Mientras la migración sigue siendo utilizada como arma partidista por parte de determinadas formaciones políticas, la llamada ruta atlántica (una de las más mortíferas del planeta, como reconoce hasta Naciones Unidas) continúa dando evidentes síntomas de su tendencia alcista en el arranque de este año, pese a que en el anterior se superaron todo tipo de registros conocidos desde que, en 1994, se fechó su inicio con la llegada a Fuerteventura de una patera con dos personas a bordo.
La mejor prueba de ello es que, en las apenas 72 horas transcurridas desde la pasada Nochevieja hasta ayer, los supervivientes en esta vía de migración marítima utilizada por desheredados de la fortuna que pretenden hacer escala en Canarias antes de lograr su objetivo real, que es alcanzar el continente europeo, ya suman un total de 657 personas.
Para hacerse una idea de lo abultado de esa cifra -que implica una media de 219 personas al día- sirva como referente que, en 2024, dicho parámetro se situó en hasta 128 los seres humanos que cada jornada llegaron en barquillas al Archipiélago.
Por si fuera poco, y en correspondencia con su merecida fama de haber convertido las aguas de las Islas en una suerte de fosa común, la ruta atlántica ya ha empezado en este 2025 a cobrarse su macabro peaje con el fallecimiento de dos personas, una de ellas un chico de 15 años de edad, cuyos cadáveres aparecieron el pasado jueves en Las Galletas (en el término municipal de Arona) en el interior de un cayuco que logró alcanzar dicho punto del litoral tinerfeño por sus propios medios.
Abrumador
Otra de las tendencias indudables por lo que se refiere a la migración irregular marítima con destino a España sigue plenamente en vigor en este comienzo de 2025, al continuar siendo Canarias la comunidad autónoma que, de forma abrumadora, se mantiene como la principal perjudicada por esta crisis humanitaria, dado que, de los 797 migrantes llegados al país desde el 1 de enero, los referidos 657 lo hicieron a través de las Islas, mientras que otros 98 arribaron a Baleares y los 42 restantes, a Murcia, según un recuento elaborado ayer por Europa Press.
Un dato clave para saber más de los ejes sobre los que tiene lugar este fenómeno migratorio es que, hasta 2017, la llegada de cayucos, pateras y lanchas neumáticas a Canarias era prácticamente residual, mientras en el resto del territorio español no dejaba de aumentar.
Seguramente, el momento clave acaeció en agosto de 2019, cuando la tendencia se invirtió y este Archipiélago pasó a ser el destino principal de las mafias que trafican son seres humanos en esta parte del planeta.
No en balde, el Ministerio del Interior confirmó el pasado jueves, en sus estadísticas oficiales, que en 2024 llegaron a las costas españolas de esta forma 63.970 personas, lo que supone un incremento del 12,5% más que el año anterior, cuando arribaron 56.852. Actualmente, el récord de llegadas de migrantes por mar se sitúa en el año 2018, con 64.298, 328 menos que en 2024, siendo así 2024 el año en el que han arribado más personas de esta manera de los últimos cinco años.
Plusmarcas
Pero este balance aclara cualquier duda sobre las tendencias cuando se tiene en cuenta que el año pasado fue el peor en la historia de la ruta atlántica, por cuanto Canarias recibió a los referidos 46.843 migrantes, superando incluso a 2023 -donde fueron 39.910 los supervivientes- y dejando en el olvido el dramático 2006, año cúspide de lo que se denominó a esta tragedia como crisis de los cayucos tras la llegada de 31.678 personas por esta vía.
A tenor de estos datos, el director general de CEAR, Mauricio Valiente, sostuvo ayer, en declaraciones a Europa Press, que este número de llegadas a las costas españolas tiene que ver con el incremento de la cifra de personas refugiadas en el mundo y, en concreto, en el continente africano. A su juicio, sería “difícil” que aumente el número de personas refugiadas en el mundo y ello no tenga reflejo en España.





