En Argana Alta, un barrio de Lanzarote caracterizado por su marcada diversidad, un lugar tan castigado por el abandono institucional como rebosante de vida y culturas, nació uno de los nombres que están redefiniendo la moda urbana española: Jesús Diaz.
A sus 25 años, este diseñador conejero ha logrado vestir a artistas como Cruz Cafuné, Saiko, Lucho RK, Maikel de la Calle, entre otros, con prendas que cuentan una historia: la suya y la de todo un colectivo. “Queremos crear una cultura, más que un negocio. Que se sienta desde el primer contacto con nuestro movimiento”, afirma.
Su proyecto se llama Diazz Ricamo. Con sede en las Islas, esta empresa ha germinado desde hace más de un lustro la semilla del famoso high-end en Canarias.
Muchos la conocen por su llamativo color púrpura, el cual usan como un conductor entre el pasado y presente de las Islas Canarias. “Transmitía misticismo. No era tanto una cuestión de dinero, sino de simbolismo: tener cualquier tejido teñido en púrpura antes significaba que estabas conectado a las altas esferas”, explica.
Tinte con epicentro en Lanzarote
Desde el siglo XV, Lanzarote fue epicentro de la producción de tintes naturales: la orchilla, un liquen que se transformaba en tonos rosados y púrpuras; y la cochinilla, insecto cultivado en cactus que producía un carmín intenso. Durante siglos, estas materias tintóreas se exportaron como bienes de lujo por el mundo desde la isla más oriental del Archipiélago.
Diazz no funciona como una marca tradicional. “Lo nuestro es un círculo, una especie de colectivo cultural”, cuenta. Todos los miembros del equipo, desde camarógrafos y modelos hasta editores y colaboradores, son del mismo barrio, al igual que el taller de la marca, que también está ubicado en Argana Alta. “Me he criado entre guineanos, haitianos, polacos… En Canarias, cada uno somos de nuestra madre”.
“Piezas de alta gama fabricadas desde un ghetto”
El reconocimiento llegó de forma orgánica. Primero fueron artistas locales como Cruz Cafuné o Maikel de La Calle. Gracias a ese primer impulso y desde entonces, figuras de todo el panorama musical urbano español han apostado por ellos; comprando o modelando alguna de sus prendas. “Tengo claro que si algún día cambiamos la mentalidad y dejamos de trabajar tal cual lo hacemos ahora, habremos perdido el alma”.
Advierte sobre la fragilidad del ecosistema creativo que se ha creado en las Islas. Las limitaciones históricas, aún se mantienen: “En la mayoría de ámbitos artísticos, tienes que triunfar antes fuera, para después hacerlo en tu zona. Nadie predica en su tierra”.
“Somos la PR de Europa“
“Somos a Europa lo que Puerto Rico al mundo”, afirma, adentrándose en el terreno artístico. En esa comparación se encierra su ambición: construir una escena insular, autosuficiente y con identidad. “Los pibes que ahora están llenando estadios, hace dos años no habían tenido antes esas oportunidades. El talento muchas veces está en la calle y lo único que necesitamos es darle visibilidad”, afirma.
Diaz describe la escena como “imparable y unida”. “Somos distintos, y te lo explico con un claro ejemplo: el canario si llena un estadio, lleva a todos sus amigos con él. Somos así”. Lo describe con un: “Si es el cumpleaños de mi hermano, también es el mío”.
Un legado textil
Más allá del presente, Diaz y su equipo piensan en el futuro de su marca y el legado que quieren construir. “Uno sabe que lo ha conseguido cuando le falsifican la ropa o que la gente especula con sus prendas en un futuro”, dice, nombrando dos conceptos que constatan la consagración de una firma de moda.
DIARIO DE AVISOS conversa con un cliente asiduo para entender qué lo llevó a incorporar prendas de esta marca a su vestuario: “la cercanía y la sensación de estar contribuyendo a algo”, explica. “Cuando compras en grandes cadenas como Inditex, todo se siente lejano. En cambio, esta marca es de aquí, y eso me hace sentir parte del proyecto”.
En ese sentido, Díaz explora el futuro de su marca. “Para nosotros, un armario es un museo. Queremos que los que apostaron desde el principio en nosotros puedan obtener un retorno por haber confiado en un significado y una obra, pero a su vez, que ese sentimiento les impida venderla”, afirma.















