sanidad

Demuestran la eficacia de los pulsos electromagnéticos contra el cáncer

Investigadores del Severo Ochoa confirman que la tecnología desarrollada por la empresa tinerfeña Paso Alto “revolucionará los tratamientos actuales” al atacar funciones críticas de las células tumorales
Demuestran la eficacia de los pulsos electromagnéticos contra el cáncer
Microscopía óptica de células tumorales con el citoesqueleto de actina en rojo y los núcleos celulares en azul; a la derecha se muestra el colapso del citoesqueleto. Y. Revilla y J. Almendral CMB-CSIC

Un grupo de investigadores liderados por el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CBM-CSIC) ha demostrado la eficacia de los pulsos electromagnéticos multifrecuencia (MEMP) no ionizantes contra las células cancerosas, pues el tratamiento logra suprimir su capacidad tumoral. La nueva tecnología no invasiva ha sido desarrollada por la firma tinerfeña Paso Alto Biophysics & Biomedical Engineering.

El estudio publicado en Scientific Reports ha demostrado que estos equipos MEMP, que emiten pulsos electromagnéticos multifrecuencia intensos y controlados, atacan funciones críticas de las células cancerosas sin dañar las células normales, mostrando su “potencial como herramienta terapéutica” en el campo de la oncología, que podría “revolucionar los tratamientos actuales” y su capacidad de “mejorar significativamente la calidad de vida” de los pacientes de cáncer.

Los MEMP son capaces de “alterar las propiedades bioeléctricas y el citoesqueleto de actina de las células malignas”, discriminando entre células normales y cancerosas, en base a la mayor actividad metabólica de estas últimas. “Las células cancerosas presentan un entorno bioeléctrico disfuncional que las hace más sensibles a los estímulos electromagnéticos”, señalan los investigadores Yolanda Revilla, Roberta Piredda, Jose María Almendral y Konstantinos Stamatakis, del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBM-CSIC) y la Universidad Autónoma de Madrid, que lideraron este proyecto en colaboración con Luis G.

Rodríguez Martínez (CEO y director de investigación de Paso Alto Group Inc, y la Universidad de Sancti Spíritus) y Alejandro López Ferráz (del departamento de Medicina Física y Farmacología de la Universidad de La Laguna).

Este equipo investigador ha probado los MEMP en una amplia gama de células de mamífero en cultivo, clasificadas en tres niveles según su tumorigenicidad, resaltando que el tratamiento inhibe la viabilidad de “las células altamente tumorigénicas -cancerígenas malignas- mostraron una gran sensibilidad”, mientras que las de menor tumorigenicidad presentaron una respuesta parcial, y “las células sanas no se vieron afectadas y resultaron totalmente resistentes”. Además “inhibió la capacidad clonogénica (formación de colonias) de las células malignas, pero no la de las poco tumorigénicas.

Los experimentos han sido llevados a cabo en células de adenocarcinoma de colon humano trasplantadas en ratones inmuno-competentes, todas ellas marcadas con el gen de la luciferasa, para monitorizar su actividad tumoral mediante bioluminiscencia, y fueron tratadas (durante 2,5 minutos y 5 minutos) antes del trasplante subcutáneo, logrando un “resultado sorprendente, pues la capacidad tumoral fue completamente suprimida” a pesar de mantener inicialmente su actividad metabólica, que acabó desapareciendo dos semanas después.

Esta eficacia se explica por la capacidad de los MEMP para “alterar procesos bioeléctricos y metabólicos esenciales” para la viabilidad de las células cancerosas, que son “particularmente sensibles” a los pulsos electromagnéticos debido a su entorno bioeléctrico disfuncional y una actividad metabólica más elevada que las normales.

En este estudio, la emisión sostenida de pulsos electromagnéticos multifrecuencia (MEMP) no ionizantes, intensos y controlados en el tiempo han desregulado el ciclo celular, provocando un aumento en la fase G2 en células altamente tumorigénicas como las de glioblastoma y cáncer de colon, y a inducir un colapso abrupto del citoesqueleto de actina, una estructura macromolecular clave que actúa como “bio-nanocable” para la propagación de señales iónicas y eléctricas, fundamentales en los procesos de señalización y transporte intracelular.

El equipo creado por la empresa tinerfeña discriminó la carga electronegativa global de los cultivos celulares, haciéndolas especialmente vulnerables a la emisión posterior de estímulos electromagnéticos de los MEMP, por tanto, siendo más letal para las células cancerosas con una actividad metabólica generalmente alta.