conversaciones en los limoneros

Verónica Hernández: “El poder adictivo del fentanilo es superior al de la heroína”

Premio nacional a la mejor tesis doctoral en Farmacia Comunitaria Asistencial, la doctora Hernández está considerada como una autoridad en analgésicos opioides
Verónica Hernández García
Verónica Hernández García, premio nacional a la mejor tesis doctoral en Farmacia Comunitaria Asistencial. / Fran Pallero

Considerada como una autoridad en analgésicos opioides, “a pie de calle”, la doctora en Ciencias Médicas y Farmacéuticas, Desarrollo y Calidad de Vida, Verónica Hernández García, no rehúye el contacto diario con el público trabajando e incluso haciendo guardias en una farmacia de Santa Cruz. Su tesis doctoral (calificada con sobresaliente cum laude) “Impacto del seguimiento farmacoterapéutico en usuarios de analgésicos opioides. Identificación de indicadores de riesgo e intervención farmacéutica para la promoción del uso seguro desde la farmacia comunitaria” consiguió el premio nacional a la mejor tesis doctoral en farmacia comunitaria asistencial, concedido por la Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y Comunitaria, el 16 de mayo de este año. Dirigió esta tesis la profesora Carmen Rubio, catedrática de la Universidad de La Laguna, y en ella se pone de relevancia cómo el papel del farmacéutico comunitario contribuye de forma directa en la seguridad del proceso de uso de los analgésicos opioides. La doctora Verónica Hernández, que nació en Santa Cruz de Tenerife en 1981, asombró con su trabajo a la comunidad farmacéutica y participó en un reciente congreso de su especialidad celebrado en Las Palmas. Colabora con el Área de Toxicología, grupo de Investigación de Toxicología Ambiental y Seguridad de los Alimentos de la Universidad de La Laguna.

-Tú eres farmacéutica de pueblo y eso te honra. ¿Es compatible este ejercicio con la investigación?
“Llevo 20 años trabajando como farmacéutica en La Cuesta, donde he visto a su población crecer y cambiar”.

-¿Esto ayuda?
“Las farmacias comunitarias son extraordinarios laboratorios de datos, pues tienen un contacto directo con el paciente, no sólo por la cercanía, sino porque los pacientes acuden a las farmacia una media de tres veces al mes, que son muchas más que las visitas que giran a otros centros sanitarios”.

-Y todo esto permite confeccionar estadísticas.
“Este posicionamiento tiene un valor incalculable a la hora de investigar sobre los fármacos y sobre el uso que los pacientes hacen de ellos. Los resultados de la investigación son rápidamente transferibles al ejercicio profesional diario”.

(Yo estoy realmente obsesionado con las noticias que escucho, sobre todo procedentes de los Estados Unidos, sobre el mal uso del fentanilo, que podría convertir en zombi a la Humanidad. Le pregunto a la doctora Verónica Hernández si los opiáceos podrían transformarnos en eso, en zombis, y si la sociedad está preparada para afrontar el peligro indudable que nos acecha. Y esta es la respuesta).

“Bien, está claro que como sociedad tenemos la preparación para afrontar este y posiblemente cualquier desafío. Ya lo hemos demostrado con la pandemia del covid”.

-Lo del fentanilo me aterra, Verónica.
“Respecto a los opiáceos que se sintetizan, distribuyen y consumen ilegalmente debemos acelerar la detección, comunicación y gestión de sus riesgos y aprender de la crisis de los opiáceos en los Estados Unidos. Los gestores sanitarios y sociales deben despertar y actuar. Es preciso dedicar mayor financiación a predecir los riesgos y ser más creativos en ello”.

-¿Y en Europa?
“Respecto a los analgésicos opioides legales usados en terapéutica, la situación en Europa y, en concreto en España, ofrecen una potente fármaco vigilancia, además de un extraordinario control de la prescripción y dispensación, por lo que no parece previsible que nos enfrentemos al reto que ha tenido que lidiar el sistema norteamericano”.

-Insisto, porque has investigado mucho en este campo. Se trata de un opiáceo derivado de la morfina. ¿Es letal a corto plazo? ¿Es muy adictivo?
“El poder adictivo del fentanilo es muy superior al de la morfina e incluso a otras sustancias como la heroína”.

-Un auténtico veneno para el ser humano, usado sin control.
“Y puede desarrollar cuadros de dependencia en cortos periodos de tiempo. Por ello, el fentanilo que se usa en terapéutica, es decir, el fentanilo legal utilizado para el tratamiento del dolor en algunos pacientes, debe emplearse con precaución, especialmente en las especialidades de liberación rápida. Por suerte, este tipo de presentaciones soporta un control especial en España y sólo está autorizado su uso en el tratamiento del dolor oncológico agudo”.

(Hablamos del carácter vocacional del farmacéutico y me dice que no siempre es así. Pero añade que todos los grandes profesionales del sector sí que lo son y que la calidad de la profesión farmacéutica en España es muy alta y reconocida a nivel internacional. Y habla de la gran profesionalidad de sus compañeros en Canarias, como queda demostrado en los congresos a los que asisten, sobre todo por la calidad de los trabajos presentados).

-Hablemos del sida, por ejemplo. ¿Se han cumplido las expectativas de reducción de la enfermedad con los retrovirales? En nueva York, por ejemplo, se vuelven a llenar los hospitales con enfermos de covid. ¿Se espera algo peor?
“La efectividad de los retrovirales es innegable, las cifras favorables tras los tratamientos están ahí. La mejora de la efectividad y seguridad de estos medicamentos se la debemos a la industria. Los pacientes con VIH viven más y mejor”.

-¿El COVID?
“Estamos ante una nueva fase del covid y es verdad que vuelve a crecer su incidencia, pero tranquilidad: sabemos cómo actuar. Tal y como hemos comprobado a lo largo de la historia, los seres humanos nos hemos expuesto a diferentes pandemias, como en su día lo fue la llamada gripe española; pero siempre hemos salido reforzados. Es decir, los sanitarios y la industria farmacéutica son capaces de adaptarse y de responder a las necesidades de cada momento. Pensamos que la investigación lo soluciona todo, pero no hay que olvidar la promoción de la educación sanitaria en la población. En las situaciones de emergencia cosas tan simples como lavarnos las manos o proteger a otros de nuestra tos pueden resultar esenciales. A covid pasado, ya nadie parece acordarse de aquellos mínimos que aprendimos y que fueron y son tan útiles”.

Verónica Hernández García
Verónica Hernández García, premio nacional a la mejor tesis doctoral en Farmacia Comunitaria Asistencial. / Fran Pallero

-Un tema importante, Verónica. Se ha dicho que algunas vacunas no han sido más que placebos. Y se asocian a las vacunas dolencias posteriores y hasta muertes. ¿Te lo crees?
“Se dicen muchas cosas”.

-¿Y?
“Los sanitarios desmontamos constantemente falsos mitos y creencias. La utilización de vacunas está más que consolidada en salud pública. Su efectividad, incluso para la eliminación de muchas enfermedades, no es cuestionable. Las vacunas, como cualquier fármaco, presentan precauciones de uso, contraindicaciones y reacciones adversas. Por eso, como cualquier medicamento, continúan sobre ellas estudios de post comercialización y de fármaco-vigilancia a largo plazo, para monitorizar su seguridad e introducir mejoras. Yo confío en las vacunas”.

-¿Qué moléculas “en la sombra” empiezan a ser peligrosas?
“Nuestro grupo de investigación lleva años siguiendo el uso y los riesgos de las benzodiacepinas, esos hipnótico sedantes o pastillas para dormir, o los ansiolíticos que se usan para tratar los trastornos del sueño, la ansiedad y otras afecciones que crecen exponencialmente en nuestra desarrollada sociedad”.

-Hay más, ¿no?
“Claro. Con una complejidad muy grande, el uso de analgésicos opioides, tantos los de alta potencia como los de baja potencia como el tramadol, pueden exponernos a algún potencial riesgo. Por eso se están investigando en ellos los indicadores de inseguridad y los perfiles de riesgo. Tenemos que pensar que el fármaco no sólo lleva aparejado un riesgo per se, sino que uno de los grandes problemas de inseguridad está en el uso simultáneo de muchos fármacos con interacciones entre ellos que generan resultados negativos en la salud. Creo que hay que poner el foco en ese perfil de paciente, que usa de manera concomitante muchos fármacos, y poner a esos pacientes una diana de especial atención, tanto desde el entorno farmacéutico como médico”.

(Yo tengo que volver en la entrevista con la doctora Verónica Hernández a los opiáceos. Porque creo que la gente debe estar informada de lo que está ocurriendo en el mundo, que es extremadamente grave: el acceso del público a determinados medicamentos que convertirán a la gente en verdaderos zombis; estoy convencido. Y perdonen la insistencia).

-Si los opiáceos activan el interruptor, ¿se podrá apagar?
“Si la utilización de medicamentos opiáceos se acompaña de seguimiento y manejo de herramientas clínicas (mayoritariamente tests y consultas frecuentes) se detectarán las situaciones de dependencia/adicción y podremos evitar que ese interruptor del que hablas se encienda. No se trata de apagarlo, que también podemos, se trata de no encenderlo. Así lo hicimos durante mis cuatro años de tesis doctoral y lo seguimos haciendo en la farmacia en la que trabajo y ahora también en otras farmacias en las que estamos implementando el protocolo asistencial que hemos diseñado. Hemos transferido nuestra investigación pues creemos que la coordinación entre equipos de salud, farmacéuticos-médicos-enfermeros es crucial para garantizar la seguridad de nuestros pacientes”.

-Hablando contigo se me ha ocurrido plantearte esto. ¿Potencian los efectos de las pandemias las personas medicadas sin control?
“La poli medicación es un problema grave en las sociedades, que se deriva del envejecimiento y de la pluri patología. Y en situaciones de pandemia como la que hemos vivido, muchos pacientes no recibieron la asistencia sanitaria habitual pues se estaban atendiendo situaciones de mayor emergencia”.

-O sea, que cambiaron las prioridades asistenciales.
“Exacto. Muchas patologías menores y otras incluso mayores no fueron diagnosticadas y muchos tratamientos prescritos no fueron reevaluados o monitorizados, manteniéndose activos en los planes de tratamiento. Nuestro equipo apuesta por la deprescripción de algunos tratamientos, como las benzodiacepinas, y por el uso de tratamientos cortos y en sus dosis más bajas necesarias. Apoyamos el papel que el farmacéutico hace sobre la revisión del uso de la medicación”.

-Antes de nuestra conversación, vamos a llamarla formal, has tenido palabras muy bonitas para el titular de la farmacia en la que trabajas. Lo consideras un visionario. ¿Por qué?
“Mira, con toda sinceridad. Mi jefe, Isidoro Souto Bethencourt, además de haberse mantenido en constante formación, cosa que no ocurre siempre en todas las profesiones, siempre ha sido un hombre generoso con su oficina de farmacia, pues se ha puesto a disposición de la ciencia apoyando estudios como el mío. Que un superior, en este caso, como titular de la farmacia, aliente de esta manera a su personal, como ha hecho conmigo, a emprender el camino de la investigación le honra, pues no es lo habitual. Llevar a cabo un proyecto de investigación en una farmacia es arduo, complicado y de alguna manera entorpece la dinámica diaria de la oficina de farmacia. Por lo que, aún a sabiendas de ello, promueva la investigación es algo que aumenta su mérito. Antes me preguntabas, ¿farmacia o investigación? Te diré que tengo el corazón partido. En realidad, yo quiero ser Carmen (Rubio, la directora de su tesis y mentora)”.

-¿Dices de verdad que te sientes libre trabajando en 55 metros cuadrados?
“Si te refieres a mi vivienda, sí. Cuando uno se siente en el lugar donde debe estar le basta con unos metros. La libertad es un bien muy preciado para mí, que no depende de metros cuadrados, depende de desarrollo de capacidades, de honestidad y de responsabilidad con uno mismo y con los que le rodean”.

-A eso le llamo yo personalidad, Verónica. Menos mal que vives mirando al mar. Enhorabuena.

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