violencia machista

Asun, cuya hija fue asesinada en San Isidro en 2019: “Él tenía a Sara vigilada y la fue apartando”

En la semana en la que se conocerá la sentencia contra Jaime B. H., quien confesó haber matado a la joven de 26 años, la madre de la víctima denuncia en DIARIO DE AVISOS la laxitud de las leyes y de un sistema que revictimiza a las familias
asesinada en San Isidro
La madre de Sara alza la voz para exigir que se mejore el sistema judicial, acabando con la revictimización y endureciendo las condenas. FOTO: Marta Torres

“Tenía a mi hija vigilada, la fue apartando de mí y no la dejaba estar a solas con nadie por miedo a que contara lo que le estaba haciendo”. Este es uno de los recuerdos que Asun García, madre de Sara de Celis, tiene de los meses previos al asesinato de su hija de 26 años a manos de su expareja el 25 de noviembre de 2019 en San Isidro (Granadilla de Abona). A la espera de que se conozca estos días el veredicto del juicio contra Jaime B. H., el hombre que ha reconocido haber matado a la joven, Asun cuenta a DIARIO DE AVISOS su lucha para que ningún crimen machista sea juzgado como homicidio, sino como asesinato.

Sara fue una de las 55 mujeres a las que en 2019 sus parejas o exparejas decidieron arrebatarles la vida en España. Ocho de estas víctimas vivían en Canarias. Todos estos casos tienen en común que los agresores consideraban que tenían derechos sobre ellas, que sus futuros les pertenecían. Por eso, Asun no entiende que pese a que sea “evidente” la “coacción”, el “chantaje” o la “vigilancia”, las familias “tengan que demostrar en los juicios que existió premeditación para que se juzguen estos casos como asesinatos”. “Nadie mata a su expareja por un calentón, lo hacen porque no soportan perder el control sobre ellas”, sentencia.

En el caso de su hija, Asun recuerda que “fue cuando ella quiso salir de esa relación cuando él la mató” y que el “chantaje” fue lo que hizo que Sara nunca le contara nada: “Ella siempre lo hablaba todo conmigo y si en aquella ocasión no lo hizo fue porque él jugaba con la pena, la manipulaba, la tenía sometida psicológicamente. Él lloraba y le decía a Sara que no tenía a dónde ir y por eso a ella le daba miedo contármelo. Yo le habría echado”.

La madre de la joven asesinada en San Isidro piensa que “quizás Sara creía que podía controlar la situación sola, como ocurre con muchas víctimas”. Su hija sí contó la situación de control por la que estaba pasando a dos amigos, pero les pidió que guardaran el secreto. Una señal de alerta a la que en aquel momento no se dio importancia: “Es verdad que en estos casos se debe avisar y, quizás porque todavía se cree que se pisa el terreno personal, no se hace. Pero no se puede culpar a nadie porque no podían adivinar lo que él haría”.

Revictimización

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Asun, madre de Sara, la joven asesinada en San Isidro en 2019. FOTO: Marta Torres

El pasado martes Asun tuvo que argumentar, en su declaración en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife, por qué en el caso de Sara hubo “premeditación” y “alevosía”: “Claro que hubo premeditación y alevosía. La tenía controlada por todas las redes, la vigilaba. Ella le había dejado y él entró en su habitación mientras ella estaba dormida y la mató. Lo hizo porque no soportaba que lo dejara”.

La madre de Sara tuvo que revivir así el crimen, en lo que en violencia de género se conoce como ‘revictimización‘. Por eso, pide que se cambien las leyes en España para que la fiscalía acuse a quienes cometen estos delitos de asesinato: “Ahora mismo, las víctimas estamos en una total indefensión”.

Asun recuerda que ya en 2021 el Parlamento Europeo pidió que se tipificaran los casos de violencia de género como un delito internacional, lo que implica penas mayores que en los homicidios dolosos: “Estamos hablando de que En España por un homicidio se cumplen como mucho 15 años de cárcel y 10 de libertad vigilada, mientras que en un asesinato la condena va de 20 a 25 años de prisión más 10 años de libertad vigilada”.

Tres años sin Sara

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Los asesinatos por violencia machista dejan una huella dolorosa en el conjunto de la sociedad y, especialmente, en las familias. FOTO: Marta Torres

El crimen de Sara ha dejado una huella dolorosa en la vida de todas las personas que la conocían. Su madre la tiene presente cada día y la echa “muchísimo de menos”. Piensa en ella como la joven alegre que era, a la que llamaban la “payasa” de la casa, la pequeña de sus hermanas. Tenía 26 años y comenzaba su proyecto de vida. Trabajaba como informática en el Instituto Tecnológico de Energías Renovables y antes había estado de prácticas en el Ayuntamiento de Granadilla. “Se hacía querer por todo el mundo”.

En los próximos días se conocerá el veredicto del juicio contra el hombre que mató a Sara de Celis. Para la madre de la víctima, la sentencia no reparará el daño: “Por mucho que le condenen, Sara no va a volver. Sigo sin saber cómo se afronta este hecho”.

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