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Un mes sin agua: la odisea de una anciana tinerfeña con alzhéimer y su hijo

Jesús García pide que se reponga el suministro, seis meses después de que venciera el contrato de alquiler del piso en el que reside en San Isidro. “Así no podemos vivir”, asegura
anciana tinerfeña

Ha pasado casi un mes desde que el agua dejó de salir por los grifos de la vivienda de San Isidro (Granadilla de Abona) en la que residen Jesús García, de 50 años, y su madre, Aurina, enferma de alzhéimer, de 90. Allí, en un edificio de la calle Princesa Ifara, viven desde marzo de 2021, pero, tras vencer el contrato de alquiler en diciembre pasado, su propietario no le renovó el documento, argumentando que quiere vender el piso.

Madre e hijo, sin embargo, continúan habitando la casa -un próximo juicio, aún sin fecha, resolverá su futuro-, aunque desde fin de año no pagan el alquiler, “ya que el dueño no quiere, porque busca echarnos”.

Jesús y Aurina llevan sin agua desde el 27 de mayo y su situación es cada vez más complicada. Ese día, varios operarios de la empresa de aguas contratada por el Ayuntamiento procedieron a la retirada del contador y al corte de suministro después de que el dueño diera de baja el contrato, según explicó a este periódico. Acto seguido, denunció el hecho ante la Guardia Civil y avisó de su situación al Servicio de Atención Ciudadana del Ayuntamiento.

Sin embargo, las cosas siguen igual. O peor, porque los días pasan y las condiciones higiénicas se agravan. “Mi madre es una persona dependiente, que hace sus necesidades no siempre en el baño, por lo que tengo que limpiar a cada momento”, explicó. Tanto él como su progenitora utilizan agua de garrafa calentada en una olla para asearse y, en el caso de la nonagenaria, dos trabajadoras sociales del Ayuntamiento se encargan semanalmente de atenderla. Hace unos días, Jesús compró un pulverizador y un dispositivo con una pequeña bomba para utilizar a modo de ducha.

Jesús sufre una discapacidad mental que le ocasiona ataques de ansiedad y vive de la pensión de su madre. Ha pedido sendas entrevistas por escrito con el alcalde y el concejal de Servicios Generales del Ayuntamiento, convencido de que el corte de agua es una medida “ilegal”.

Confiesa que su desesperación le ha llevado a llamar hace unos días al 024, el nuevo servicio telefónico habilitado para prevenir conductas suicidas, “porque sin agua no se puede vivir y todo tiene un límite”. El próximo lunes se cumplirá un mes sin agua. Jesús y su madre nonagenaria siguen esperando una respuesta.

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