Vergüenza y culpa son los sentimientos que más retumban en esa niña o ese niño que apenas llega a comprender lo que sucede. Ser abusado sexualmente por una persona que, supuestamente, debe amarlo o cuidarlo impacta en una infancia que carece de las herramientas necesarias para gestionar tal desdicha. Por lo que el silencio se convierte en un aliado ante un agresor sin escrúpulos que jamás será castigado por marcar, para siempre, una vida.
Los datos son escalofriantes. Según la Organización Mundial de la Salud, uno de cada cinco menores sufre abusos sexuales antes de cumplir los 17 años. Y es que en Europa, Estados Unidos y Canadá, un 20 por ciento de los niños han sido abusados sexualmente. Por su parte, la Fundación ANAR hace un análisis más detallado en su informe ‘Agresión Sexual en Niñas y Adolescentes según su testimonio’, en el que recoge que el 78,7 por ciento de las víctimas son mujeres. Aunque, en el caso de los menores varones es especialmente reseñable cómo la mayoría de las agresiones se sitúa durante los primeros años de vida. En cuanto al perfil del agresor, 8 de cada 10 son personas conocidas por la víctima y, de estos, el 50, 3 por ciento son miembros de su propia familia.
El abuso sexual infantil no es algo exclusivo de familias desestructuradas ni sociedades tercermundistas, sino que también ocurre en Canarias. De hecho, uno de los mayores procesos de pederastia de España tuvo lugar en una academia de artes marciales de Gran Canaria, donde medio centenar de alumnos sufrieron abusos sexuales siendo menores de edad.
Asociación ADDASI
La asociación tinerfeña ADDASI nace en el año 2019 con el objetivo de prevenir el abuso sexual infantil. Una lacra social de la que apenas se habla y, en muy pocas ocasiones, se denuncia. Sin embargo, es ahora, con su nueva presidenta, Ilenia Santana, cuando la entidad toma un nuevo rumbo para su sensibilización porque “de lo que no se habla, no existe”. “Sufrí abusos de pequeña dentro de mi entorno familiar”, ha contado a DIARIO DE AVISOS la fisioterapeuta de profesión, quien admite que, dentro de su proceso personal, es una forma de “romper los silencios” para que la “detección sea lo más temprana posible, evitando así que las secuelas en la víctima sean mayores”.

La juventud de Ilenia estuvo marcada por un estrés postraumático y una disociación que desencadenó en insomnio, pesadillas, consumo de sustancias estupefacientes y hasta intentos de suicidio. “A los 30 años, a raíz de una formación sobre el suelo pélvico de la mujer, volví a revivir el trauma y, desde entonces, el proceso ha sido bastante duro porque soy consciente del daño que me han hecho”. “Todos estos años de silencio han determinado que mi terapia sea tan larga y complicada”, explica la víctima. Los expertos afirman que, en la etapa adulta, la víctima está continuamente condicionada por el episodio de violencia sufrido, dando lugar a una baja autoestima o una tendencia a establecer relaciones tóxicas.
Detección temprana
Por ello, confía plenamente en que la prevención y la detección temprana del abuso sexual infantil es fundamental en este tipo de violencia, sobre todo, en los centros educativos, “donde, desde la asociación, formaremos a los docentes para que puedan identificar un posible caso y ponerlo en manos de profesionales”. ADDASI busca así que, ante la mínima sospecha, la comunidad educativa contacte con las autoridades. “En una ocasión, fue la propia niña abusada la que acudió al baño del colegio y llamó a la Policía Nacional”, agrega.
Al ser preguntada por los indicios de un presunto caso de abuso, Ilenia diferencia dos tipos de comportamientos: “Por un lado, aquellas víctimas que se aíslan, se vuelven introvertidas o no quieren salir al patio de recreo y, por otro, quienes padecen ataques de ira o agreden a otros compañeros”. En lo que la mayoría de las víctimas por abuso sexual coincide es en la caída del rendimiento escolar y la pérdida del control de esfínteres.
Unas fatídicas secuelas que, además, se suman al largo proceso judicial al que se ven sometidas las víctimas con numerosas declaraciones, reviviendo así el abuso de forma continuada y perjudicando la credibilidad del testimonio ante los diversos profesionales a los que se exponen. “En ADDASI abogamos por que se agilicen estos procedimientos porque los menores apenas tienen capacidad de defensa y son constantemente revictimizados”.
Desde la entidad tinerfeña, que conforman también una abogada y una pediatra, insisten en la importancia de “hablar con absoluta libertad” del abuso sexual infantil, sobre todo, ahora, “con el inicio de los campamentos de verano”. Además, Ilenia colabora con terapias grupales en Tenerife destinadas a las víctimas: “Conozco a medio centenar de personas que han sido abusadas sexualmente en la Isla”. En concreto, aquellas que han sido capaces de hacer frente a un estrés postraumático con el que convivirán para siempre. Pero, ¿cuántas víctimas existen realmente?





