inmigración

SOS de los del SOS

En plena polémica por una distribución equilibrada y justa de los menores migrantes ante la insolidaridad de demasiadas regiones, los trabajadores de Salvamento Marítimo reclaman unas mejores condiciones laborales ante una labor que marca y pasa factura
Llega un cayuco con 43 hombres a bordo al sur de Tenerife

La mayoría se dedica a esto por vocación, por impulso humanitario y empatía para ayudar, pero igual de humano es verse superado y, por eso, los trabajadores de Salvamento Marítimo llevan semanas (en realidad, años) movilizándose y exigiendo mejores condiciones laborales ante jornadas de hasta 28 días seguidos que, en Canarias y debido al fenómeno migratorio, se hacen más duras por la intensidad, las horas casi sin parar y el peso de toparse con muertes, bebés, niños, embarazadas y adultos desesperados tras larguísimas travesías sólo para salvarse. Precisamente eso, salvarse del hambre, de guerras, de persecuciones, de la ausencia total de esperanza en sus países y en busca de oportunidades en la rica Europa que, pese a todo y en el fondo, tanto molesta a visiones como la de los Trump y sus tropas. Es el SOS de los del SOS.


Una llamada de auxilio que han elevado, incluso, a los despachos de ministerios como el de Trabajo, donde han sido recibidos por la vicepresidenta Yolanda Díaz, que no sólo se ha mostrado receptiva a sus reivindicaciones, sino que ha anunciado una visita a las Islas para conocer in situ la labor que despliegan y las dificultades materiales, los duros horarios y sempiternas jornadas seguidas, así como los efectos psicológicos de no saber cuántos muertos llegarán en el próximo cayuco, cuántas personas habrán tenido que tirar por la borda (muchas veces, sus propios familiares: hijos, hijas, hermanos, padres…), cuántos sufren hipotermia y pueden fallecer en poco tiempo, si vuelcan al verlos de la alegría que les da y los movimientos en embarcaciones colmatadas de desgracias pasadas y esperanzas futuras, mientras algunos hacen cálculos sobre si aceptan a siete u ocho menores más o menos en sus comunidades…


Marcos Díaz fue uno de los representantes de estos trabajadores que se reunió con la ministra. En declaraciones a DIARIO DE AVISOS, reconoce que fueron recibidos “con muy buenas palabras y ahora esperamos que se traduzca en acciones”. Según señala, les han emplazado a una reunión con la dirección general del Trabajo y, además, piden una cita con el ministro de Transporte y Movilidad Sostenible, Óscar Puente. “Ellos comparten -explica- nuestra visión de la gestión que está haciendo la dirección general Marina Mercante; es decir, su poco interés y falta de iniciativa para solucionar los problemas que sufrimos como flota de salvamento o en otros ámbitos a escala nacional. Le entregamos a Díaz un dossier de las grandes carencias y de nuestras reivindicaciones desde hace años, especialmente de las jornadas maratonianas que hacemos de servicios, pues podemos encadenar 6 seguidos, con 25, 30 y hasta 35 horas continuas sin parar e incumpliéndose los días de descanso”.


Aunque reconoce esa buena recepción por parte de Yolanda Díaz, también recalca que se muestran “un poco cansados de palabras de políticos que, al final, no se traducen en nada, por experiencias de otras veces. Damos un voto de confianza, por ahora, y esperamos llegar a nuestros objetivos y que visite a nuestras unidades en Canarias para que sepa cómo se está viviendo todo lo relativo a migración en una actividad que desenvolvemos en un medio que es bastante hostil: el mar”.

ESTRÉS, CANSANCIO FÍSICO Y MENTAL


El sindicalista gallego remarca que no sólo denuncian su “cansancio físico, sino el estrés y el cansancio mental que supone el tipo de servicios que prestamos en Canarias con la migración, pues depende del día, de la climatología y de circunstancias como las que se dieron hace unos meses en El Hierro, cuando un cayuco volcó con unas 50 personas que desaparecieron. Esto, al final, te pasa factura. Es algo inevitable. Es cierto que tenemos que ponernos una coraza para hacer estos servicios, ya que, de lo contrario, sería imposible resistir todo lo que vivimos a diario, pero pasa factura porque se trata de personas que pierden la vida, niños, mujeres… Hace poco, por ejemplo, tuvimos un parto de una mujer que había parido tres minutos antes de que llegásemos al cayuco. En este caso, y por lo que me relataron mis compañeros, fue una experiencia muy bonita, pero son las menos, pues luchamos a diario y vemos cada día fallecidos o las duras condiciones en las que llegan a Canarias, tras 15 o 16 días de navegación, con hipotermias, sin haber comido ni bebido nada durante días. Se trata de situaciones muy complicadas, y no se da una sola, sino que se producen a diario, Por ejemplo, hace unas semanas, en El Hierro, se pusieron nerviosos al llegar a asistirlos, el cayuco se llenó de agua y, en tres minutos, los compañeros de la salvamar Adhara se vieron con 45 personas en el agua de noche. Algo muy complicado que origina un estrés brutal, y más con estas jornadas marotonianas, por lo que resulta muy comprensible que colapsen y tengan que coger la baja “.


Aunque Marcos Díaz habla abiertamente por su condición de representante sindical, en el colectivo de Salvamento Marítimo no suele estar bien visto que algunos miembros tomen protagonismo por su trabajo y salgan en los medios comentando experiencias o reivindicando medidas, más allá de los comités de empresas y sindicatos, y más con la situación de la migración. Pero sí que muchos hablan con la condición de no desvelar sus nombres.


Es el caso, por ejemplo, de un integrante que, en octubre de 2024 en El Hierro y este jueves, detalló a DIARIO DE AVISOS algunas de sus vivencias en su ya dilatada trayectoria en esta labor, en la que seguirá y que nunca se ha planteado dejar “porque, al fin y al cabo, es mi trabajo y lo que hago desde hace mucho”. Una persona que apoya todas las peticiones del colectivo y que, eso sí, deja claro su malestar por el hecho de que, dada la actualidad del fenómeno migratorio, “haya quien piense que sólo nos dedicamos a salvar a migrantes, cuando no es cierto y en cualquier momento salimos a salvar a alguien de aquí en el mar”.

“Es duro, pero se compensa cuando te dan las gracias por salvarles”

El miembro de Salvamento Marítimo que prefiere el anonimato, pero detalla sus experiencias a este periódico, recalca que jamás se le ha pasado la cabeza dedicarse a otra cosa porque, “aunque lo pasas mal y se dan momentos muy duros con los migrantes muertos o cuando compruebas los riesgos con las embarcaciones, todo se ve compensado cuando te abrazan y te dan las gracias por salvarlos, tanto grandes como pequeños, si bien, sobre todo, los niños subsaharianos, que te dicen ‘Gracias, España’. Y ese agradecimiento profundo y sentido lo notas, lo sientes en sus ojos”.


De sus múltiples y duras experiencias, recuerda, sobre todo, lo vivido el pasado diciembre en Lanzarote cuando, aunque consiguieron rescatar a la cuarentena de personas que venían desde Marruecos en una zodiac, murieron tres, “uno justo después del rescate por sufrir hipotermia”. Según relata, casi no consiguen elevar a algunos con una soga (aún en aguas alauitas) y “fue un momento muy duro”. Y lo mismo cuando, en El Hierro, participó en el rescate de “un cayuco que llevaba 17 días en el mar y en el que viajaban siete bebés de meses que, de haber pasado un día más, seguro que hubiesen muerto”. Según explica, cuando ven una embarcación de salvamento, los migrantes se ponen eufóricos, “pero es el momento más peligroso porque se mueven y el cayuco puede zozobrar, aunque, por suerte, aún no se me ha volcado ninguno”.
¿Y su entorno, cómo vive su trabajo? “Hay de todo. Personas que te apoyan y gente que no lo entiende”. ¿Racismo? “Más que racismo, lo que sí noto son críticas por situaciones como que, en un centro de salud, de repente, se tengan que ir los médicos y demás a atender a un cayuco y los usuarios deben esperar, lo que molesta mucho a algunos”. Por eso, y para evitar que se alimenten ciertos discursos xenófobos, cree que ha de ampliarse el personal y los servicios “de manera que todo esté cubierto, pues se puede”.