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Un equipo que hace historia

Cepsa homenajea a los jubilados de la Refinería Tenerife, en reconocimiento a su contribución al desarrollo de la compañía
Visita jubilados refinería Cepsa
Grupo de jubilados de CEPSA, reunidos en el homenaje que la compañía les brindó. DA

La importancia del capital humano como uno de los principales valores es uno de los aspectos en los que Cepsa ha hecho hincapié desde sus inicios, poniendo el acento en las personas como motor de la compañía.

Este aspecto ha quedado patente una vez más en el reciente homenaje que la energética ofreció a los jubilados de la Refinería Tenerife en la propia instalación, al que asistieron más de 70 personas y con el que quiso reconocer su trabajo a lo largo de tantos años (en muchos casos más de 40), con el que han contribuido a que Cepsa sea en estos momentos una empresa referente a nivel nacional e internacional en su ámbito.

Un trabajo que permitió mantener la actividad y el desarrollo de la que fue la primera refinería que se construyó en España, cuya creación dio origen también a la compañía y que ha jugado un papel fundamental en el desarrollo social y económico de las islas, además de garantizar su abastecimiento energético durante más de nueve décadas. Aspectos todos ellos que, unido a las políticas de recursos humanos y sociales de la compañía hacia sus trabajadores, han generado en ellos un gran sentimiento de pertenencia, tal y como quedó patente en acato homenaje, en el que la alegría por el reencuentro con antiguos compañeros no estuvo exenta de sentimientos encontrados por el inicio de la desinstalación del que fuese su centro de trabajo. Un proceso que, por otro lado, consideran ineludible para avanzar hacia la transición energética.

En el encuentro quedaron patentes los vínculos que los ex empleados mantienen con la Refinería, que en algunos casos trascienden incluso el plano familiar. Este es el caso de Daniel Millet, cuya vida ha estado vinculada a la Refinería desde su nacimiento, ya que su padre era empleado de dicha instalación, pasos que siguieron tanto él como dos de sus hermanos y que continúa también uno de sus hijos, en este caso a través de una contrata que opera con Cepsa.Explica que su incorporación a la Refinería tuvo lugar en 1976, después de que finalizase sus estudios de aparejador y tras superar una oposición para entrar a trabajar en dicha instalación. Una trayectoria que inició con un puesto básico, como oficial de tercera, y que fue acompañado de ascensos hasta convertirse en supervisor de mantenimiento de obras civiles.

El balance de sus cerca de 35 años en la empresa, señala, ha sido plenamente satisfactorio, sobre todo porque le permitió poder desarrollar un trabajo en línea con su formación y que, además, le garantizaba una estabilidad.

Visita jubilados refinería Cepsa
Daniel Millet, Lourdes Solá y Nieves Llanos

Mejoras sociales

Por otro lado, recuerda las diversas mejoras sociales que han disfrutado los empleados de Cepsa. Entre ellas, remarca las viviendas sociales creadas en las proximidades de la Refinería, lo que supuso un respiro para muchos empleados, así como las becas para apoyar la formación de sus hijos, o el economato, en el que podían acceder a productos de consumo de primera calidad a precio de coste.

Daniel Millet reconoce, además, haber sido testigo de la evolución que vivió la compañía a lo largo de los años. Un cambio en todos los niveles, que incluye desde la relación con los superiores hasta la forma de llevar a cabo el trabajo, en donde la parte digital ha conseguido desbancar a la analógica.

Un proceso del que también deja constancia Lourdes Solá, licenciada en Ciencias Químicas, que trabajó en la Refinería durante 33 años. Una trayectoria en la que tuvo la oportunidad de pasar por diferentes departamentos, como los de control de procesos, ingeniería y mantenimiento, seguridad, calidad o formación, y gracias a los cuales pudo contar con una perspectiva global del trabajo desarrollado en Cepsa.

Abriendo camino

Lourdes Solá resalta que la proyección profesional que experimentó fue posible incluso el marco de una Refinería que contaba con una amplia presencia masculina, en especial en sus primeras décadas de trabajo, y que tuvo que compaginar con su papel de madre, apoyada por su familia, sobre todo cuando tenía que hacer frente a alguno de los trabajos más intensos, como las grandes paradas de actividad de la fábrica por mantenimiento. En este sentido, admite que fue abriendo camino de cara a la posterior integración de compañeras en esas áreas hasta conseguir que, tal y como ocurre hoy en día, la presencia de la mujer esté normalizada y se haya conseguido avanzar en materia de igualdad y conciliación de la vida laboral y familiar.

Uno de los principales logros que destaca de sus años de trabajo en Cepsa es que pudo cumplir con su sueño de trabajar en una industria, una meta que, reconoce, no era la más habitual en su entorno universitario, en donde la salida más generalizada era dar clases.

Añade que la buena relación con los compañeros y superiores permitió que se generara un buen ambiente de trabajo, y que fuese más allá del ámbito laboral en muchos casos al crearse vínculos de amistad.

En similares términos se pronuncia Nieves Llanos, que desempeñó su actividad de administrativa durante 47 años, lo que supuso una experiencia muy positiva, señala, y que le brindó la oportunidad de conocer a buenos compañeros en los diferentes departamentos en los que estuvo, como la Jefatura de División, Seguridad, Gestión de Calidad y Gestión Medio Ambiental.

Reconoce que, siendo una instalación en la que trabajaban mayoritariamente hombres, la relación con sus compañeros estuvo marcada por la cordialidad y el respeto. A su memoria vienen también eventos lúdicos que organizaba la compañía, como las fiestas de Navidad para los hijos de los empleados o la festividad de Santa Bárbara, acontecimientos donde se respiraba compañerismo.

Recuerdos revividos en el transcurso de un emotivo encuentro en el que el grupo pudo conocer también los planes de futuro de Cepsa.

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