los realejos

Las mujeres para las flores, los hombres para los fuegos

Los vecinos de las calles El Sol y El Medio juntan hasta último momento 'las perras de la cruz', un trabajo en el que se implican todos, sin distinción de edad ni género, con el fin de conseguir el dinero para las Fiestas de Mayo que viven hoy su día grande
Mari y Jacob, vecinos de la calle El Sol, apuntan en una libreta 'las perras' que han conseguido para la cruz, igual que lo hacen en la calle El Medio Lola y Juani, . Sergio Méndez
Mari y Jacob, vecinos de la calle El Sol, apuntan en una libreta ‘las perras’ que han conseguido para la cruz, igual que lo hacen en la calle El Medio Lola y Juani. Sergio Méndez

Yaya, Lola y Carmen Luisa llegan puntuales a la cita en la capilla. Más tarde se incorporan otras vecinas de la calle El Medio para terminar de organizar los preparativos de las Fiestas de las Cruces y Fuegos de Mayo, que este año se esperan con más fervor y ganas que nunca porque vuelven a celebrarse en la calle tras dos años de pandemia.

De forma paralela, en la calle El Sol, Mari Negrín y Jacob Expósito, van tocando las puertas para pedir ‘las perras de la cruz’. Ella guarda en una pequeña bolsa de plástico el dinero que recauda mientras que él, anota en una libreta las aportaciones y los nombres de los vecinos que colaboran, que son la inmensa mayoría.

Lo mismo que hace Lola, aunque en un cuaderno de mayores dimensiones.

Lo cierto es que en Los Realejos todo vale para conseguir el dinero destinado a cubrir los gastos de esta celebración, un trabajo en el que se implican los vecinos de ambos barrios, sin distinción de edad ni género.

Los dos barrios ya han engalanado con flores de papel de colores sus vías y se preparan para disfrutar hoy del día grande de las fiestas con el pique de los fuegos y las flores, la traca pirotécnica y las cruces engalanadas en todo el municipio, aunque ayer, en el núcleo de la Cruz Santa, muchas familias abrieron los patios de sus casas para que el público visite los maderos engalados, una seña de identidad que se traspasa de generación en generación desde hace más de tres siglos.

‘Las perras para la cruz’ también son una seña de identidad en la que se implican niños y adultos, incluso en tiempos de la posguerra y pese a la pobreza, se “buscaba hasta debajo de las piedras para mantener el pique entre las dos calles y satisfacer las promesas realizadas a la cruz”, escribió el historiador realejero Álvaro Hernández Díaz en una reseña en el grupo de Facebook ‘Anécdotas y personajes del mayo realejero’, en la que constata que “los vecinos de estas dos calles siempre han agudizado el ingenio para que cada año no le faltaran las perritas de la Cruz. Se criaban cochinos que luego se subastaban, las mujeres calaban manteles que se vendían en el pueblo o en las calles del entonces pujante Puerto de la Cruz. Los chiquillos eran los más ingeniosos, participaban en todo, y hasta algunos criaban algún potrillo que luego era vendido en la feria de ganado”.

Incluso, cuenta que en una ocasión “un vecino, que compró una hermosa gallina por quince pesetas, llegó a sacar ¡dos mil! con el caldo que con ella hizo, y aún tuvo la osadía de subastar los restos, aumentando así considerablemente la cantidad de ‘perras pa la Cruz”.

Un año antes del confinamiento, Lola y su compañera Milagros, que siempre salen juntas a pedir, “consiguieron casi un millón de pesetas”, destaca Carmen Luisa. “Siempre pedir, pedir, me encanta pedir la perra”, confiesa Lola. Sus compañeras dicen que tiene “mucho arte” para eso y ella, humildemente, cree que “no lo hacen tan mal” pese a sus 79 años.

La gente las espera gustosa, y de la misma manera les da el dinero porque “es una alegría” colaborar para la cruz. También hay personas que dicen que “no hay dinero” y que “las cosas están muy mal”, pero en general, “si no son cinco, son diez y si no veinte, cada uno da lo que puede”.
Lo mismo confirman Mari y Jacob: “cada uno aporta de acuerdo a sus posibilidades, porque hay familias que quieren pero no pueden dar todo lo que les gustaría”.

Mari no se acuerda cuándo empezó a juntar ‘las perritas para la cruz’. Lo hace por tradición familiar. “Cuesta bastante, hay que caminar mucho, tocar muchas puertas, porque la gente se molesta si no pasamos por sus casas, cada uno da la voluntad y así sacamos las fiestas adelante”, sostiene.

Es un trabajo de todo el año en el que se involucran los vecinos de las dos calles de distinta manera, bien colaborando o saliendo a pedir. Y aunque la finalidad sea la misma, las fiestas, siempre han sido dos cuentas separadas, la de las flores, de las que se solían y se suelen encargar las mujeres, y la de los fuegos, los hombres. En los últimos años esta organización “ha roto moldes, porque yo soy chico y pido para las flores”, aclara Jacob.

No obstante, ‘las perras’ no son la única vía de recaudar dinero para los festejos. También organizan excursiones, venden rifas, números de loterías y los ventorrillos, que se estrenan este mismo sábado en el festival ‘Los realejeros cantan a su pueblo’ y que suelen atender los hombres mientras que las mujeres colaboran con comida o preparando los pinchitos.

Antiguamente, en la calle El Medio ‘la perra’ para la cruz se pedía todos los domingos, apunta Carmen Luisa. Había una caja de lata y cuando se terminaba de recaudar, los vecinos que se ocupaban de esta tarea se la llevaban a doña María ‘la caraqueña’, una señora que vivía en el barrio y que la guardaba todos los años sin siquiera contarlo. A última hora lo sacaba y confirmaba cuanto había. Una costumbre que se perdió porque la señora se fue haciendo mayor.

Lo cierto es que la implicación de los vecinos de ambas calles para las Fiestas de Mayo es incuestionable y eso se volverá a demostrar hoy aunque nuevamente será difícil sabe cuál de las dos ha ganado este año la ‘guerra’ de los fuegos y las flores.

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