medio ambiente

El Teide, el tesoro natural más amenazado de España

El entorno de Las Cañadas, declarado parque nacional desde 1954, ha conservado hasta hoy sus excepcionales valores paisajísticos y naturales de milagro, pues lleva un siglo en peligro por la creciente presión humana, a lo que ahora se une el cambio climático
El Cabildo se reunirá con varios ayuntamientos para reforzar los sistemas de vigilancia volcánica en Tenerife
El Teide, el tesoro natural más amenazado de España. DA

El Teide, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 2007, es el parque nacional más visitado de España con más de 3 millones de visitantes anuales. Este dato supone que, al mismo tiempo, es uno de los espacios naturales más amenazados de todo el territorio nacional, a la vista de esa enorme presión humana que soporta desde hace décadas, a lo que se suman los efectos del cambio climático.

El Teide es un tesoro natural y, a la vez, un filón para el turismo y para la isla de Tenerife, de la que es su principal emblema. Combinar esa doble dimensión es complicado en la actualidad. En los medios de comunicación y en las redes sociales son cada vez más frecuentes las noticias de atentados medioambientales de todo tipo en el entorno de Las Cañadas, como la celebración de botellones, la circulación en moto o bicicleta por pistas cerradas al público, la extracción de piedras volcánicas, las pintadas en rocas, la acumulación de basuras, los vertederos incontrolados, etc.

Para frenar esta situación y exigir responsabilidades a las administraciones, la Fundación Telesforo Bravo ha puesto en marcha la campaña Pasa sin huella, en la que reclama más medidas de control en los espacios naturales de la Isla en general y en el Teide en particular. El portavoz de este colectivo ambientalista, Jaime Coello, ha subrayado la necesidad de aumentar los medios materiales y humanos para las tareas de vigilancia. “La solución a este problema -indica Coello- vendrá de una combinación de educación, información, concienciación y sensibilización a medio y largo plazo, y más vigilancia y sanciones a corto plazo”.

Es evidente que el Parque Nacional del Teide necesita de una mayor y más eficaz protección. Con ese objetivo, la Consejería de Transición Ecológica, Lucha contra el Cambio Climático y Planificación Territorial del Gobierno de Canarias ha elaborado un borrador del Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG) del Parque Nacional del Teide. En palabras del consejero José Antonio Valbuena, este será el instrumento “para avanzar en la regulación y conservación del parque, basándose en la protección de la flora y la fauna, la preservación del patrimonio arqueológico, la protección de la calidad del cielo y el paisaje, el fomento de la investigación y la erradicación de especies invasoras, entre otras medidas”.

El Teide, el tesoro natural más amenazado de España
El Teide, el tesoro natural más amenazado de España

El borrador del PRUG ha generado una intensa polémica por las críticas de grupos políticos de la oposición, de ayuntamientos especialmente relacionados con el parque, como La Orotava y Los Realejos, y colectivos ecologistas o ambientalistas, que lo rechazan, sobre todo, por la falta de un mayor proceso participativo y por su carácter excesivamente prohibicionista.

Polémicas aparte, lo que parece incuestionable es que un Plan de Uso y Gestión es indispensable para garantizar la preservación del mayor tesoro natural de Canarias, que a lo largo del último siglo ha sufrido múltiples amenazas por la creciente presión humana.

El director del Parque Nacional del Teide, Manuel Durbán, ha señalado los cuatro problemas más graves a los que se enfrenta este espacio en la actualidad: el cambio climático, la presencia de herbívoros introducidos (muflón), el enorme incremento de visitantes y vehículos y los incendios forestales. Pero todos los expertos coiciden en que la masificación de visitantes está generando una grave afección al parque, que en 2019 registró una media diaria de 3.000 vehículos. Frente a ello, el Plan Rector dejaría circular por las carreteras del interior del parque, que son de dominio público, pero no se permitiría el estacionamiento de vehículos en las horas de máxima afluencia.

Proyectos faraónicos

Hay que remontarse a principios del siglo XX para encontrar las primeras noticias de proyectos faraónicos planteados en Tenerife, unas actuaciones ambiciosas que, inevitablemente, estaban relacionadas en su mayoría con el entorno más emblemático de la Isla: el Teide. Si repasamos su historia, comprobaremos que el entorno volcánico de Las Cañadas ha conservado hasta hoy sus excepcionales valores paisajísticos y naturales de puro milagro, pues siempre estuvo en peligro por la especulación y el desarrollismo. Especialmente, a principios del siglo XX se plantearon en este espacio natural único infinidad de proyectos de gran impacto que, afortunadamente, no prosperaron a pesar del beneplácito de los regidores públicos. Por entonces no existía en la sociedad isleña una conciencia ecológica y medioambiental. Estos macroproyectos fracasaron solo por la penuria económica de la época, las limitaciones técnicas del momento y lo poco accesible del lugar, a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar y con deficientes carreteras de acceso.

Se puede constatar esta circunstancia con la ayuda del profesor orotavense Tomás Méndez Pérez, y su libro Antecedentes históricos del Teide y Las Cañadas. Méndez detalla las obras acometidas, las extracciones de azufre y piedra pómez y esos grandes proyectos frustados. Así, narra que a mediados del siglo XIX, el palmero y catedrático de Economía de la Universidad de Madrid Benigno Carballo Wangüemert, propuso colonias agrícolas en el gran circo de Las Cañadas con el fin de frenar la emigración y aumentar la riqueza del país.

Más tarde, el médico Tomás Zerolo solicitó la concesión de una parcela de 10 hectáreas para efectuar ensayos sobre el cultivo de cereales. Los pobres resultados le hicieron desistir. Pero hubo ideas peores. En 1912 el ingeniero Juan José Santa Cruz redactó un ambicioso proyecto de red ferroviaria alrededor de la Isla, que atravesaba las faldas del Teide. El elevado coste económico impidió semejante barbaridad. Unas décadas después, los diputados a Cortes Félix Benítez de Lugo y Andrés Arroyo González de Chaves, consideraron que el mejor lugar lugar para el aeropuerto de la Isla sería Las Cañadas. El alcalde orotavense prestó su conformidad y hasta ofreció gratuitamente los terrenos. Unos años antes, los alemanes estudiaron crear en Las Cañadas una base para sus aerostatos.

Cuenta asimismo Tomás Méndez que sobre 1925 tampoco cuajó la idea de una estación radiofaro en el mismo Pico del Teide, así como otros intentos emmpresariales para abrir hoteles y hasta un casino en Llano de Maja. Solo la falta de una carretera hizo inviable un sanatorio policlínico privado. Ya en fechas más recientes se pensó construir en Las Cañadas desde una pista de esquí hasta un centro deportivo de alto rendimiento, aprovechando que el Parador Nacional es alojamiento habitual de deportistas de élite que vienen a la Isla a entrenar en altura.

La declaración de Parque Nacional en 1954 frenó estas y otras muchas actuaciones insostenibles en un paraje natural de tanto valor. Como en todo, siempre hay una excepción, y en el caso del Teide esta es el teleférico, que desde hace 30 años no para de ascender y descender por la falda del volcán para disfrute de millones de turistas.

La declaración fue la culminación de una vieja aspiración del municipio de La Orotava tras muchos años de gestiones de todo tipo. Tal y como recogen Nicolás González Lemus e Isidoro Sánchez en su libro El Teide, de mito geográfico a Parque Nacional, “con fecha 15 de marzo de 1917, el pleno del Ayuntamiento de La Orotava acordó por unanimidad solicitar al Estado la declaración del Teide y sus Cañadas como parque nacional y facultó al alcalde, Agustín Hernández, para llevar a cabo las gestiones correspondientes ante la Administración estatal”.

Mucho tuvo que llover -casi 40 años- hasta que esa petición fue al fin atendida. Pero eso no quiere decir que el Teide no siga estando amenazado por múltiples e importantes peligros.

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