Hay héroes que sustituyen la capa por una placa y Pedro García es uno de ellos. Después de 39 años vinculado al cuerpo de la Policía Local de Santa Cruz de Tenerife, este agente municipal realizaba el pasado 28 de febrero su último servicio, previo a la jubilación. Cuando acabó su turno en el Grupo de Asistencia para la Mujer (Gramu), decidió apuntarse al refuerzo extraordinario de seguridad con motivo de la celebración de la cabalgata anunciadora del Carnaval chicharrero, pero lo que no imaginaba es que, junto a su compañero, acabarían salvando la vida a una mujer de 35 años, y madre de tres hijos, que pretendía quitarse la vida desde el puente de las Asuncionistas, en el barranco de Santos.
“Ese día hice mi servicio normal de paisano, en protección de víctimas, y por la tarde fui de uniforme a cubrir la cabalgata. Mientras esperábamos a que empezara el desfile vimos a una mujer subida sobre el muro del puente. Al principio pensamos que buscaba a un niño o alguna persona, porque estaba nerviosa y miraba para todos los lados. Pero otra señora vino a avisarnos de que la chica estaba llorando y decía que se iba a tirar por el puente”, relata García.
Ante este situación, el agente le dijo a su compañero que se acercara despacio mientras él la bordeaba por el otro lado. “Me acerqué por la Rambla, entre las plantas, mientras el otro policía hablaba con ella. La mujer solo decía que se iba a lanzar, que estaba cansada de la vida. Fue un momento crítico, porque te pasan muchas ideas por la cabeza para intentar salvar a la persona sin que ello cause el efecto contrario. Si la agarras con fuerza puedes empujarla o te arrastra al vacío. Entonces decidí sujetarla por las piernas con fuerza y atraerla hacia mí. Así fue como logramos bajarla y evitar lo que parecía inevitable”, comenta.
No es la primera situación de este tipo a la que se ha enfrentado Pedro García en sus casi 40 años como policía local, cuerpo en el que comenzó con tan solo 19 años de edad. “Empecé buscando estabilidad laboral y económica, pero al poco tiempo se convirtió en vocación, hasta el punto que si volviera a nacer elegiría ser policía”, afirma con una sonrisa. “Siempre les digo a mis compañeros que soy de esos afortunados que venían a trabajar con ganas y, prueba de ello, es que en este tiempo he pasado por casi todos los servicios policiales, desde Tráfico, a Seguridad Ciudadana, Playa, Sala de Comunicación, Atestados, coordinador en la sala operativa del 112 para policías locales de la provincia, en el servicio de Protección del Entorno Urbano (Proteu), y finalmente en el Gramu”, recuerda.
“Lo más importante de esta profesión es ser proactivo, además de rápido y eficaz. Por ello es clave la formación continua en materia penal, pues casi todos los días hay reformas y nuevas legislaciones y nosotros tenemos que trabajar acordes a la ley. Por otro lado, en los últimos tres años he dado clase en materia de buenas prácticas para la primera intervención en casos de violencia de género, por lo que mi intención es seguir formando a miembros de las Fuerzas de Seguridad al respecto, en colaboración con el Instituto Canario de Igualdad”, añade García.
El agente detalla que “en el Gramu de lo que nos encargamos es de proteger y hacer seguimiento, a veces hasta 24 horas del día, a toda mujer que presente una denuncia por violencia de género, independientemente del riesgo, hasta que se capture al agresor o se tomen medidas judiciales. Es un trabajo que requiere de vigilancia pero, sobre todo, de sensibilidad”.
Sensibilidad
No obstante, en su dilatada trayectoria profesional, García rememora otras situaciones que han quedado grabadas en su memoria. “Recuerdo el caso de un niño en San Andrés que había salido con la bicicleta por el barranco. Se cayó y se dio un golpe en la cabeza, con la mala fortuna de que su cuerpo quedó sobre un charco y murió ahogado. Son situaciones que te afectan, ya no como policía sino como ser humano, a pesar de que nos preparamos para afrontar casos así”.
Otro hecho que le marcó ocurrió durante su intervención en un incendio en la capital, donde al rescatar a varias personas del interior de una vivienda inhaló tanto humo que quedó inconsciente y sufrió una parada cardíaca que le llevó a estar más de diez días ingresado en la UVI. “Son situaciones que ocurren en este trabajo, donde al final vas a salvar o a ayudar a alguien pero no te percatas de que también puedes perder la vida”, indica el agente.
Aunque, en el lado más amable, también recuerda cuando fue escolta policial de Michael Jackson, aquel septiembre de 1993 en el que el Rey del Pop actuó en la capital tinerfeña ante más de 50.000 personas, además de la asistencia a varios partos en plena calle.
“En especial hubo uno que me marcó, casi al principio de mi carrera. En ese tiempo era motorista de la Policía y tuvimos que atender a una mujer que se había puesto de parto dentro de un coche. Me acerqué con la moto hasta la calle San Lucas, a Cruz Roja, para avisar a una ambulancia, pero no estaba el conductor en ese momento. Así que sin pensarlo me monté en el vehículo sanitario y llevé yo la ambulancia hasta el lugar”, subraya.
Más de media vida de vivencias que Pedro García ha ido recopilando en su trayectoria como policía local, hasta que el pasado miércoles acudió por última vez a la Comisaría para hacer entrega de su placa y despedirse de sus hasta ahora compañeros. “Me jubilo con 59 años, seis antes de la edad obligatoria, porque un decreto así lo permite para los que nos dedicamos a esta profesión. Lo hago con el corazón repleto de felicidad. Mi familia está orgullosa porque sabe que siempre he estado y, quiero estar, al pie del cañón”, apunta.
Entre los retos de su nueva vida como civil anuncia que seguirá con los estudios de Derecho y Criminología. “Me apuntaré a cursos para mayores de 55 años en la Universidad y, como me encanta viajar, lo iré compaginando. Voy a dedicarme a vivir y, además, a aprender a tocar el violín, pues me regalaron uno hace años y por falta de tiempo nunca pude ir a clase. Ahora hay que hacer cosas pendientes”.





