Juan Albino es catedrático del área de Ingeniería de Sistemas y Automática de la ULL, ha desarrollado aplicaciones de Inteligencia Artificial (IA) para medicina (algunas probadas con pacientes en el HUC) y proyectos energéticos, admite que la IA genera mucha incertidumbre con razón incluso entre expertos como él y advierte de que va a afectar “al 60% de los empleos en las economías más avanzadas”, lo que no quiere decir que eso se traduzca en una destrucción de trabajos proporcional, sino que dependerá de algo que aún se desconoce: si los que genere lo compensa.
Albino abrió en la tarde de ayer la Universidad de Invierno de Arona con una conferencia titulada Preparados, listos… ¡IA! En declaraciones previas a DIARIO DE AVISOS, recalcó que, si bien resulta indudable la incertidumbre, “también lo es que no se le puede dar la espalda a la IA y se ha de intentar alinear su desarrollo con el bien común de los seres humanos”.
Lo que está claro es que cada día se habla más de IA, de sus ventajas, perjuicios y dilemas éticos. Tanto que, aparte de “salir constantemente en los informativos”, acaparó 30 sesiones del reciente Foro Económico Mundial de Davos. “Me preocupa la deshumanización –asegura-, pero más el impacto en el empleo, que será grande, aunque su magnitud exacta aún no se sabe. Habrá que monitorizarlo y tratar de que esta herramienta no genere más desigualdad. No sabemos si las otras posibilidades de empleo que propicie lo compensará. En otras revoluciones sí pasó. De hecho, ante el empleo tecnológico acuñado en el siglo XX, al introducirse la automatización, hubo también miedo, pero se compensó con nuevos trabajos. No se dio el impacto negativo temido, sino cambios y las sociedades más industrializadas tienen menos paro. Pero esto ha cambiado ya que, ahora, los puestos amenazados nunca se habían visto en peligro antes, los llamados empleos de cuello blanco, que tienen una componente intelectual, incluida, por supuesto, la administración”.
Según aclara, en esa afección influirán también la protección que se le dé a cada puesto, que son decisiones humanas. “No tengo la solución porque no soy un experto en materia socioeconómica ni digo que nos subamos todos al carro de la IA, pero ya afecta. El impacto cuantitativo, eso sí, aún no genera alarma, pero, por ejemplo, Google ha anunciado miles de despidos para sustituirlos por sistemas de voz. El humano debe tomar la iniciativa y que nunca esté en manos de máquinas”, dijo.
El profesor recalca que ese riesgo, la profecía de Terminator, “existe y, por eso, siempre explico las bases de estos modelos, que algunos funcionan por recompensa y, si se programa para que la tenga solo la propia IA, ya no se atiende al beneficio humano. No obstante, no hay que abordarlo desde el temor, sino como se propuso cuando explota la llamada IA generativa: regulándola con cautela antes de seguir desarrollándola y que vaya en contra del humano”.
Albino no cree que debamos tener miedo, “sino ocuparnos de la IA. El miedo surge porque el desarrollo en los dos últimos años de la generativa se ha aproximado a la IA general, que es capaz de igualar la humana. Aún no estamos ahí, sino en un nivel inferior (IA estrecha), pero nos hace otear ese nivel y todo es incertidumbre. Hay expertos que opinan que, desde ahí, el desarrollo será exponencial y se pasará a la superinteligencia, superior a la humana”.
En este sentido, su temor es que la IA “no sea transparente y explicable. Cuando tome decisiones, debemos saber por qué y qué ocurre dentro, pero, por la compleja estructura de los modelos, no es sencillo al tener miles de millones de parámetros. Cuando un político decide, debe explicarlo, y lo mismo la IA. Imaginemos un coche autónomo que se queda sin frenos: qué decisión toma si cruza un peatón por un semáforo en verde para él, ¿se desvía para evitar atropellarlo pero mata al pasajero o lo contrario? Son elementos de ética que hay que cuidar y que provocan dilemas. No hay que ver la IA como un elemento mágico, sino analizar su tecnología y plantear los problemas y soluciones. La UE ha sido pionera con la nueva ley consensuada (no aprobada), que veo bien encaminada y que define 4 niveles de riesgo. El problema es que se cumpla, pues la IA no es un señor trabajando en un taller al que alguien inspecciona. La puedes desarrollar en Europa y aplicar en Brasil o viceversa. La regulación no solo afecta al que la crea, sino al usuario. Europa puede proponer una ley, pero EEUU otra, Pakistán otra… Es el problema de la globalización de la regulación y su cumplimiento, que es casi incontrolable, como los paraísos fiscales”.
“La IA afectará al 60% del empleo, pero ignoramos si lo compensa lo que genera”
El catedrático de la ULL Juan Albino, que ayer abrió la Universidad de Invierno de Arona, entiende la incertidumbre actual e insiste en que la IA ha de servir para mejorar la vida de los humanos, que nunca deben perder su co





