El tópico de los ríos de tinta respecto al proyecto portuario para el Puerto de la Cruz se queda corto si se atiende a que se habla y escribe de esto desde hace siglos. Es más, los amagos, maquetas presentadas, anuncios, titulares y mucha retórica hueca han acrecentado el más absoluto escepticismo entre buena parte de la población local, del norte de Tenerife y de la Isla, y cualquier supuesta novedad se toma con mucha cautela o, más bien, frialdad e incredulidad. De hecho, la frase de “eso no lo verán ni mis nietos” se ha ido asentando y seguro que no se debilitará ni aunque el Cabildo de Tenerife haya incluido un millón de euros para actualizar los proyectos y planes en el presupuesto de 2024, ya aprobado.
Sin embargo, ese hecho y la postura del Gobierno insular debería insuflar algo de optimismo, aunque, enseguida, el alcalde agradece el compromiso financiero, pero recuerda que se necesita el informe medioambiental que marcará lo que se pueda o no hacer, al tiempo que vuelve a plantear que la categoría del puerto no sea insular para implicar al Gobierno regional, poder reclamar fondos a otras administraciones y que se pueda contemplar buques con pasajeros, si bien luego se debería definir bien qué tipo de barcos para ese fin.
El vicepresidente del Cabildo, consejero de Turismo y exalcalde portuense, Lope Afonso (PP), apuntó ayer a DIARIO DE AVISOS que lo que pretenden con el millón de euros consignado en el presupuesto insular para el próximo año es demostrar que lo del puerto para la ciudad turística no se limita a “intenciones, sino que son realidades”. Afonso, que en su vicepresidencia incluye las competencias sobre Proyectos Estratégicos, subraya que en esa categoría entra el deseado puerto para su municipio “y así consta ya en esta dirección insular de Proyectos Estratégicos creados en este mandato”.
Además, y con ese millón a ejecutar desde el próximo 1 de enero, insiste en que se quiere “actualizar todos los estudios relacionados con este proyecto porque este puerto es objetivo prioritario del gobierno insular para este mandato. Por eso, próximamente contactaremos con el Ayuntamiento portuense para trazar, administrativamente, la hoja de ruta sobre el puerto”.
Por el contrario, y según explica el alcalde, Marco González (PSOE), “resulta clave recuperar al Gobierno de Canarias en la ecuación y que la categoría del puerto no sea solo insular, ya que, de ser así, no podremos solicitar dinero a otras administraciones. El proyecto del puerto que está en el actual procedimiento administrativo lo tiene todo para ambicionar todo, aunque otra cosa es lo que suceda después. Lo que sí he pedido siempre, a todos los partidos, estando en el gobierno o en la oposición, es que seamos muy sinceros con la gente. Este es un proyecto anhelado durante décadas, en realidad, desde hace siglos para recuperar la actividad comercial y marítima mediante el puerto, y no vamos a renunciar a esto, pero lo que determine el estudio ambiental no lo decidimos nosotros, la administración local, sino los técnicos”.
PLAZOS Y EXPLANADA
Sobre los plazos, eso sí, advierte de que, “si el procedimiento se sigue dilatando en el tiempo y no tiene fases, vamos a actuar, porque no podemos seguir sin mejorar la zona de aparcamientos de la explanada y la accesibilidad, dado que esperamos por proyectos o planes que, en cuanto a elaboración y aprobación, a veces tardan hasta décadas”. Por eso, recalca que “han de hacer obras en este mandato en la explanada porque este espacio no depende solo del puerto y, cuando salga la herramienta técnica, pues habrá que hacerlo por fases para poder seguir con la actividad cultural o la feria actual de Navidad que tenemos. Es una zona a la que no podemos renunciar porque, si no, no tendremos este ámbito para dinamizar la ciudad”.
Para González, se necesita “una hoja de ruta diferente a la fracasada de 2016, que asumí por apoyar al Gobierno insular (CC y PSOE), aunque ocultaba procedimientos y, en realidad, la infraestructura portuaria no tenía herramienta urbanística. No había que comenzar con compromisos, titulares o una hoja de ruta y firmas, sino por tener procedimientos administrativos que se correspondan a la posibilidad de ejecutar este proyecto o cualquier otro. Hubo mucho debate entonces, pero sin saber qué se podía hacer. Por eso, ahora necesitamos una hoja de ruta, quizás, menos ambiciosa que la de entonces”.
En este sentido, considera que ha ocurrido de forma simular a lo que pasó con el parque de San Francisco, “pues se hace un concurso de ideas en 2015, en 2017 se hace otra cosa y, hasta que no se desmonta, no se ve bien lo que hay. Las cosas -remarca- tienen que comenzar por los cimientos, no por el tejado. Está muy bien este compromiso financiero de un millón, pero hay que dar paso a los procedimientos administrativos como están establecidos y lo primero es aprobar el anexo del PMM (Plan de Mejora y Modernización del Puerto) para que exista la posibilidad de esa herramienta”.
El máximo mandatario local recuerda que, en 2022, con el refundido de los textos, “ya tuvimos la noticia del estudio de viabilidad económica, que es positivo, y del inicio del necesario estudio de impacto ambiental de esa infraestructura porque, en realidad, lo que está en procedimiento administrativo es lo que hemos denominado el anexo de ese PMM, que es lo que articula urbanísticamente la infraestructura portuaria, el traslado del campo de fútbol del Peñón y, especialmente, el centro insular de deportes acuáticos. Ninguna de estas tres piezas estaban recogidas en planeamiento y eso es lo que hay hasta hora. Por ese motivo, en mi última conversación con la presidenta insular (Rosa Dávila, CC) le pedí que los técnicos la pusieran al día para, en breve, poder compartir cómo va el procedimiento”.
Pese a ese millón, considera que “esa ficha financiera no puede hacer avanzar mucho más los estudios porque técnicamente no se puede iniciar absolutamente nada. Ese dinero es un compromiso para que siga latente la fidelidad que hay respecto a esta oportunidad, pero ha de culminarse el procedimiento para, luego, tomar decisiones, pues yo no soy técnico medioambiental y no sé qué va a decir el estudio. He tenido conversaciones y he visto parte del trabajo de la ULL, pero no corresponde pronunciarse al consistorio. Hablamos de proyectos de décadas y esto, a escala técnica, necesita revisiones”.
En lo que tiene aún más dudas es en la implicación del Gobierno regional. “Lo que sí puede ser un espejismo es que alguien del Ejecutivo de Canarias quiera hablar del puerto porque la disposición adicional que se aprobó con la ley del Suelo, y que respaldaron CC y PP -pues yo le pedí al PSOE que retirara su apoyo-, rebaja la categoría del puerto para que el promotor fuera insular. Eso requería ir a un nivel distinto y se perdía una de las competencias que es el anhelo y la intención de todas las administraciones: el transporte con pasajeros, sin hablar de qué pasajeros, pero era una necesidad. Sin embargo, los puertos insulares no tienen esa competencia y debemos empezar, aunque sea algo a hablar, por intentar modificar la categoría para que podamos solicitar ayudas a otras administraciones, ya que, si no, solo podrá invertir dinero el Cabildo”.
Por ese argumento, el alcalde insiste en que “esto se decide con realidades técnicas y medioambientales, no con voluntad política. Cuando se pronuncien con el informe, cuando esté esa herramienta, adoptaremos nuestras decisiones y las trasladaremos al Cabildo y al Gobierno regional, pues creemos que hay que recuperar al Ejecutivo autonómico”.
Además, aclara que se deben fijar los usos de la parcela de explotación y que la voluntad política que ahora se reactiva “la tenemos todos. La tenía Pedro Martín y dimos pasos para generar el anexo del PMM o el órgano medioambiental como medio propio para encargarlo, pero no se puede hacer nada sin la herramienta técnica”.
Un anhelo de siglos que contrasta con Garachico y Fonsalía
El actual muelle del Puerto tuvo un papel estelar en el pasado, sobre todo desde que la erupción de 1706 afectó al puerto de Garachico y el peso del comercio pasó al Valle de la Orotava. La infraestructura portuense resultó clave, asimismo, en la migración canaria hacia América y tuvo una gran relevancia en la industria pesquera y las exportaciones hasta principios del siglo XX, si bien el foco ya se había desplazado al puerto de Santa Cruz.
Desde entonces, desde que comienza su declive (matizado por el auge turístico de la ciudad desde los años 60, referente español del turismo de masas, aunque siempre con una idiosincrasia propia asentada durante siglos) se alzan voces en busca de un nuevo puerto que recuperase el esplendor de antaño y reforzase el turismo.
Se fueron sucediendo los titulares, exigencias, anuncios, proyectos y hasta maquetas, como la de Marcos Brito a partir de 2003. Antes, desde el franquismo y las primeras corporaciones democráticas, ya se había especulado mucho con qué hacer en la explanada, el tamaño del dique y si debían caber o no barcos con pasajeros. El consejero insular de Puertos, Lorenzo Dorta, aconsejó a Brito desechar el proyecto más ambicioso y, como Garachico, optar por uno más humilde. Sin embargo, se insistió y así se ha llegado al impasse actual, si bien por el medio hubo manifestaciones, plataformas y muchas promesas. Eso sí, a diferencia del puerto de Fonsalía, sobre este nunca nadie renunció del todo.





