colgaba una espléndida galería muy elegantemente pintada! Y que en ella se encontraban dos figuras, en apariencia humanas, ondeando unas banderas.

Dado que la máquina apuntaba ahora directamente al centro de la Isla, y que parecía mantenerse estacionaria, como si buscara un lugar de aterrizaje seguro, todos los propietarios de mulos y caballos montaron de inmediato y cabalgaron con febril impaciencia hacia la base de la montaña, cerca de la ciudad de La Laguna, seguidos por una multitud a pie. Tuve la buena suerte de encontrarme en la cabecera de esta muchedumbre cuando los navegantes aéreos, tras arrojar unas anclas, iniciaron un descenso vertical, como a diez millas de Santa Cruz, cerca de la base de la gran Montaña. Entonces tomamos las cuerdas y, tirando de ellas con suavidad, bajamos a tierra el globo y el carro.

Después, con inigualable asombro, contemplamos como dos fantásticas y extraordinarias figuras saltaron de la máquina voladora y, poniendo ramas de palmeras y olivo a nuestros pies, se dirigieron a nosotros en un idioma que nos era totalmente desconocido; su aspecto, vestimenta y modales (que se describirán más adelante) nunca se habían visto anteriormente en ningún país o nación sobre la Tierra, y de hecho, después de lo que luego contaré, Su Majestad no se sorprenderá de mi afirmación.

  • Original en inglés: Alastair F. Robertso
  • Traducción: Emilio Abad Ripoll.
  • Miembros de la Tertulia Amigos del 25 de Julio

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