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Cinco personas con síndrome de Down conviven como una familia en Tenerife

Santi, Javi, Julio, David y Dani, con distinta autonomía, comparten residencia donde realizan las actividades diarias con supervisión
Cinco personas con síndrome de Down conviven como una familia en Tenerife. Fotos: Fran Pallero

En pleno centro de La Laguna, como si fuera un piso más de estudiantes universitarios, cinco jóvenes de entre 25 y 35 años con síndrome de Down comparten alojamiento.

El Hogar Funcional de la Asociación Down Tenerife ofrece alojamiento y convivencia a esos usuarios, bajo atención integral con supervisión y apoyo en la realización de las actividades básicas de la vida diaria y de una vivienda normalizada, fomentando su autonomía personal, la autogestión y las relaciones interpersonales, así como su integración en la vida social de la comunidad.

Esta vivienda tiene una capacidad para seis usuarios con síndrome de Down. Santi, Javi, Julio, David y Dani, tienen de entre 25 y 40 años y con unos perfiles personales y autonomía que requieren de apoyos intermitentes, están supervisados por cinco o seis educadores. Además el recurso cuenta con una cocinera que supervisa también la limpieza.

María Ribot, educadora de Down Tenerife, señala que “la intención es que vayan ganando destrezas e independencia”, con el objetivo de que en un futuro alguno de ellos pueda tener una “autonomía para vivir por su cuenta”. Recuerda que “Este es el único piso o vivienda normalizada para chicos con síndrome de Down, no solo en Tenerife sino en Canarias. Cuando se tienen que ir ya no hay recursos para ellos, tienen que irse a una residencia, pero allí no encajan, tienen 50 años que sería mayor para una persona con Down, pero no se considera mayor en los estándares habituales”.

Todos los días los cinco residentes se levantan por la mañana y de forma autónoma hacen las tareas. “Siempre hay personal para apoyarlos y ayudarlos, pero se intenta que ellos hagan su cama, se aseen, se hagan sus desayunos y luego cada uno tiene sus actividades individualizadas”.

Tienen perfiles diferentes, “hay chicos más autónomos que hacen una vida casi normal, cogen su guagua y van a estudiar o trabajar”, y otros necesitan algo más de supervisión o ayuda. Tres usuarios que van al centro de día de la Asociación, donde hacen sus actividades, talleres o trabajos, mientras que Dani está estudiando una oposición y David acude a otro recurso.

Cuando regresan al piso preparan la mesa, comen y realizan diversas actividades de una vida independiente. En la vivienda, según el día, a uno le toca limpiar la mesa, barrer o poner la lavadora. Por la tarde, acuden a actividades en el centro o externas, actividades deportivas (baloncesto o garrote adaptado), talleres de música o pintura. Además, según el día, realizan actividades conjuntas, así salen a hacer la compra, a tomarse un cortado, o acuden a celebraciones como cumpleaños, eventos especiales, salen a comer o los invitan a alguna actividad. Los fines de semana, hay más actividades de ocio, y suelen acudir a actividades deportivas, musicales, culturales.

Meri Perdigón, se encarga de la cocina y además de la limpieza, señala que “esta es su casa y un hogar para ellos. Recogen sus platos, los lavan, ponen el lavavajillas, ponen la lavadora, tienden y recogen la ropa, hacen sus camas, recogen su cuarto y las zonas comunes”. Como todos, “algunos tienen más iniciativa y otros son más perezosos” para hacer sus cosas. “Convivir en un piso supone que tienen que realizar actividades cotidianas como su cama, limpiar su cuarto, recoger la ropa… y lo hacen como cualquier chico de su edad en un piso compartido”. “Yo también soy madre, pero no se dan cuenta que al protegerlos demasiado pueden estar limitando su autonomía futura”, reconoce.

Santi, Javi, Julio, David y Dani, generalmente se llevan muy bien, con algún roce leve por la convivencia. “Cuando hay pocos en el piso suelen preguntar ¿Por qué no están?¿Qué pasa?, incluso los buscan en su cuartos o por la casa. Se extrañan un montón, son como una familia y tienen una vida familiar”.

Santi es el más activo en las labores de la casa y le gusta ayudar. Es el más gracioso del grupo y tiene facilidad para hacer amigos. Le gusta la música, y es habitual oírle tararear canciones de Raphael, Ni un Pelo de Tonto o Pepe Benavente. La cocina es una pasión. No hace falta que le digan nada, va a la cocina, se pone su delantal y ayuda.

Por su parte Javi suele estar tranquilo en el sillón. También le gusta ir a la mesa de escritorio, encender el ordenador y ponerse a buscar dibujos, si alguno le gusta lo imprime para luego colorearlo. Por la tarde, la música es su pasión, acude varias veces a la semana a un taller de percusión, donde toca las congas.

Julio, es un apasionado del mundo animal y le gustan los perros. Además le encanta caminar, le gustan muchos deportes y practica baloncesto y lucha del garrote, donde está federado. También le gusta cantar, puede estar horas encerrado en su cuarto cantando. Fue el último en entrar al piso y las primeras semanas le costo adaptarse.