sanidad

Los casos de cáncer de piel aumentan el 40% en Canarias en el último lustro

Los expertos piden extremar el cuidado a la exposición solar durante todo el año. La Aemet advierte sobre el elevado riesgo de la radiación ultravioleta en las Islas, con el índice más alto del país

Si el nivel de alerta para avisar a la población canaria sobre el riesgo de padecer cáncer de piel se fijara con un semáforo, como ocurre con las erupciones volcánicas, permanecería encendido en rojo todo el verano para advertir de que durante el período estival la radiación incide más perpendicularmente sobre la Tierra, algo que sucede justo en la época del año en la que se celebran más actividades al aire libre, por las vacaciones, y, por tanto, cuando más se expone la piel al sol. En ese contexto, la Aemet confirma semana tras semana que Canarias es la región de España con los índices más altos de radiación ultravioleta, lo que le ha llevado a emitir avisos por “riesgo extremo”.


Las últimas estadísticas de la Gerencia de Atención Primaria en Tenerife corroboran la preocupación de meteorólogos y dermatólogos, que cada vez atienden más casos en las consultas por algún tipo de cáncer de piel, una patología que ha aumentado en Canarias un 40% en el último lustro y que supone casi el 10% del total de tumores diagnosticados.


Los carcinomas basocelular y escamoso, que se suelen resolver con el tratamiento, y el melanoma, menos frecuente, son los diagnósticos más comunes. Este último es el más peligroso por su capacidad de provocar metástasis, aunque, si se diagnostica en fases iniciales, las probabilidades de curación son superiores al 90%.


Como en la mayoría de los tumores, la extirpación quirúrgica de las lesiones es el principal método terapéutico, aunque, como ocurre con otros campos de la medicina, la dermatología oncológica no deja de avanzar y de incorporar tratamientos innovadores, como la inmunoterapia o las terapias dirigidas.


Los expertos insisten en que el diagnóstico precoz es clave y ahí entra en juego la autoexploración, al menos un par de veces al año. Como subraya la doctora Sara Dorta Alom, se deben consultar las lesiones de nueva aparición que resulten extrañas o se comporten de forma distinta al resto de lunares. Especialmente, los de color negro, rojizo, de colores múltiples, los que crezcan más rápido que el resto o que cambien de forma. También aquellas lesiones con tendencia a sangrar o formar costra reiteradamente o que causen dolor.


Las autoridades sanitarias insisten en que el daño solar es acumulativo -a la conocida frase de “la piel tiene memoria” habría que añadirle “y es rencorosa”- y que la exposición excesiva y las quemaduras durante la niñez o la adolescencia aumentan el riesgo de algunos de estos tipos de cáncer de piel años después e incluso décadas.


Afortunadamente, la cultura preventiva actual no tiene nada que ver con las temeridades que se veían en las playas y piscinas en los años 80 y 90, cuando muchos bañistas buscaban el moreno exprés con aceites bronceadores, una imprudencia impensable en los tiempos actuales y que a muchos de aquellos jóvenes les ha costado, años después, muy caro.


Para prevenir el cáncer de piel, los especialistas recomiendan “cuidar al máximo” las exposiciones solares y evitar los horarios de mayor radiación (en verano, entre las 11.00 y las 17.00 horas), sobre todo en niños, mayores y en personas con la piel y ojos claros.


Además, se deben usar prendas protectoras (gorras o sombreros, ropa que cubra brazos y piernas, y gafas de sol homologadas) y utilizar una crema de protección solar alta (factor 50 como mínimo), que debe renovarse cada dos horas. Los protectores solares caducan de un año a otro, avisan los expertos.


El Plan de Actuaciones Preventivas por Radiación Ultravioleta del Gobierno de Canarias subraya que protegerse del sol es una responsabilidad que se debe mantener no solo en verano ni solamente en la playa, sino todo el año y en cualquier lugar de las Islas -en las zonas altas el riesgo es mayor- y también durante los días nublados, ya que los rayos solares se filtran igualmente a través de las nubes, aunque la sensación de calor pueda ser menor. Tras un mes de verano y en plena canícula, el semáforo del riesgo solar sigue en rojo, el mismo color que hay que evitar en la piel.