conversaciones en los limoneros

Miguel Ángel Morcuende: “El éxito siempre estuvo en anticiparnos a los movimientos del volcán”

Director técnico del Pevolca durante los siete meses de la erupción de Cumbre Vieja
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Andrés Chaves y Miguel Ángel Morcuende. DA

Miguel Ángel Morcuende Hurtado nació en Madrid (1954), pero es canario. Y su mujer y sus hijos lo son también. Ingeniero de Montes por la Escuela Superior de Madrid, ha sido director insular de la Administración del Estado en La Palma; y también funcionario del Cabildo palmero; y director general de Disciplina Urbanística y Medioambiental del Gobierno de Canarias; y secretario general técnico de la Consejería de Política Territorial; y presidente del Parque Nacional de Garajonay durante 15 años y medio; y consejero del Cabildo Insular de La Gomera; y concejal del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma; y jefe de Medio Ambiente de las islas de El Hierro y La Gomera. Pero Miguel Ángel Morcuende no pasará a la historia por ninguno de estos cargos. Un día, cuando era inminente el comienzo de la erupción de un volcán llamado Cumbre Vieja, el consejero de Administraciones Públicas, Justicia y Seguridad del Gobierno de Canarias, Julio Pérez Hernández, le propuso a Morcuende convertirse en director técnico del Pevolca (Plan Especial de Protección Civil y Atención de Emergencias y Riesgo Volcánico de Canarias).

Morcuende se lo pensó unos días, o quizá unas horas, aceptó y lo hizo tan bien que el Gobierno de España le acaba de imponer la Medalla de Oro de Protección Civil con distintivo rojo. Entre todos, e incluyo a Gustavo Armas, director general de Seguridad y Emergencias, y a mucha gente más, a alguna de la cual iremos nombrando, lograron que una terrible crisis de siete meses se gestionara de manera ejemplar, sin fallecidos, en una labor de coordinación y de trabajo en equipo inéditos en España y quizá en el mundo. El volcán se extinguió y Morcuende es ahora un jubilado, al que llaman de otras partes del planeta para que cuente sus experiencias en la gestión de esa crisis, de la que terminó agotado, casi sin fuerzas. Su primera cita será en El Escorial, este verano, donde lo explicará todo.

-Y hay tanto que contar, Miguel Ángel.

“Por supuesto. Cuando Gustavo Armas me llamó, por encargo del consejero, para que aceptara la dirección técnica del Pevolca, le dije: “Estoy a punto de jubilarme y me estás mandando al matadero”. Pero acepté, porque yo quiero mucho a estas islas y porque tampoco podía defraudar a los que estaban confiando en mí”.

(Tengo que decir que hoy Miguel Ángel y Morcuende y Gustavo Armas han consolidado una sólida amistad, que se fue haciendo grande durante la crisis volcánica de La Palma. Y que Morcuende reconoce que lee mis artículos y mis entrevistas y así, cayéndonos bien desde el principio, fue mucho más fácil construir esta entrevista de salón que hace justicia a un hombre que pasó siete meses de su vida combatiendo a una fuerza de la Naturaleza, un volcán que sembró de fuego y cenizas a toda una isla).

-¿Qué sientes cuando se ha iniciado el expediente para nombrarte Hijo Adoptivo de La Palma?

“Pues imagínate. La Palma es nuestro paraíso familiar. Mi mujer es gomera de Hermigua, mis hijos son canarios. La gente me para por la calle y me da las gracias y yo solo he cumplido con mi deber, con el compromiso que adquirí. Ese nombramiento me llena de emoción”.

-¿Lo habías pasado tan mal alguna vez?

“Hubo momentos críticos y hasta el agotamiento hizo que pisara mal, me cayera y me dañara una costilla. Pero yo tenía el apoyo de mucha gente. Quiero citar al consejero, a Julio Pérez. Julio te da confianza; habíamos tenido algunos problemas en el operativo, claro que sí, eran de 700 a 800 personas las que dependían de nosotros. Pero Julio tiene una capacidad enorme para solucionarlo todo desde dentro, sin que trascendiera al exterior nada que no debiera trascender”.

-¿Cuál fue el gran secreto para evitar que el volcán se cobrara vidas, como hubiera sido lo más normal, dentro de la magnitud de la tragedia?

“Te lo resumiré en pocas palabras: nosotros nos anticipábamos a los movimientos del volcán. Le hacíamos un seguimiento exhaustivo e intuíamos su comportamiento eruptivo. Este fue el gran secreto”.

-Y, de paso, se aprendió mucho para gestionar futuras crisis.

“Todos, todos aprendimos mucho y todo esto ha quedado para la investigación y para la seguridad, incluyendo la monitorización. Aprendieron los científicos y aprendimos los técnicos”.

-Tendríamos que citar a personas, pero me temo que será imposible que quepan todas aquí.

“Ya digo que en diversos grados dependían del Pevolca de 700 a 800 personas. A lo mejor si cito a unas cuantas ellas representan a todos los demás: Carmen López, María José Blanco, Paco Prieto y muchos, muchos más en la Guardia Civil, la UME, los bomberos, la Cruz Roja, Protección Civil, los funcionarios del Cabildo y de los ayuntamientos, los alcaldes y concejales. En fin, muchísima gente”.

-Hubo momentos especialmente delicados.

“Sobre todo por las noches, porque por las noches la gente se asusta más y es muy difícil trabajar y medir el avance de las coladas de lava. Estamos hablando de una erupción volcánica de grandes dimensiones, que provocó alrededor de 7.000 evacuados. Cuando esas evacuaciones se producen de noche hay que calcular el pánico. Nuestra intención era evacuar solo cuando hubiera riesgo real, controlando al milímetro las evoluciones de la lava. Calcular todo eso se convertía en algo tremendamente difícil, cuando tienes una visión limitada”.

-El volcán mutó. Es decir, cambió de categoría y de forma de erupción.

“Sí, mutó de estromboliano a hawaiano, ha sido una erupción muy complicada y extraña. Y lo mismo el nivel, que estuvo entre el 2 y el 3. Los vulcanólogos han aprendido mucho de esta erupción, pero lo han pasado mal también”.

-¿Cuál fue el día más largo?

“Uf, hubo varios, cuando vimos amenazado el barrio de La Bombilla y la zona de Puerto Naos, un enclave turístico. Y cuando evacuamos Las Marinas y vimos cómo la lava amenazaba a La Condesa. Hubo varios días en que salí de mi casa por la mañana y llegaba dieciocho horas después, completamente agotado. Tuve que ser sustituido un par de veces para reponerme del cansancio. Y la verdad es que quienes me sustituyeron lo hicieron maravillosamente bien”.

-¿Corre peligro Cumbre Vieja? Ya sabes a lo que me refiero.

“Yo tengo la versión científica, entre otros, del profesor Juan Carlos Carracedo, que sostiene que todo esto se mueve en edades geológicas y que exagerar sobre desprendimientos en masa de la isla y olas gigantes es ciencia ficción. No quiero meterme en el terreno de los científicos, pero la isla resurgirá, ya lo está haciendo, y al final convertiremos una desgracia en tiempos mucho mejores”.

-¿Qué será de los terrenos afectados?

“Yo me imagino que los propietarios recibirán un justiprecio por lo que han perdido y que eso no se tocará, que será un paraje natural para disfrute futuro de la gente de la isla. Han vuelto los peces a las fajanas en el mar, todo se va poniendo en su sitio. La isla de La Palma ha crecido, aunque en lo de las ayudas es preciso actuar con rapidez, que no se eternicen”.

-Te has jubilado. Pero tienes muchos compromisos que atender.

“Sí, es verdad. Me llaman de todas partes para que explique la emergencia. Algunos gobiernos han solicitado nuestra colaboración, me refiero a la de todo el equipo. Me han invitado a la Universidad de Verano de El Escorial para que imparta unas charlas sobre la gestión de la crisis volcánica de Cumbre Vieja y allí estaré”.

-¿Hubo discrepancias en el Comité Científico?

“Sí, sí las hubo, ¿para qué te voy a engañar? Pero fueron solucionadas con muy buena voluntad y muy buen talante de sus miembros”.

-¿Te arrepentiste alguna vez de haber aceptado la dirección técnica del Pevolca?

“No, no me arrepentí nunca. He disfrutado con mi trabajo, porque salía bien. Hemos sufrido muchísimo, ya te digo que hubo momentos realmente dramáticos y de muchísima responsabilidad. Y lo celebrábamos con entusiasmo, cuando todo salía bien. Estamos en buenas manos en Canarias en lo que se refiere a emergencias. Debo destacar también la grandísima labor de la Cruz Roja y de su director autonómico de Emergencias, Domingo Luis Martín García, y de Vanessa García Grimón, la segunda de a bordo. Jamás cometieron un fallo. Verlos trabajar te inspiraba confianza”.

-¿Hay más claves para conseguir el éxito en la gestión de la erupción, como así ocurrió?

“Lo más pertinente y acertado fue que había un mando único. Y a partir de él todo el mundo asumía sus responsabilidades. No hubo un solo acto de pillaje, la población se comportó de una manera admirable. Nos ayudó mucho también Protección Civil, con sus responsables Montse Román y Marta Moreno. Todo funcionó como un reloj”.

-¿Te dieron ganas de tirar la toalla, en momentos puntuales al menos?

“No, porque yo me sentía muy apoyado, al tiempo que muy cansado en ocasiones”.

-¿Recibías ánimos de todo el mundo, entonces?

“Las decisiones las tomábamos de forma colegiada, jamás permití que nadie actuara por su cuenta. Es más fácil acertar cuando escuchas a unos y a otros, aunque a veces había que actuar con suma rapidez”.

-Otra cosa que me asombró fueron los comunicados científicos de prensa. Eran de una minuciosidad ejemplar. Estos comunicados pasarán a la historia del volcán. Se tratan de la auténtica crónica de lo que pasó.

“Se deben en gran parte a Carmen López, que es la jefa de Volcanes del Instituto Geográfico Nacional. Es una crack, una científica de primer orden, hija además de uno de los grandes pintores mundiales contemporáneos, Antonio López”.

-Cuéntame una frase que recuerdes de Julio Pérez, en medio de la crisis. Julio tiene un gran sentido del humor. Un poco cáustico. Conste que yo lo aprecio muchísimo.

“Le decía a todo el mundo: “Fíjense en los zapatos de Morcuende; él puede ir hecho un desastre cuando actúa sobre el terreno, pero siempre lleva los zapatos limpios”. Y era verdad, parece que siempre los llevo limpios. A lo mejor por eso, para que no se me ensuciaran, pisé mal y me rompí una costilla”.

-¿Ayudaron las universidades canarias?

“Muchísimo. Y los vulcanólogos. Stavros es un crack, Melecio hizo un buen trabajo con su equipo, la Agencia Estatal de Meteorología, lo mismo; Amílcar Cabrera, ingeniero de Caminos del Cabildo. Es que se hace muy difícil nombrarlos a todos y tampoco puedo olvidarme de los medios de comunicación, sobre todo de la Televisión Canaria, que puso a La Palma en el mundo. Y pido perdón si me olvido de algunos de los máximos responsables, porque fueron varios. Tampoco quiero dejar de citar a los voluntarios de los ayuntamientos afectados”.

-Ahora estás en el descanso del guerrero.

“Sí, pero es bueno aprovechar estas experiencias para lo que nos pueda tocar en el futuro en emergencias volcánicas y de otro tipo en cualquiera de las islas. Sabemos más de todo eso, y de logística, después de lo de Cumbre Vieja”.

-Pues enhorabuena, amigo, y gracias, porque has sido la cabeza visible de los héroes del volcán. Por cierto, ¿qué tal te fue con Pedro Sánchez, a ti, que eres afiliado al PP y presidente de su Comité Electoral?

“Bien, la última vez que vino, porque estuvo en La Palma en varias ocasiones, me preguntó, con cierta curiosidad: “Oye, Miguel Ángel, ¿te has cortado el pelo?”. Parece que no se le escapa ni un detalle”.

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