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José Padilla: “No tengo problemas con mis oficios teatrales; si el director debe tachar dos folios del dramaturgo, lo hace sin piedad”

'Papel', la obra escrita y dirigida por el dramaturgo tinerfeño, es finalista al Mejor espectáculo para público infantil, juvenil o familiar de los XXV Premios Max de las Artes Escénicas
José Padilla
José Padilla: “No tengo problemas con mis oficios teatrales; si el director debe tachar dos folios del dramaturgo, lo hace sin piedad”. / Javier Naval

El Teatre Principal de Maó, en la isla balear de Menorca, es el lugar escogido para celebrar el 6 de junio la entrega de los XXV Premios Max de las Artes Escénicas. Sin duda, ese día habrá muchos habitantes de este otro archipiélago pendientes de una gala que se podrá seguir a partir de las 19.00 horas por La 2 de Radiotelevisión Española y también a través de su Canal Internacional y de RTVE Play.

El teatro hecho en Canarias o por canarios tiene doble presencia en la relación de candidatos de esta edición de los Max. Moria, la obra teatral inmersiva de Unahoramenos en torno al drama de los refugiados -o mejor, de tres mujeres refugiadas y sus familias-, dirigida por Mario Vega, aspira a llevarse el Max a la Mejor labor de producción. En otra categoría, la de Mejor espectáculo para público infantil, juvenil o familiar, se encuentra la compañía madrileña Ventrículo Veloz con su montaje Papel. El autor y director de esta obra es José Padilla (Santa Cruz de Tenerife, 1976).

No es la primera ocasión que el dramaturgo, director y actor tinerfeño opta a un Max. De hecho ya ha recibido dos. En 2017 por Historias de Usera, un texto en el que compartió dramaturgia con Alfredo Sanzol, Miguel del Arco, Denise Despeyroux, Alberto Olmos y Alberto Sánchez-Cabezudo, y en 2019 por Dados.

Sin embargo, la ilusión permanece intacta. Aunque, eso sí, más que por ser de nuevo finalista a uno de los galardones con los que el gremio de las artes escénicas rinde homenaje a sus profesionales, que también, sobre todo por ejercer un oficio que a la vez es pasión. Un entusiasmo del que José Padilla da buena muestra en esta charla que ha mantenido con DIARIO DE AVISOS.

-En la trilogía ‘Veloz’, la obra ‘Por la Boca’ trata acerca de los trastornos de la alimentación; ‘Dados’ versa sobre la identidad de género, y ‘Papel’, del acoso escolar. ¿El teatro, como usted lo entiende, es siempre social?

“Sí, lo es. Y también político. Pero no solo cuando aborda de manera explícita un tema que apela a la sociedad, entendida como el conjunto de todos nosotros. El teatro es lo que sucede cuando alguien sale a un escenario para hablar con sus conciudadanos. Ese es también el origen de la política y, de hecho, las cosas no han cambiado demasiado hasta hoy. El teatro es ocupar un estrado y proponer una reflexión, compartir unas ideas ante un grupo de personas, todas iguales y diferentes, para que se genere un debate. De manera que sí: todo teatro es político”.

“Todo el teatro es político, pues consiste en ocupar el estrado, compartir ideas y proponer una reflexión”

-‘Papel’ es finalista en los Max en la categoría de Mejor espectáculo infantil, juvenil o familiar. Pero, al margen de los reconocimientos públicos, ¿cuáles son las mayores satisfacciones que les ha dado a usted y a Ventrículo Veloz esta obra?

“Lo fundamental es compartir Papel con el público, no solo el juvenil, que por supuesto es parte esencial de toda esta historia, y apreciar que lo que proponemos conmueve y lleva a la reflexión a todo tipo de personas. Estamos contando con un público muy variado: jóvenes, familias, parejas, amigos, mayores. Y, de alguna manera, les ha llegado el mensaje de la función, que, como en Por la Boca o en Dados, se basa también en plantear un debate. Esa es la mayor satisfacción que podemos tener en Ventrículo Veloz”.

-Propuestas como esta poseen una intención de sensibilizar a los más jóvenes, de interpelarlos sobre su papel en un mundo complejo. ¿Qué respuesta percibe de este público cuando tiene la oportunidad de presentarle su texto?

“Mentiría si no dijese que al principio el público reacciona con sorpresa. Entiendo que eso tiene que ver con la forma en la que se ha planteado la función. Creemos que Papel, por ejemplo, no cae en un discurso maniqueísta y simplista de buenos y malos, y ya está. Creemos que todo es bastante más complicado como para limitarnos únicamente a emplear colores extremos”.

Papel tampoco cae en la condescendencia, no tratamos al joven con una mirada altiva que, a mi juicio, lo único que generaría, y sería un grandísimo error por nuestra parte, es un lógico rechazo. A nadie le gusta que lo miren por encima del hombro. Así que la reacción del público yo diría que ha sido de sorpresa, luego de agrado y más tarde de reflexión ante lo que ha estado viendo, e incluso de emoción”.

-¿Y en qué ha consistido esa emoción de la que habla?

“En algún encuentro con el público se han producido revelaciones de personas que en el pasado llegaron a sufrir episodios de acoso escolar muy dolorosos y, por ello, al contemplar Papel se han sentido, de alguna manera, reconfortadas por lo que se escenificaba en el teatro”.

“En las artes escénicas, las dificultades cambian de forma, pero jamás dejan de estar; es una lucha permanente”

-Si echa la vista atrás, ¿recuerda el momento en el que se convenció de que quería dedicarse al teatro o todo transcurrió de una manera más azarosa y espontánea?

“Ha sido una mezcla de las dos cosas. Mi encuentro con el teatro fue ciertamente azaroso. Tuvo lugar en medio de una etapa de mi vida en la que no tenía ni idea de a qué quería dedicarme. Entonces descubrí el teatro y me di cuenta de que lo que quería hacer para siempre era justo eso que me había encontrado por azar. Era una verdad que latía en mí, pero que yo ignoraba. No sabía que el teatro me iba a atravesar tanto y, sin embargo, era así”.

-¿Y cómo fue ese hallazgo?

“Recuerdo que en el colegio, cuando en clase teníamos que hacer ejercicios teatrales, ni siquiera me atrevía a salir al escenario. Quién me iba a decir en aquel momento que iba a terminar dedicándome profesionalmente a la escena. Sin embargo, sobre todo a partir de amigos míos que se dedicaban al teatro aficionado, decidí apuntarme, solo para probar, en las escuelas de teatro del Cabildo. El teatro en el Viera y Clavijo para mí fue fundacional. Sin ese espacio yo no habría tenido este recorrido. Así que de repente encontré que ahí estaba la verdad de mi vida. Y todo eso me ha llevado hasta aquí”.

-Usted es intérprete, autor y director teatral. ¿Cómo se concilian o se alejan estas tres facetas, que también pueden entenderse como vocaciones, del arte dramático?

“Nunca he tenido grandes problemas para conciliar esas tres vertientes artísticas. Creo que lo que más me apasiona es la dirección, porque de alguna manera representa la consecución del deseo de expresar mi punto de vista sobre un escenario. Por supuesto, sin la dramaturgia ese último paso no existiría, pero realmente es ahí donde se concreta todo”.

“La dramaturgia es muy importante en mi vida. Soy dramaturgo y estoy muy orgulloso de pertenecer a esa profesión. En cuanto a la vocación de actor, es cierto que últimamente no práctico demasiado, pero creo que voy a seguir siendo actor toda mi vida. Además, mi formación es puramente actoral, no ha estado vinculada a la dirección ni a la dramaturgia. Así que no me resulta difícil conciliar estas facetas del teatro: cuando toca una cosa, toca una cosa, y cuando toca la otra, toca la otra. Y si el director tiene que tachar dos folios del dramaturgo, lo hace sin piedad. Eso es algo que siempre he tenido muy claro”.

“El teatro es el mejor sitio para no sentirse solo; es importante que haya un lugar como este donde reconocerse en el otro”

-¿Hoy es más sencillo o más complicado sacar adelante un texto teatral y escenificarlo?

“Nunca ha sido sencillo. Desde que me dedico a esto, y a lo tonto ya han pasado unos añitos, jamás he vivido un momento de facilidad. No ha existido ningún periodo en el que me dijese: ‘Qué bien, estamos todos y todas trabajando en esto del teatro y muy felices con lo que hacemos’. No conozco esa época, por desgracia. Es evidente que ahora vivimos a nivel global unos tiempos bastante complicados, pero el teatro siempre es muy sensible a todos los cambios sociales, además de a los que tienen que ver con su propia estructura”.

“Todo lo que hemos experimentado desde hace dos años para acá está condicionando al teatro en este preciso momento. Digamos entonces que la dificultad va cambiando de forma con el tiempo, pero jamás deja de estar ahí. Nunca, por lo menos en mi caso, ha existido un periodo de completa bonanza. Es una lucha permanente”.

-Si ‘Papel’ gana finalmente el Max el 6 de junio en la gala que se celebra en Menorca, ¿cuál sería su dedicatoria?
“La respuesta a esa pregunta no la tengo que pensar demasiado. Mi dedicatoria, sin ninguna duda, sería para mi hermana Mabel, que falleció hace ahora un año. Ella siempre estuvo ahí, en primera fila, para aplaudir todas mis propuestas”.

“Mi primer encuentro con el teatro fue azaroso: era una verdad que latía en mí, pero que yo ignoraba hasta entonces”

-Este es un tiempo de pandemia, de crisis, de guerra… ¿Qué papel cumple esa ceremonia de ir a un lugar, sentarse en una silla y contemplar la historia que nos relatan sobre un escenario?

“Es precisamente en los tiempos convulsos cuando el teatro reconforta más. Hay una frase muy famosa de Bertolt Brecht que a mí me gusta mucho. Viene a decir algo así como: ‘En los tiempos oscuros se cantará también, también se cantará sobre los tiempos oscuros’. Eso define la labor de las personas que nos dedicamos al teatro. Es importante disponer de un lugar de encuentro, es importante reconocernos en el otro, es importante saber que uno no está solo. El teatro es el mejor sitio del planeta Tierra para sentirse acompañado”.

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