Detrás de Aarón Gómez (Santa Cruz, 1981) me da que hay un montón de cosas. Tímido (menos cuando cobra las actuaciones), reflexivo, dice que nunca fue el gracioso del grupo y seguramente es verdad. ¿Quién sabe lo que lleva en la cola de su cometa un cómico, que se come al público cuando sale al escenario? Se ha convertido en uno de los mayores activos de la Televisión Canaria con Una mala noche la tiene cualquiera, que se emite los viernes. Por la noche, claro. Todos los humoristas de referencia en Canarias, considerados los herederos de Manolo Vieira, le acompañan en este formato al más puro late-night americano, que tiene look de programa nacional, algo así como la fórmula de El Hormiguero, por el que sólo desfilan grandes invitados. Le acompañan, entre otros, Darío López, Víctor Hubara, Quique Pérez, Carmen Cabeza, Abián Díaz y la soprano y pianista Satomi Morimoto, entre otros muchos. Para enero se esperan más sorpresas. Lo que ocurre cuando uno entrevista a un humorista es que el entrevistador tiende a hacerse el gracioso y eso lo jode todo. Yo procuraré no caer en la tentación, pero cuando habíamos terminado la entrevista –y de almorzar— me llama mi hija Cristina, que es fan de Aarón, y le paso el teléfono. Aarón le dice: “Tu padre ya me hizo la entrevista pero no me preguntó nada”. Y por hablar de los comienzos, hablamos del día en que nació.
“Nací de madrugada, pesando cuatro kilos y pico. Mi madre, pequeña ella, siempre dice: “Tú me desvaraste, hijo”. Soy el pequeño, pero el más alto de la familia”.
-Tu madre se partirá de la risa cuando actúas, ¿no?
“Ella es muy seria, pero yo descubrí que tenía dientes cuando veía a Manolo Vieira y a Le Luthiers. De mí dice que hablo rápido”.
-Ahora menos, Aarón.
“Pues será”.
-¿Te defines?
“Soy un niño bien, acompañado de mi adulto, que descubre todo el rato que mezclando dos colores nace el tercero. Soy un pesado que echa azúcar de más a cada frase. Soy un miedoso en eterno aprendizaje del miedo. Soy un bohemio de revista y el idiota de la guitarra en las acampadas. Soy el que sabe que decir “soy así” es un claro acto de vagancia”.
-Y calvo.
“Calvo en aceptación, canario convencido, odio las murallas y, sobre todo, a los constructores de esas murallas…”.
-Yo tengo que poner arriba tu profesión principal. Es la norma.
“Actor, supongo, jugador de cualquier arte, pero sin profundizar. Ojalá profundizara. Soy presentador casual, humorista observador, minero de sonrisas e idiota profesional”.
-¿La gente te considera guapo?
“No, la gente dice que soy feo, menos mi madre, que opina que soy abstracto”.
-¿Más feo que Santa Cruz?
“Puede que alguien diga que Santa Cruz es una ciudad fea, pero es el juguete de mi infancia”.
-¿Ganas mucho dinero?
“Yo soy aquel que se pasa siempre del presupuesto y que pierde dinero en cada proyecto, porque me sigue valiendo más el hacerlo como lo había soñado”.
-Qué bonito. Oye, ¿los canarios tenemos un don para la gracia?
“No conozco a todos los canarios”.
-Venga ya, Aarón.
“Por lo vivido está claro que el humor está adherido inevitablemente a nuestra forma de ser, como la arena y la sal, que son parte de nosotros. Eso denota una muestra de algo contrario a la ignorancia, porque no hay nada más sabio que reírse de lo que ocurre alrededor. La vida es una broma pesada y reírse de ella no es una manera de evitar la realidad, sino de sobrellevarla”.
-Te has atrevido con la literatura. No he leído tu libro, pero sé que lo has publicado.
“Me he atrevido con la literatura con la misma falta de respeto que con las otras artes a las que me lanzo. Por pasión, pero sin mucho jeito, más por querer que por poder, pero esta es una época maravillosa, en la que cualquier idiota puede editar un libro”.
(Gracias, Aarón, por la parte que me toca. Ha intervenido en cinco películas, también como secundario en la serie Hierro; protagonizó un corto, Como yo te amo, nominado a los premios Goya, con guion de un hijo de Antonio Mercero. Su primera profesora de teatro –tenía Aarón 16 años— fue Marta González de Vega, una mujer consagrada, tinerfeña, premio Taburiente, la guionista española con más trabajo, probablemente. Actriz; ah, y amiga mía. Aarón ha escrito un libro, La digestión del mundo, compuesto por relatos cortos. Y redondea esa incursión literaria con esta frase: “Me gustaría tener el valor para escribir una novela”. Pues es más fácil de lo que crees; otra cosa es que se venda, que se lea y que te den un premio de un millón de euros).
-Pregunta trascendental: ¿es el teatro la madre del humor?
“Como arte, sí, aunque supongo que antes del teatro ya había una persona que centraba las miradas burlándose del cacique de turno o contando como nadie la historia de la villa de al lado. Porque siempre nos reímos de los de al lado. El teatro le puso orden y concierto al humor, pero la risa va más allá. Es una forma de enseñar los dientes para decir que no vamos a morder”.
-¿Es el mago una fuente de inspiración para los humoristas?
“Todo lo es. El mago es un personaje, entre otros muchos, que conforma los cimientos de la sociedad canaria. Ahora hay magos con corbata y más estudios. Jamás me reiría de nadie que me enseña, más bien me reiría con él”.
-Le dijiste a mi hija que no te había preguntado nada en la entrevista.
“No sentí que esto fuera una entrevista, fue una especie de “cita”. Y me he quedado enamorado, señor Chaves”.
-¿Por qué nunca dices que cantas y que cantas muy bien?
“Porque no canto bien. Me puedo defender, pero tengo nivel chuletada. Estoy rodeado de talentos y jamás osaría situarme un centímetro más allá de donde me corresponde, por talento. Pero, oiga, mientras se pueda hacer un karaoke…”.
-Noticia: el año que viene, trece capítulos para una gran plataforma de contenidos, como protagonista y director. ¿Palabras mayores?
“Ojalá se cierre este proyecto que me parece un sueño. Algunas cadenas autonómicas están también interesadas en compartir emisión. Estoy muy agradecido a la factoría de Plató del Atlántico y a todos las máquinas que tengo cerca y que se lanzan cuando una bobería se me pasa por la cabeza. Algunas de esas semillas florecen y espero que esta vez crezca un árbol frondoso”.
-Oye, Aarón, ¿tú odias los chistes?
“Tengo un sabio amigo que dice que “odiar es de mediocres”. Los chistes, así, para contarlos, no van conmigo, pero disfruto del que los sabe contar. Lo que más vale no es el chiste, sino su puesta en escena”.
-¿Quiénes son ahora los mejores humoristas en estas ínsulas?
“Existe un abanico maravilloso de profesionales, todos ellos muy dispares. Hay oferta y eso es lo bueno. El público puede elegir el humor que más feliz le hace. Si te empiezo a nombrar, no paro, y no quiero dejar a nadie atrás”.
-Detesto los monólogos, por lo general.
“El monólogo se está muriendo. La muerte es cambio y el monólogo está cambiando, menos mal”.
-¿Tiene algo bueno el monólogo?
“Sí, que cobras tú solo”.
-¿Y las redes?
“Esas sí que están bien vivas. Son las que nos dan hoy la popularidad”.
(Su hermano mayor, licenciado en Bellas Artes, es también músico y actor. Muy activo en redes sociales, por cierto. Supongo que sabe que, además de las excelentes audiencias, bajo demanda en internet, su programa en la tele canaria es líder absoluto. Se conoce todo lo de Disney y le hago una pregunta difícil, le insto a que me diga su personaje favorito de esa factoría. Lo piensa unos instantes y responde: “El genio de Aladino”. Me olvidé de contarle un chiste, el de aquel tipo que se encuentra la lámpara maravillosa en una playa, la frota y le pide al genio una polla insaciable. Y el genio, que debía ser sudamericano, le entregó en mano un paquete en el que había una gallina que se lo comía todo. El hombre se arruinó).
-¿Quién aportó más al humor, Pancho Guerra y su personaje, Pepe Monagas, o Manolo Vieira?
“Pancho encontró las tierras y comenzó las bases de algo que después Manolo convirtió en un monumento. Manolo Vieira era un genio”.
-¿El púbico?
“Hay buena salud humorística en esta tierra, sí que la hay. Yo aborrezco al sufridor, porque mi trabajo está en sacarle punta a la realidad”.
-¿Improvisas?
“Al noventa por ciento”.
-Todavía me estoy riendo con el episodio del carrito atado al poste de la luz, en carnavales.
“Ese pegó, otros también”.
-¿Te escribe la gente para contarte sus gracias?
“Sí, sí, algunas están muy bien”.
-Quién diría que ibas a saltar de la publicidad a la fama.
“Estudié publicidad, sí. Y también hago publicidad, claro, pero desde otra perspectiva, la de actor”.
(Le tengo un regalo, que le voy a dejar en Plató del Atlántico. Una joya. Las obras completas de Pancho Guerra, que encontré de casualidad en una feria del libro viejo y antiguo de Madrid, la de Recoletos. Yo vivía al lado entonces y compraba esas reliquias maravillosas, algunas de las cuales se me quedaron en uno de mis numerosos e inquietantes traslados. No sé si será confidencial, pero me arriesgaré. Aarón me manda un mensaje: “Muchísimas gracias, Andrés, por querer escucharme. Aún hoy me sigue pareciendo raro que a alguien le pueda interesar lo que yo pueda decir. Así que siempre es un precioso regalo. Sigue charlando, que nos encanta leerte”. Y se queda tan tranquilo. Resulta que era yo quien estaba deseando conocer al personaje que cautiva a miles de seres humanos, que arranca una sonrisa o una carcajada con el mismo respeto que protagoniza un papel dramático de éxito. Ya les dije que le tengo miedo a los cómicos, porque siempre son más inteligentes que tú, así que tenía razón Aarón Gómez cuando le dijo a Cristina aquello de: “Tu padre me hizo una entrevista, pero no me preguntó nada”. Al menos comimos y comimos bien, marca de la casa. Es muy joven, del 81, pero me da que ha vivido; y que ha vivido mucho. Pronto se irá a Disney con su pareja y con sus hijos a ver al genio de la lámpara. No se te ocurra, Aarón, pedirle aquello y más si el genio es del Perú. Pídele que te toque la lotería de Navidad porque ya sabes cómo llaman a la lotería en algunos países de Latinoamérica. Ay, Dios).





